Pleno del Ayuntamiento de Cartagena (Imagen de archivo).La moción de censura que debía marcar un antes y un después en la política municipal de Cartagena afronta sus últimas horas rodeada de incertidumbre. Lo que hace apenas unas semanas parecía una operación perfectamente engrasada para desalojar a Noelia Arroyo de la Alcaldía se ha convertido en un laberinto de movimientos inesperados, escritos registrados y decisiones que han alterado el tablero político hasta el último momento.
La posibilidad de que la sesión convocada para este martes no llegue a desarrollarse tal y como fue concebida sobrevuela el Ayuntamiento desde hace días. Los cambios de posición de algunos de los concejales que hicieron posible la presentación de la iniciativa han abierto un escenario inédito en el que las certezas escasean y las preguntas se multiplican.
Uno de los nombres que mejor simboliza ese giro de los acontecimientos es el de Beatriz Sánchez del Álamo. Su firma figuró entre las que permitieron registrar ante notario la moción de censura que pretendía construir una nueva mayoría de gobierno. Sin embargo, con el paso de los días, la concejala acabó anunciando su intención de retirar el apoyo al proyecto alternativo y permanecer en el Ejecutivo encabezado por Arroyo.
Ese cambio de rumbo tuvo también una traducción administrativa. Sánchez del Álamo fue la primera en mover ficha el pasado viernes al registrar una instancia general dirigida a la secretaria del pleno para comunicar formalmente su decisión. Un gesto que llegó antes que cualquier otro y que añadió un nuevo elemento a un procedimiento que ya caminaba por terrenos políticamente complejos.
Desde entonces, la atención se ha desplazado de los despachos de los partidos a las dependencias municipales encargadas de interpretar el alcance de esos escritos. Cada documento presentado, cada informe y cada pronunciamiento jurídico se observa con la expectativa de quien busca una pista sobre lo que ocurrirá finalmente cuando llegue la hora señalada.
Mientras tanto, el reloj sigue avanzando. La convocatoria permanece vigente, pero la moción que nació para cambiar el gobierno de Cartagena se encuentra ahora pendiente de resolver una incógnita previa: si llegará siquiera a consumarse el escenario para el que fue concebida.
A pocas horas de la cita, la política municipal vive suspendida en una paradoja. La moción de censura sigue existiendo, pero su desenlace —e incluso su propio recorrido hasta el pleno— ya no parece tan seguro como el día en que fue presentada.











