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Opinión |
Beatriz Talegón
Viernes, 10 de Julio de 2026
Beatriz Talegón

Murcia ante su mejor verano

La Región de Murcia encara este verano con unas previsiones turísticas que invitan al optimismo. La ocupación puede alcanzar el 90% en La Manga y el Mar Menor, situarse cerca del 80% en Águilas y Mazarrón y mantenerse en niveles muy altos en Cartagena, Lorca y los alojamientos rurales. Crecen también las reservas internacionales y la conectividad aérea.

 

Son buenos datos. Detrás de cada habitación ocupada hay negocios que respiran, familias que trabajan y municipios que encuentran una fuente de ingresos decisiva durante estos meses.

 

El turismo murciano está llegando a un momento de madurez. Las cifras de visitantes cuentan, claro, pero empiezan a contar también otras cosas: cuánto gastan, cuánto tiempo permanecen, qué empleos generan, qué parte de ese dinero se queda aquí y cómo afecta todo esto a la vida de quienes residen en la Región durante todo el año.

 

Durante los cuatro primeros meses de 2026 llegaron a Murcia 331.630 turistas extranjeros, un 3,1% más que en el mismo periodo del año anterior. Su gasto alcanzó los 472,4 millones de euros, con un crecimiento del 16,5%. El dato nos dice que el gasto crece mucho más que el número de visitantes.

 

Ahí hay una pista. Quizá el camino pase por recibir mejor, alargar las estancias y conseguir que cada viaje deje más valor en el territorio.Murcia tiene una oferta turística mucho más rica de lo que a veces sabe contar. Tiene costa, patrimonio histórico, gastronomía, festivales, balnearios, reservas marinas, turismo rural, ciudades monumentales, tradición religiosa y una enorme potencia agroalimentaria.

 

Cartagena, Lorca, Caravaca, el Valle de Ricote, Sierra Espuña, Cabo de Palos, Calblanque, Águilas, Mazarrón, La Manga o el Mar Menor dibujan un mapa diverso y con personalidad. A eso se suman la cocina regional, el vino, la huerta, los productos del campo y una agenda cultural que durante el verano alcanza un nivel notable.

 

Los recursos están ahí. Lo que falta es convertirlos en un relato reconocible.

 

La Costa Cálida sigue siendo una marca útil, aunque se queda pequeña para contar toda la Región. El sol y la playa los ofrecen muchos destinos. La diferencia tiene que aparecer en la experiencia, en la autenticidad, en la gastronomía, en el paisaje y en la forma de recibir al visitante.

 

Murcia puede presentarse como un territorio mediterráneo cercano, manejable, con historia, naturaleza y una costa todavía alejada de la saturación extrema de otros lugares. Esa ventaja vale mucho. Y merece ser cuidada.

 

Los hoteles llenos y las casas rurales al completo son una buena noticia. También conviene mirar qué pasa dentro de esos negocios. Los costes energéticos, laborales y financieros han aumentado. Muchos establecimientos trabajan con márgenes ajustados. La rentabilidad depende cada vez más de la calidad del servicio y de una gestión muy afinada. La calidad turística empieza en las personas que trabajan.

 

Camareros, cocineros, limpiadoras, recepcionistas, guías, conductores y empleados del comercio sostienen la experiencia del visitante. Son quienes atienden, resuelven problemas, recomiendan lugares y hacen que alguien se vaya con ganas de volver.

 

La formación, los idiomas, la estabilidad laboral, los horarios razonables y el acceso a una vivienda cercana al lugar de trabajo forman parte del modelo turístico. También el transporte de quienes cada día se desplazan a las zonas costeras, donde el empleo crece durante el verano y el alojamiento se encarece.

 

Una política turística seria tiene que mirar a esas personas con la misma atención que dedica a las campañas promocionales.

 

La Región sigue concentrando buena parte de su actividad en julio y agosto. Durante unas semanas, algunos destinos alcanzan cifras magníficas. Después llega el bajón de la ocupación, del consumo y del empleo. La desestacionalización lleva años apareciendo en discursos y planes. El reto es convertirla en algo real.

 

Cartagena puede atraer turismo cultural y de cruceros durante buena parte del año. Murcia capital puede crecer en congresos, gastronomía, compras y patrimonio. Lorca tiene historia y legado de sobra. Caravaca posee una fuerza simbólica que puede aprovecharse mucho más allá de los años jubilares. El interior ofrece naturaleza, deporte, astroturismo, vino, aceite y experiencias ligadas al mundo rural. Todo ese potencial necesita horarios amplios, conexiones, información clara, reservas sencillas y una programación estable.

 

Un destino se construye también con detalles muy básicos: museos abiertos, transporte disponible, páginas web actualizadas y servicios capaces de acompañar al visitante desde que llega hasta que se marcha.

 

El aeropuerto regional ofrece este verano conexiones directas con siete países y veinte aeropuertos europeos, con más de 447.000 plazas previstas. Es una buena noticia. Pero la conectividad continúa después del aterrizaje. Quien llega desde fuera necesita desplazarse con facilidad hasta Cartagena, La Manga, Mazarrón, Águilas, Murcia capital o los destinos del interior. Hoy, demasiadas veces, el coche privado sigue siendo la única solución práctica. La calidad turística empieza también en ese primer trayecto. Un aeropuerto bien conectado con autobuses, trenes y servicios regulares amplía las posibilidades del destino y mejora la experiencia desde el primer momento.

 

El Mar Menor ocupa un lugar central en todo esto. Es paisaje, identidad, empleo, comercio, deporte, restauración y alojamiento. Cada episodio de deterioro afecta a la confianza de los visitantes, a la imagen exterior de la Región y a la economía de miles de personas. Su recuperación tiene una dimensión ecológica evidente. También una dimensión económica enorme. Lo mismo ocurre con Cabo de Palos, Calblanque, las reservas marinas y el resto de espacios naturales. Cuidar el territorio significa proteger aquello que hace atractiva a Murcia.

 

La Región todavía está a tiempo de crecer de manera ordenada. Ese margen puede convertirse en una ventaja. Otros destinos reaccionaron cuando la saturación ya había generado conflictos entre vecinos, empresas y visitantes. Aquí todavía existe la posibilidad de anticiparse.

 

El agua, los residuos, el tráfico, el fondeo de embarcaciones y la presión urbanística requieren planificación. La sostenibilidad, en este caso, tiene un sentido muy concreto: conservar el recurso que sostiene la actividad.

 

También conviene mirar con atención el crecimiento de las viviendas de uso turístico. Han ampliado la oferta y han permitido que pequeños propietarios e inversores participen en el sector. Al mismo tiempo, generan tensiones cuando crecen de forma desordenada. Hace falta saber cuántas existen, dónde se concentran, si cumplen la normativa y qué efecto producen en el mercado residencial.

 

La realidad de un núcleo costero estacional no se parece a la de un centro urbano o una pedanía rural. Las políticas tienen que adaptarse a cada lugar. La inspección y unas reglas claras protegen a los vecinos, a los consumidores y a los empresarios que cumplen. La oferta clandestina perjudica al conjunto del sector.

 

Murcia puede aprovechar este buen momento para fijar una hoja de ruta más ambiciosa. Medir el crecimiento en gasto, estancias y retorno local. Extender la temporada con cultura, gastronomía, deporte, turismo religioso, rural y de congresos. Mejorar el empleo. Reforzar las conexiones. Proteger el patrimonio natural. Ordenar la vivienda turística. Y construir una marca regional capaz de contar, de verdad, qué ofrece Murcia y por qué merece la pena volver.

 

El turismo ya representa una parte importante del PIB y del empleo regional. También impulsa el comercio, la agricultura, la construcción, la restauración y numerosos servicios. Por eso conviene pensar más allá de este verano.

 

Un gran mes de agosto puede aliviar muchas cuentas. Un modelo sólido puede transformar la Región durante todo el año. Murcia tiene delante una oportunidad extraordinaria. Puede crecer sin perder su carácter, atraer visitantes sin convertir sus pueblos y ciudades en decorados y generar riqueza sin desgastar aquello que la hace especial.

 

El mejor récord será el que deje empresas más fuertes, empleos más dignos, espacios naturales cuidados y una Región capaz de recibir al visitante con orgullo. Este verano puede marcar una cifra histórica. También puede abrir una etapa mucho más interesante. Disfruten de Murcia, tiene mucho que ofrecer y sobre todo, un largo camino que recorrer. 

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