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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 04 de Junio de 2026
Sebastián Hidalgo

Proteger lo invisible

La incorporación de nuevos sonares, sistemas de combate avanzados y vehículos no tripulados a los cazaminas de la Armada no responde únicamente a la necesidad de modernizar unos buques. Responde, sobre todo, a un cambio de mentalidad. El mar ya no es solo una vía de transporte o un escenario para operaciones navales tradicionales. También es el espacio donde se encuentran algunas de las infraestructuras más sensibles y valiosas de nuestro tiempo.

 

En este contexto el Arsenal de Cartagena vuelve a situarse en el centro de la actualidad. No solo por albergar capacidades fundamentales para la Armada, sino porque desde allí opera una fuerza que adquiere cada vez mayor importancia en la defensa de nuestros intereses estratégicos. La modernización de los cazaminas confirma que España está prestando atención a un ámbito que durante demasiado tiempo pasó desapercibido.

 

Las amenazas que ponen en riesgo la seguridad de un país no siempre son visibles. A veces discurren silenciosamente bajo el mar, junto a infraestructuras de las que depende buena parte de nuestra vida cotidiana y cuyo funcionamiento damos por sentado. España es cada vez más consciente de esta realidad y de la necesidad de proteger aquellos elementos estratégicos que resultan vitales para el funcionamiento de nuestra moderna sociedad.

 

Bajo las aguas se extiende una inmensa red de cables submarinos por los que circula más del 95% del tráfico mundial de datos. Gracias a ellos funcionan las comunicaciones internacionales, las operaciones financieras, los servicios digitales, las conexiones empresariales y buena parte de la actividad económica global.

 

Durante décadas, estas instalaciones permanecieron alejadas del debate público y de las preocupaciones en materia de seguridad. Los acontecimientos de los últimos años han cambiado radicalmente esa percepción. Los daños y presuntos sabotajes registrados en distintos cables submarinos en el mar Báltico han encendido todas las alarmas en Europa y en la OTAN. La conclusión es que estas infraestructuras son vulnerables y su protección se ha convertido en una cuestión de interés nacional.

 

Las consecuencias de un ataque o una interrupción prolongada serían mucho más graves de lo que a menudo imaginamos. En una sociedad profundamente digitalizada, proteger estas conexiones equivale a proteger nuestra soberanía.

 

Por eso resulta especialmente relevante la noticia conocida esta semana sobre la modernización de las capacidades de la Armada vinculadas a la vigilancia y protección del entorno submarino. La incorporación de tecnologías avanzadas de vigilancia permitirá ampliar de forma considerable la capacidad de observación y respuesta ante posibles amenazas.

 

Porque las amenazas del siglo XXI a veces se encuentran a cientos de metros de profundidad, junto a un cable submarino, una infraestructura energética o una red de comunicaciones. Y la mejor forma de protegerlas es actuar antes de que se conviertan en noticia. Esa es, probablemente, la principal lección que deja esta importante decisión de la Armada.

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