Me casé con un gorila
A mi marido no le gusta que lo cuente, pero esos del cuadro de Mel Ramos somos él y servidora, no Mel y servidora, sino mi marido y servidora.
Nos pintó un verano hace mucho tiempo, cuando yo hacía una tesis sobre Mel y le mandaba cajas de puros Cohiba que me traía de contrabando un amigo cubano. Tantas cajas le mandé que acabó por invitarnos a su casa un año y allí fue donde posamos para él. Mel se anduvo con mucho secretismo y no nos dejó mirar el cuadro hasta que estuvo terminado. Cuando por fin lo vimos, comprendí sus reservas: mi marido me doblaba la edad, y mientras que servidora fue representada en todo el esplendor de su juventud a mi churri lo pusieron de orangután subido.
Debo confesar que he mentido un poco, en realidad mi marido ya no es mi marido, sino mi ex, porque a mis 20 años, no fui capaz de soportar sus simiescos 40, pero ahora todo ha cambiado.
Un equipo de investigadores ha descubierto que la curva de la felicidad de chimpancés y orangutanes es en forma de U, igual que la de los seres humanos, es decir: “alta en la juventud, cae en la madurez y vuelve a subir en la vejez”. Con lo que concluyen que la famosa crisis de los cuarenta “no se debe a las hipotecas, los divorcios, los móviles o cualquier otro aspecto típico de la vida moderna, sino que se debe cuestiones biológicas y evolutivas”.
Según esto, y mis cuentas, mi ex debe de andar por los 60, o sea, que está empezando la subida otra vez y servidora acaba de cumplir 40 y tiene hipoteca y móvil y canas y necesita a rabiar una curva ascendente de felicidad y ¡churri, te quiero, llámame, te prometo que he quitado el cuadro de encima de la cama!
![[Img #10944]](upload/img/periodico/img_10944.jpg)
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Nos pintó un verano hace mucho tiempo, cuando yo hacía una tesis sobre Mel y le mandaba cajas de puros Cohiba que me traía de contrabando un amigo cubano. Tantas cajas le mandé que acabó por invitarnos a su casa un año y allí fue donde posamos para él. Mel se anduvo con mucho secretismo y no nos dejó mirar el cuadro hasta que estuvo terminado. Cuando por fin lo vimos, comprendí sus reservas: mi marido me doblaba la edad, y mientras que servidora fue representada en todo el esplendor de su juventud a mi churri lo pusieron de orangután subido.
Debo confesar que he mentido un poco, en realidad mi marido ya no es mi marido, sino mi ex, porque a mis 20 años, no fui capaz de soportar sus simiescos 40, pero ahora todo ha cambiado.
Un equipo de investigadores ha descubierto que la curva de la felicidad de chimpancés y orangutanes es en forma de U, igual que la de los seres humanos, es decir: “alta en la juventud, cae en la madurez y vuelve a subir en la vejez”. Con lo que concluyen que la famosa crisis de los cuarenta “no se debe a las hipotecas, los divorcios, los móviles o cualquier otro aspecto típico de la vida moderna, sino que se debe cuestiones biológicas y evolutivas”.
Según esto, y mis cuentas, mi ex debe de andar por los 60, o sea, que está empezando la subida otra vez y servidora acaba de cumplir 40 y tiene hipoteca y móvil y canas y necesita a rabiar una curva ascendente de felicidad y ¡churri, te quiero, llámame, te prometo que he quitado el cuadro de encima de la cama!
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