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Opinión |
María Jamardo
Domingo, 31 de Mayo de 2026
María Jamardo

Flores para Balas

El teniente coronel Antonio Balas y su equipo son un ejemplo de coraje y profesionalidad en medio de las tinieblas. Un grupo de casi seiscientos hombres y mujeres que, desde la UCO, encarnan el verdadero espíritu de la Guardia Civil: lealtad en el cumplimiento de la ley, excelencia técnica y coraje personal. En un mundo donde el crimen organizado y la corrupción amenazan a las instituciones, desde el propio poder, su trabajo silencioso ha puesto el foco, como nunca, sobre los delincuentes en defensa y protección del bien común. Gracias a ellos, los ciudadanos saben que hay un equipo de profesionales dispuesto a seguir el rastro del dinero opaco, cruzar datos complejos y actuar con determinación, incluso cuando las sospechas recaen sobre un grupo de manzanas podridas entre los suyos.

 

En una era de desinformación y constantes ataques a la verdad, a la prensa libre y a los jueces y fiscales que persiguen los delitos, haciendo gala de un estoicismo admirable, no se puede orillar el trabajo de la Unidad Central Operativa del Instituto Armado, ni dejar de decir que es baluarte de la excelencia y del patriotismo. Por eso mismo las ‘cloacas’ del PSOE se esforzaban tanto en buscar los trapos sucios de Balas, un guardia civil que empezó su carrera, impecable, combatiendo el terrorismo de ETA en Guipúzcoa y, ahora, lidera las pesquisas de más alto voltaje contra la delincuencia instalada en los sillones políticos, los escaños parlamentarios y en la cúpula de las empresas públicas colonizadas por la izquierda ‘sanchista’.

 

A estas alturas ya no se puede decir que la UCO es solo una unidad policial. La UCO es un instrumento clave de la democracia española y de su continuidad. Uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho en España, creado el 8 de septiembre de 1987 mediante la Orden General número 86 de la Dirección General de la Guardia Civil. La misma sede que registraban, esta semana, para dar con los ‘topos’ y pedir explicaciones a los mandos que dieron orden de represalia, contra los baluartes de esta unidad élite. La UCO se ha convertido, por experiencia, necesidad y entrega en un servicio de Policía Judicial pionero en el mundo, referente en la investigación y persecución de las formas más graves y elaboradas del crimen organizado, el blanqueo y la ciberdelincuencia. Y lo ha hecho sin hacer ruido, entregada a un trabajo minucioso, y, a todas luces, resistente a las presiones externas, pero en especial las internas lo cual tiene mucho más mérito.



Balas dirige una unidad tan respetada como especializada que da prestigio a la Guardia Civil, siempre en el punto de mira de los enemigos de España. Bajo su mando se han fraguado pesquisas de toda naturaleza, a ambos lados del espectro político, sin rendir cuentas, ni pleitesías a nadie. Ahí está la hemeroteca del caso Malaya o de las causas Púnica, Lezo y Gürtel para recordar a los activistas de izquierdas que la Guardia Civil no se mueve por intereses espurios, ni para algo tan mundano como derrocar gobiernos. Si algo ha quedado demostrado en los audios que señalan a la ‘fontanera’ del PSOE por pedir su cabeza es que mientras unos cuantos estaban empeñados en destruir la confianza de la sociedad en la UCO, incluidos algunos de sus propios mandos, más se afanó la UCO por demostrar que está dispuesta a hacer su trabajo cueste lo que cueste, pase lo que pase y caiga quien caiga.

 

Que nadie se olvide que los hombres y mujeres que le dan sentido orgánico, se juegan el tipo y se dejan la piel por dos duros mal pagados. No está de más recordarlo porque mientras su material, recursos y sueldos son deficitarios, ellos siguen cuidan de la economía de todos como si le fuese la vida en ello. La UCO es implacable ante el presunto latrocino de la financiación irregular de unos; los ‘pelotazos’ de otros que, ayudados por los primeros, se llevaron al bolsillo contratos públicos, supuestamente amañados, a cambio de ‘mordidas’; y, los atajos en las licencias para la explotación de los hidrocarburos que, durante un tiempo, hicieron de oro a muchos. La UCO ha probado su eficacia y entrega tanto en el primer caso, la ‘Operación Delorme’, como en el segundo, la ‘Operación Drake’, contra el fraude del IVA. Logros que no solo han puesto el foco en la recuperación de todo lo robado sino que, además, son un bálsamo para la restauración de la fe pública en la Justicia.

 

Balas y su equipo son la élite dentro de otra élite que es la Guardia Civil. Su trabajo se basa en el análisis riguroso de estructuras financieras, el seguimiento de flujos opacos y la reconstrucción de tramas organizadas. Vocación de servicio al servicio, desinteresado. de todo un país. Y todo por la patria. La UCO es una familia profesional de agentes, analistas y técnicos que comparten el mismo compromiso: investigar sin mirar a quién, siguiendo solo las pruebas y bajo el paraguas de las órdenes judiciales que marcan el límite de la legalidad.

 

Así han actuado en uno de los episodios más inéditos y dolorosos de su historia reciente: el requerimiento a algunos de sus propios compañeros en el corazón de la Benemérita, la Dirección General de Guzmán el Bueno, en Madrid. Balas y los suyos entraron, sin dudar, en su propia sede central, por orden del juez Santiago Pedraz, recogieron pruebas, se incautaron de documentos y tomaron declaración a sus superiores relacionados con posibles filtraciones, represalias e irregularidades internas. Esta acción insólita subraya el compromiso de la UCO con la verdad. Por encima de cualquier consideración corporativa o política, cumplir con su obligación.

 

Y en un contexto de enfrentamiento y polarización donde, a sabiendas, algunas voces intentan desprestigiar su labor, la UCO de la Guardia Civil responde con hechos: diligencias exhaustivas, plena colaboración con la autoridad judicial y excelencia en sus métodos y resultados. Frente a los ataques furibundos de quienes ven descubiertas sus tropelías, ellos apuntalan sin estridencias, y desde el anonimato, la imagen de un Instituto armado cada vez más profesional que se autoexige, en carne propia, los mismos estándares que deberíamos aplicarnos el resto de la sociedad.

 

Su trayectoria, de casi cuatro décadas, sus logros incontables y su última y más reciente demostración de independencia confirman que la UCO es indispensable e irremplazable. Mientras existan guardias civiles como los del equipo de Antonio Balas, y son muchos, aunque no se conozcan sus nombres, la Justicia tendrá un aliado inquebrantable y los ciudadanos un bálsamo frente a la cleptocracia y el desánimo. Su labor merece reconocimiento pleno, apoyo institucional ilimitado y el respeto de todos. Porque defender la ley sin excepciones, ni favoritismos, es la mejor garantía de un país más justo y seguro. Ovación cerrada y corona de laurel para la UCO. Flores para Balas y los suyos.

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