Imagen de archivo.El fútbol español está a solo 90 minutos de escribir la página más dorada, ambiciosa y legendaria de toda su historia. Este domingo, la Selección Española no solo juega para bordar su segunda estrella en el pecho en la gran final del Mundial de 2026; juega para alcanzar una cumbre mítica que ningún país ha logrado jamás: ostentar al mismo tiempo la triple corona del fútbol planetario.
De conseguir la victoria en la gran final, España unificará de forma simultánea los tres títulos más importantes del balompié a nivel de selecciones: el Mundial, la Eurocopa y la medalla de oro de los Juegos Olímpicos. Un hito que eclipsaría incluso la irrepetible época dorada del triplete consecutivo Euro-Mundial-Euro conseguido entre 2008 y 2012.
El camino hacia un imperio futbolístico irrepetible
Para entender la magnitud del milagro que se puede certificar este domingo, conviene mirar el retrovisor y repasar el extraordinario ciclo de dominio que ha construido el fútbol español en los últimos dos años:
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La corona continental (Eurocopa 2024): El camino comenzó en Alemania, donde la Selección deslumbró al planeta con un fútbol vertical, vistoso y arrollador, batiendo a las grandes potencias europeas para levantar la cuarta Eurocopa de su historia.
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El oro de París (Juegos Olímpicos 2024): Apenas unas semanas después del éxito en Berlín, una brillante generación de jóvenes talentos conquistó el Parque de los Príncipes, colgándose la medalla de oro olímpica tras una épica final frente a la anfitriona, Francia.
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El asalto al Trono Mundial (Mundial 2026): Con el billete a la gran final ya asegurado tras derrotar de nuevo al combinado francés en unas semifinales de infarto, España tiene el trofeo más codiciado a un solo paso.
La posibilidad de presenciar semejante hazaña ha desatado una auténtica locura colectiva en España. Las plazas de las principales capitales de provincia y municipios de toda la Región de Murcia —con el gran punto de encuentro ya confirmado en la plaza Cardenal Belluga de la capital del Segura— se preparan para albergar a decenas de miles de aficionados frente a pantallas gigantes.
El domingo se detendrá el país. No es solo una final de un Mundial; es la cita con la eternidad para una generación de futbolistas que quiere demostrar que el trono del fútbol mundial tiene un único e indiscutible dueño.









