Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Beatriz Talegón
Jueves, 28 de Mayo de 2026
Beatriz Talegón

Horizonte: el valor de mirar de frente

Hay lugares profesionales que son mucho más que un plató, una mesa de debate o una cita diaria con la actualidad. Hay proyectos que van creciendo porque nacen de una necesidad profunda: la de contar lo que sucede cuando demasiados prefieren mirar hacia otro lado. Pero sobre todo, de la necesidad del público porque le traten con respeto, con rigor, y se le presente la información de una manera tranquila y clara. Para mí, Horizonte es uno de esos lugares.

 

Lo digo desde dentro, con la prudencia de quien sabe que el periodismo no debe hablar de sí mismo más de la cuenta, pero también con la honestidad de quien siente gratitud. Gratitud por formar parte de un equipo que ha demostrado que se puede hacer televisión con firmeza, con libertad, con rigor y, al mismo tiempo, con educación. En tiempos de gritos, Horizonte ha elegido el sosiego. En tiempos de trincheras, ha abierto una mesa de voces plurales, de mentes libres y abiertas. En tiempos de consignas, ha tratado de ofrecer claves.

 

No es sencillo. No lo es porque hoy informar se ha convertido, demasiadas veces, en un ejercicio incómodo. Cuando se abordan asuntos complejos, cuando se escuchan voces distintas, cuando se permite que la realidad no quepa en un eslogan, aparecen los ataques, los insultos, las descalificaciones y los intentos de boicot. Es casi un peaje de nuestro tiempo. Pero precisamente por eso tiene más valor lo que sucede cada día junto a Iker Jiménez, Carmen Porter y todo el equipo de Horizonte.

 

He vivido desde dentro algo que desde fuera quizá se percibe, pero que merece ser contado: detrás de cada programa hay muchas horas de trabajo, de documentación, de contraste, de llamadas, de estudio y de preocupación sincera por no defraudar a una ciudadanía que necesita entender. Porque la gente no necesita que le digan lo que tiene que pensar. Necesita datos, contexto, preguntas bien hechas y libertad para formarse su propio criterio. Necesita tener distintos puntos de vista que aborden una realidad que a todos nos afecta.

 

Eso es lo que más me emociona cuando salgo a la calle. Me paran personas muy distintas. Algunas se definen de izquierdas, otras de derechas, otras dicen que ya no creen en casi nada de lo que durante años les contaron. Pero todas coinciden en algo: nos dan las gracias. Gracias por explicar con claridad. Gracias por escuchar. Gracias por no despreciar al espectador. Gracias por mantener un espacio donde se percibe respeto entre compañeros, incluso cuando no pensamos igual. Les garantizo que eso es cierto, tanto ante las cámaras como, sobre todo, detrás de ellas.

 

Ese agradecimiento no es menor. En una época en la que se ha querido convencer a la sociedad de que disentir es odiar, Horizonte demuestra que se puede discrepar sin destruirse. Que se puede debatir sin humillar. Que se puede mirar un asunto desde ángulos distintos sin convertir al otro en enemigo. Eso, que debería ser normal, se ha vuelto casi revolucionario. Y una necesidad real y urgente que tiene España, que tiene el mundo que nos ha tocado vivir.

 

Hay algo importante que se nota desde casa y que yo puedo confirmar desde dentro: Horizonte es una gran familia profesional. Cada persona aporta algo. Los técnicos, la redacción, producción, dirección, colaboradores, expertos, invitados. Todos forman parte de un engranaje que funciona porque hay respeto por el trabajo de los demás. Nadie construye solo un proyecto así. Se levanta entre todos, con muchas manos, muchas horas y mucha entrega. Y se hace desde esa normalidad y cercanía que Iker y Carmen derrochan, porque un proyecto familiar descansa sobre ellos dos, un tándem equilibrado, humano, trabajador y sencillo, algo tan difícil de ver hoy en día en casi ningún lugar, salvo en los hogares donde cada día nos abren sus puertas.

 

Y quizá por eso el programa ha ido creciendo. Porque no ha sido fruto de una moda pasajera, sino de una constancia. Semana tras semana, Horizonte ha consolidado un respaldo de audiencia que demuestra que hay una parte muy importante de la sociedad que busca algo diferente: menos propaganda y más preguntas; menos obediencia y más pensamiento; menos ruido y más contexto.

 

Vivimos un momento histórico especialmente delicado para la información. Estamos viendo cambios bruscos en líneas editoriales, terremotos en la generación de opinión y una política que, en demasiadas ocasiones, utiliza la propaganda para tapar sus propias vergüenzas. En ese escenario, contar las cosas sin miedo no es una pose: es una obligación. Y hacerlo con rigor, sin convertir la libertad en licencia para la frivolidad, es todavía más necesario.

 

En Horizonte me encuentro cada semana con expertos en distintas materias, personas que aportan conocimiento y que nos enseñan a todos. Médicos, científicos, juristas, periodistas, analistas, investigadores, testigos, profesionales con experiencias muy diversas. Y lo más valioso no es que todos piensen igual, porque no lo hacen. Lo importante es que existe la voluntad de comprender. Hay cariño, hay escucha, hay respeto. Y eso, en medio de la polarización que otros alimentan porque les resulta rentable, es profundamente esperanzador. Eso es lo que Horizonte aporta, por encima de todo, en una sociedad que otros quieren dividir.

 

Siento orgullo sincero de vivir esta experiencia. Orgullo profesional, porque me permite ejercer el periodismo y la investigación en un momento en el que la verdad se ha vuelto incómoda para demasiados. Orgullo humano, porque he encontrado un espacio donde se valora la honestidad, la entrega y la mirada libre. Y también un orgullo íntimo, difícil de explicar, al comprobar cómo el tiempo va colocando muchas cosas en su sitio. Algunas que otros compañeros venían advirtiendo. Algunas que yo misma he vivido sin ser plenamente consciente de lo que significaban.

 

Me gusta recibir abrazos y felicitaciones de personas que han decidido quitarse filtros impuestos. Me gusta sentirme útil. Me gusta trabajar con quienes conforman este universo, esta estirpe de los libres. Me gusta formar parte de un proyecto que no se resigna a repetir lo que toca, sino que intenta construir un mapa para comprender la cantidad de cosas complicadas que están sucediendo.

 

Porque eso es, en el fondo, lo que hacemos: intentar dibujar un mapa. No imponer un destino. No ordenar una conclusión. No dictar una fe. Un mapa para que cada espectador pueda orientarse en medio de la niebla. Y ese trabajo, cuando se hace desde la honestidad, tiene un valor inmenso.

 

Este artículo quiere ser un homenaje al programa, pero sobre todo a sus espectadores. A quienes están ahí cada semana. A quienes nos corrigen, nos animan, nos exigen y nos acompañan. A quienes han entendido que la libertad no consiste en escuchar solo aquello que confirma nuestras ideas, sino en atreverse a mirar también lo que nos incomoda.

 

Larga vida a Horizonte. Larga vida a los libres, a los valientes y a todos aquellos que se atreven a pensar sin pedir permiso. Un brindis por quienes se quitan los prejuicios impuestos y se sientan a escuchar. Porque una sociedad solo puede avanzar si todos aportamos lo mejor de nosotros mismos, sin otra intención que mejorar el lugar y el momento histórico que nos ha tocado vivir.

 

Y en ese camino, con todas sus dificultades, sus ataques y sus días y noches largas de trabajo, yo lo tengo claro: me gusta vivir Horizonte.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.