Imagen de archivo.Si hubiera que escribir un libro o rodar una pelicula sobre la temporada del Águilas FC, probablemente no habría que añadir demasiada ficción. Bastaría con contar lo que ha vivido el conjunto costero durante este curso: la llegada de un héroe del que al principio se dudó, un vestuario construido con hambre, un liderato defendido durante meses, intentos de desestabilización, sufrimiento, épica y, finalmente, el ascenso a Primera RFEF.
Así fue como se vivió la temporada del Águilas FC en el manicomio del Grupo IV de Segunda RFEF:
La llegada de Adrián Hernández y una plantilla hecha a medida
Adrián Hernández fue la primera piedra angular del Águilas FC 2025/26. Su llegada, unida a la renovación de Pedro Reverte como director deportivo, marcó el inicio de un proyecto que tenía un objetivo claro, aunque todavía no declarado a pleno pulmón: pelear por el ascenso.
La plantilla se construyó con una mezcla muy concreta: cuatro jugadores que continuaban de la temporada anterior, fichajes de renombre y otros nombres menos conocidos para el gran público, pero con un patrón común. Todos compartían hambre. Hambre de crecer, de competir y de ascender.
La pretemporada no fue brillante. Tampoco lo fue el inicio liguero. En aquel momento, El Rubial todavía era un campo más aferrado a la crítica que al optimismo. Sin embargo, Adrián Hernández no engañaba cuando repetía que en noviembre su equipo estaría preparado. Y así fue.
En octubre, el Águilas ya firmó un gran mes. Pero fue en noviembre cuando confirmó que iba muy en serio. Cogió el liderato tras las primeras trece jornadas y lo mantuvo durante veinte más. El equipo dejó de ser una expectativa para convertirse en una realidad.
Antes de afrontar la recta decisiva, llegó el mercado de invierno. Se cambiaron hasta seis piezas, se dudó de algunos movimientos y se pidió calma para que los nuevos futbolistas pudieran coger ritmo. Volvieron Castedo y Héctor, y llegaron Boris, Adri Pérez, Yasser y Alonso. Todo ello, además, condicionado por la grave lesión de Seth Vega, que tuvo que dejar su ficha a disposición del club.
Las salidas fueron las de Park, Ángel López, Keita y Mateo Enríquez. Esta última, en el último día de mercado y con cierta polémica, ya que el futbolista estaba teniendo protagonismo desde la titularidad.
La tormenta antes de la gloria
A partir de marzo, el equipo comenzó a atravesar esa mala racha que prácticamente todos los clubes sufren en algún momento de la temporada. Sin embargo, en el caso del Águilas, el bache empezó a agudizarse también fuera del terreno de juego.
La figura de Adrián Hernández comenzó a ser cuestionada en otros campos, con episodios injustos, acusaciones y situaciones que obligaron incluso a pedir explicaciones. Ocurrió en el primer partido del año ante el UCAM Murcia en la vieja Condomina, también frente al Real Jaén, y hasta hubo un cruce de declaraciones con Arzu tras el enfrentamiento entre el Recreativo Granada y el Águilas en la sala de prensa de El Rubial.
Todo ello estuvo precedido por una noticia que alcanzó repercusión nacional tras el partido ante el UCAM. Una patada que Adrián no dio, tanganas en las puertas de los vestuarios y un acta que estuvo a la altura de la actuación arbitral: vergonzosa.
Y el tiempo fue poniendo las cosas en su sitio.
El Águilas, sancionado en primera instancia con una multa económica, expedientes a Adrián Hernández y Alfonso García, y tres partidos de sanción, veía cómo, de manera injusta, podía verse obligado a vivir el final de temporada sin su afición. Una afición que, precisamente en ese momento, estaba más enganchada que nunca.
Sin embargo, gracias al gran trabajo del servicio jurídico del Águilas FC, el club consiguió una cautelar que permitió disfrutar del final de temporada y del play off con público en las gradas. Y aquello fue mucho más que una victoria en los despachos. Fue un factor determinante para ganar partidos.
Utebo, el primer obstáculo hacia la eternidad
El play off comenzó en Utebo. Allí, el Águilas hizo gala de su estado de forma ante un grandísimo equipo, que quiso jugar al fútbol y que propuso en todo momento.
Pero en las eliminatorias aparecen los jugadores que llevan meses esperando su instante. Pipo y Kevin Manzano, dos futbolistas que quizá no habían tenido la temporada que esperaban, eligieron el momento perfecto para aparecer. Sus goles dieron ventaja al Águilas y dejaron la eliminatoria encarrilada para la vuelta. En El Rubial, el equipo volvió a vencer por el mismo resultado que en la ida: 2-1. El Águilas estaba en la final.
Sa Pobla: calor, inferioridad y una fecha para la historia
El sorteo de la final no sonrió al Águilas. La ida sería en casa y la vuelta lejos de El Rubial. En Mallorca. Ante el Poblense. Un equipo muy bien trabajado y que, quizá por nombre, muchos pensaban que iba a ser más sencillo de lo que realmente fue.
El Águilas no cuajó un gran partido en la ida y todo quedó aplazado para el 31 de mayo de 2026. Una fecha que ya forma parte de la historia del club.
La historia no pudo empezar de una forma más épica. Cerca de 300 aficionados cogieron un vuelo para animar a su equipo en Sa Pobla. Una camiseta única para la ocasión, y por obligación, el calor, más de 30 grados a las doce del mediodía, tensión, ilusión y una isla entera como escenario de una final.
Y entonces, en el minuto 20, llegó el golpe. El Águilas se quedó con un futbolista menos tras la expulsión de Antonio Sánchez. Tocaba remar contra todo: contra el rival, contra el calor, contra el cansancio y contra la inferioridad numérica.
Aun así, posiblemente se vio el mayor despliegue físico de la temporada. El equipo sostuvo la final durante más de 100 minutos con un jugador menos. Corrió, sufrió, resistió y se negó a caer pese al arbitraje penoso que se vivió en el encuentro para ambos bandos.
En la primera parte de la prórroga, Yasser hizo el gol que dio un vuelco al corazón de todos los aguileños presentes en Mallorca y de quienes lo seguían desde la televisión. Por un instante, el ascenso estuvo ahí. Tan cerca que casi podía tocarse.
Pero la alegría duró poco. Al comenzar la segunda mitad del tiempo extra, el Poblense empató de penalti. Una pena máxima que llevó la historia a su último capítulo.
Los penaltis y el broche de película
Como en las grandes películas de acción, todo se redujo a un uno contra uno. Miradas fijas, pasos hacia atrás, carrera y disparo. Diez penaltis para decidir una temporada entera.
La prioridad era clara: había que parar uno. El Poblense había ganado los dos sorteos, el de la portería y el del lanzamiento. Pero cuando Salcedo detuvo el segundo penalti a Diego Martínez, los aguileños sintieron el ascenso más cerca que nunca.
Y esta vez no se escapó.
Por parte del Águilas marcaron los cinco lanzadores: Yasser, Pedrosa, Adri Pérez, José Mas y Fer Martínez. Caprichos del destino, el último lanzamiento quedó en las botas de un futbolista sub-23, con minutos residuales durante la temporada, mucha calidad y un potencial que, según su técnico, todavía no ha terminado de sacar.
El broche perfecto a una historia digna de película.
El Águilas FC, después de una temporada de dudas, liderazgo, polémicas, sufrimiento, fe y resistencia, ya es equipo de Primera RFEF.











