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DE MURCIA AL MUNDIAL

¡Sinfonía mundial! España rinde homenaje a Mozart con una goleada impecable ante Austria

Con un doblete magistral de Oyarzabal y un sutil acorde de Pedro Porro, la Selección tritura al país centroeuropeo (3-0) en una exhibición lírica que convierte los dieciseisavos de final en un concierto celestial

Carmen Navarro Méndez Jueves, 02 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Pedro Porro celebra el 2-0 ante Austria.Pedro Porro celebra el 2-0 ante Austria.

Hay partidos que se juegan con las botas y otros que se componen con la precisión de una partitura clásica. España se plantó en los dieciseisavos de final del Mundial dispuesta a no desafinar en el territorio histórico de las grandes sinfonías, y terminó rindiendo el mejor de los homenajes a Mozart: una obra coral, armónica y absolutamente arrolladora. El 3-0 definitivo ante Austria no solo es un billete directo a los octavos de final; es la constatación de que el conjunto de Luis de la Fuente ha aprendido a modular el tempo de los grandes torneos con la elegancia de una orquesta filarmónica.

 

El telón se levantó con una España imperial, dueña absoluta del ritmo y la posesión. La ventaja al descanso, sin embargo, se sintió como un acorde incompleto, un eco que se quedó corto para la magnitud del monólogo sobre el césped. La propuesta de De la Fuente desbordaba virtuosismo, pero el destino y el estamento arbitral decidieron añadir algo de drama a la composición. Al incansable Marc Cucurella le anularon un gol tras una 'faltita' de esas que pertenecen más al teatro que al fútbol, un sutil roce que en absoluto merecía romper la fluidez de la melodía. Justo antes del entreacto, el destino volvió a rozar la genialidad con una doble ocasión consecutiva de Álex Baena y Lamine Yamal que congeló los corazones austriacos, marchándose al túnel de vestuarios con la sensación de que el marcador merecía mucha más poesía.

 

Pero las grandes partituras siempre guardan su clímax para el segundo acto. Corría el minuto 67 cuando España volvió a activar su flanco más punzante, el izquierdo, donde habitan los violines del desborde. Dani Olmo armó la pierna intentando un disparo que la zaga repelió con angustia; allí, omnipresente, Cucurella recogió el escombro para ceder con criterio a Baena. El centrocampista, con la pausa de los elegidos, oteó el horizonte y dibujó un centro medido, un envío con la curvatura perfecta directo al corazón del área. Apareció entonces Pedro Porro, rompiendo desde atrás como un estallido de percusión, para conectar un testarazo inapelable que mandó el balón al fondo de la red. Era el éxtasis, el golpe de efecto que desarmaba cualquier intento de resistencia austriaca.

 

Con Austria rota y obligada a adelantar líneas, la sinfonía española encontró su remate más voraz. El violín se convirtió en puñal gracias a una nueva genialidad de Cucurella, cuyo pase milimétrico y quirúrgico dejó completamente liberado a Mikel Oyarzabal. El delantero donostiarra no perdonó. Con la frialdad de los grandes directores de orquesta frente a su obra cumbre, mandó el esférico a la red para certificar su doblete particular y firmar su cuarto gol en este Mundial.

 

Cuatro dianas lleva ya nuestro 'killer', un ariete que ha encontrado en la Copa del Mundo su escenario fetiche. España terminó el partido tocando a placer, durmiendo el balón bajo el aplauso unánime de la grada y demostrando que, cuando la Selección encuentra su ritmo afinado, no hay rival capaz de soportar su ópera prima. Octavos de final ya esperan a un equipo que juega, asiste y golea como los ángeles.

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