Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Alejandro Izquierdo Monterde
Domingo, 12 de Julio de 2026
Alejandro Izquierdo Monterde

El sueño azul

Un país dividido en dos, una trayectoria incansable de intentos por pertenecer a algo superior y un “si pero no” constante dado desde Europa. Hoy se celebra la cumbre de la OTAN en Ankara, pero más que hablar de misiles y estrategia, me gustaría centrarme en el inagotable aliento de Turquía por intentar ser un poco más azul. Europa, el oasis de Turquía.


Todo comenzó a principios del siglo XX cuando el tan conocido Imperio Otomano cayó de una vez por todas. Las grandes pérdidas territoriales, una agonía económica sin precedentes y un ánimo civil de cambio le llevaron a este inevitable ocaso. Años después, tras conformarse como una república, la Turquía de Atatürk iba a ser democrática, laica, y en la que se establecía una separación de poderes político-religiosos y reconocimiento de derechos civiles. Fue un gran salto hacia delante, indudablemente, pero la gran ambición de cambio llegaría más tarde.

 

A mediados del siglo XX, Turquía empezó a interesarse por dejar de lado aquello que lo ataba a oriente, para lanzar lazos a occidente. Fue así como aplico para ser miembro asociado de la CEE (Comunidad Económica Europea). Sin embargo y a pesar de existir un acuerdo para ello, la Guerra Fría, la invasión de Chipre, y los golpes militares truncaron cualquier ánimo de adhesión. En 1987 se dió la solicitud como miembro para esta misma Comisión, pero aquí comenzaría el cuento de nunca acabar para los turcos, por el cual se impondrían una serie de condiciones sobre la mesa para poder llevar adelante el acuerdo, que nunca se darían por cumplidas.


Más adelante en Helsinki (1999), los Europeos plantearon por primera vez la adhesión de Turquía como país miembro de la Unión. Desde la UE se estableció que Turquía debería cumplir una serie de requisitos para poder entrar, los conocidos como Criterios de Copenhague, sobre democracia, economía, derechos humanos, Estado de derecho, etc. Este proceso de cambio y negociación por parte de los turcos comenzó entonces, pero avanzó de forma muy lenta.


Lo que en 1999 y 2005, con el inicio formal de las negociaciones, se tomó como una voluntad de cambio real, se iba a ir paralizando poco a poco hasta que en 2018 se daría por perdido prácticamente todo con la congelación del proceso. ¿Las razones? Para muchos desconocidas. Desde las fuentes oficiales, se reconoce como obstáculo las posiciones turcas en Chipre, algunos obstáculos para la libertad de prensa, la independencia judicial y los derechos fundamentales que sustentan el Estado de derecho.


Pero fuera de los canales oficiales hay otras cosas que preocupan más que Chipre. La adhesión de Turquía supondría que un país de 85 millones de habitantes pasaría a tener representación en el Parlamento Europeo, lo cual haría que sus decisiones tuvieran un peso sin igual en la cámara. En segundo lugar, al ser una economía tan grande, esta recibiría una gran aportación de los fondos europeos en detrimento de otras economías más pequeñas de la Unión.


Por otro lado, en materia de migración, Bruselas teme un efecto salida masivo de trabajadores turcos que no solo conseguiría descapitalizar el país de origen, sino que supondría un problema logístico y migratorio para el resto de Europa. Además de que la UE tendría frontera con países políticamente inestables y peligrosos como Irak, Irán o Siria, a lo cual habría que sumar nuevas políticas de seguridad común.


En último lugar, la cultura y pensamiento general de la población turca es muy diferente a la media europea. Su influencia por el islam, su falta de valores occidentales enraizados en la democracia y los derechos humanos, y su proximidad ideológica a Oriente supondrían un choque con el resto de paises.


La adhesión turca, es un sueño que más de una generación ha vivido, y a pesar de no ser altamente incompatibles y de los esfuerzos históricos que el país otomano ha hecho, este sigue estando inmerso en un dualismo económico y social muy fuerte; con áreas muy avanzadas en la zona occidental de Turquía y otras muy subdesarrolladas. Supongo por tanto que Europa para los turcos, seguirá siendo eso, un sueño azul.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.