La hora de la defensa común hispana

Hablar de cooperación militar entre España y los países hispanoamericanos parecía, hasta hace poco, una idea descabellada. Sin embargo, el deterioro del equilibrio internacional y las dudas crecientes sobre la capacidad futura de la OTAN para sostener el orden occidental han empezado a cambiar esa idea de lo imposible. Estados Unidos concentra cada vez más su atención en Asia, Europa continúa dependiendo militarmente de Washington y el mundo avanza hacia una etapa en la que las alianzas regionales volverán a ser necesarias.
En ese contexto reforzar los lazos militares entre España y las naciones hispanohablantes deja de ser una fantasía geopolítica para convertirse en una posibilidad estratégica que merece ser estudiada.
No se trataría de crear un ejército común ni de recuperar viejas aspiraciones imperialistas. La cuestión es mucho más pragmática y pasa por la cooperación en inteligencia, ciberseguridad, industria de defensa, formación militar, control marítimo y lucha contra amenazas compartidas como el narcotráfico o el crimen organizado transnacional. Porque el problema del mundo hispano no es la falta de importancia, sino la falta de entendimiento.
Hispanoamérica representa uno de los mayores espacios culturales del planeta, pero permanece fragmentada mientras otras regiones fortalecen sus alianzas defensivas y tecnológicas. Al mismo tiempo, potencias como China o Rusia aumentan su influencia en América Latina aprovechando precisamente esa ausencia de cooperación estable con España.
España podría desempeñar un papel clave en este escenario. Posee experiencia dentro de la OTAN y una industria militar competitiva. Además, cuenta con una ventaja que otros actores occidentales no tienen: la lengua común y una relación histórica y cultural que facilita la cooperación política y militar.
Las ventajas de reforzar esos vínculos serían importantes para ambas partes pues América Latina ganaría acceso a tecnología, formación y coordinación estratégica, reduciendo parte de su dependencia exterior. Mientras España consolidaría su influencia internacional y reforzaría su papel como puente entre Europa y el espacio hispanoamericano.
Sin embargo los obstáculos siguen siendo enormes. El primero es político. América Latina continúa marcada por una gran inestabilidad ideológica y por gobiernos que cambian constantemente sus prioridades internacionales. El segundo es histórico, ya que determinados sectores siguen interpretando cualquier acercamiento estratégico con España desde una visión condicionada por el pasado colonial.
Pero quizá el obstáculo más profundo sea psicológico. Durante siglos, la llamada leyenda negra construyó una imagen de España y de todo lo hispano asociada al atraso, la división y la desconfianza mutua. Mientras otras potencias reforzaban sus vínculos culturales para aumentar su influencia global, el mundo hispano aprendió a mirarse con recelo a sí mismo. La fragmentación terminó convirtiéndose casi en una costumbre política.
El debate sobre una mayor cooperación militar hispánica no trata únicamente de defensa. Trata de decidir si el mundo hispano quiere seguir siendo una comunidad unida solo por la lengua y la cultura o si está dispuesto a convertirse también en un actor con peso propio dentro del nuevo orden mundial.



















