Doña Isabel

Isabel Díaz Ayuso pasó de ser una perfecta desconocida para el gran público a convertirse en la bestia negra de Pedro Sánchez en tiempo récord, un fenómeno de masas, en positivo, una forma de hacer política sin complejos yun diamante en bruto de la gestión eficiente imposible de soportar para el ‘sanchismo. Por eso mismo, Isabel ostenta el dudoso honor de haberse convertido en el objetivo prioritario de los ataques del Gobierno, la víctima de las campañas institucionales de descrédito y la pieza de caza mayor a abatir cueste lo que cueste, traspasando la crítica política legítima y recrudeciendo la cacería contra su familia, su entorno y sus colaboradores más cercanos. Una ofensiva coordinada, a menudo amplificada por los medios afines al Ejecutivo central y por la oposición en la izquierda madrileña que, frustrados al no ganarle en las urnas, buscan destrozarla emocionalmente o erosionar su imagen y sus éxitos electorales.
Nada más llegar a la sede de la Comunidad de Madrid, en Sol, se puso en marcha la persecución a sus padres y su hermano en uno de los frentes más persistentes durante sus primeros años de mandato. A nadie pareció importarle que su padre, Leonardo, fallecido en 2014, fuese la diana de todo tipo de acusaciones, nunca demostradas, sobre un presunto impago parcial de un aval público concedido a una de sus empresas, pese a que se trataba de hechos anteriores a la llegada de Díaz Ayuso a la primera línea. Tampoco hubo pudor alguno en apuntar a su hermano, Tomás, que toda la vida se he dedicado al negocio del material sanitario, por intermediar en un contrato de emergencia de mascarillas durante la pandemia. La Fiscalía Anticorrupción investigó el caso y no encontró nada irregular, pero el impacto de su carrera política en la vida de los suyos llegaba, incluso, hasta la puerta del colegio de sus sobrinos.
Seca la vaca de las infamias familiares, llegó la obsesión contra su pareja Alberto González Amador quien investigado por presunto fraude fiscal y una posible comisión irregular vinculada a la compra de una sociedad de estética, llegó a involucrar a la mismísima Fiscalía General del Estado en una “operación” diseñada desde Moncloa para convertir los asuntos tributarios de un ciudadano particular en un caso de equiparable a la corrupción que salpica al núcleo duro de Sánchez. En un país en el que miles de empresarios y autónomos sufren, a diario, inspecciones fiscales, el aparato del poder ejecutivo puso en marcha su máquina del fango para filtrar datos reservados del expediente del novio de Ayuso para su difusión mediática. Un episodio dantesco y sin precedentes que terminó con la inhabilitación de Alvaro García Ortiz reforzando las evidencias de que se usaron recursos e instituciones públicos, de forma irregular, para dañar políticamente a una presidenta autonómica que lo es por mayoría absoluta.
A medida que cada escándalo alimentado por Sánchez fracasaba, surgía un nuevo intento por dinamitar a Doña Isabel desde otro flanco. La gestión de las residencias de ancianos durante la COVID-19 ha sido uno de los frentes más duros y persistentes. Ayuso y su Gobierno eran acusados de asesinato e incluso “genocidio” por los “protocolos de la vergüenza”, que supuestamente impedían derivar a ancianos de residencias a hospitales, por razones de edad, para evitar el colapso sanitario. La realidad judicial ha sido implacable archivando más de 143 denuncias -92 causas y 50 diligencias pre procesales- sin indicios de delito, según datos del propio Ministerio Público. La sanitaria ha confirmado que derivar a esos mayores no habría evitado su muerte o que otras comunidades sufriesen una oleada todavía más trágica: esto tampoco ha saciado las expectativas de los odiadores profesionales.
No contentas con el aluvión de derrotas, evidentes, en todos los ámbitos, las ‘cloacas’ socialistas ponían en marcha un último chantaje, el desprecio fabricado para presentar a la opinión pública una Guardia Civil contraria a la figura de Díaz Ayuso y a su presencia en Madridincapaces de asimilar la mejor gestión de las últimas décadas. Isabel personaliza los traumas de quienes han entregado su día a día al intento por neutralizar a la principal rival de Sánchez. Y, en esa batalla infame han jugado a la polarización extrema hasta el punto de normalizar el uso de datos personales, filtraciones y el escrutinio obsceno y desproporcionado del Ámbito privado.
Isabel Díaz Ayuso, Doña Isabel, ha soportado sin quejarse, en un sepulcral silencio, desde 2019, una cacería sin precedentes en la política española pese a estar entrenada en la crítica más dura y aciaga. Pese a ello, la presidenta de Madrid sigue contando con el más amplio apoyo electoral en su tierra. Una distancia que crece ante el maltrato de sus adversarios, lo que sugiere que los ciudadanos distinguen entre el ruido mediático y las evidencias del trabajo bien hecho.





















