Isabel Salazar, directora general de Fundación Telefónica. - JAVIER ARIAS - ArchivoEuropa afronta una carrera decisiva para reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China. El 86% de los españoles considera que el continente debe desarrollar plataformas y tecnologías propias para competir internacionalmente, mientras que el 82% percibe una elevada dependencia de compañías extranjeras, según el informe ‘Soberanía Digital en Europa 2026’, elaborado por Fundación Telefónica junto a Metroscopia.
La directora general de Fundación Telefónica, Isabel Salazar, considera que Europa tiene capacidad para ganar autonomía tecnológica durante la próxima década, pero advierte de que deberá acelerar el desarrollo, la adopción y la expansión de las tecnologías estratégicas.
Salazar ha defendido que el avance europeo deberá apoyarse en tres pilares: “competitividad, innovación y confianza”. El reto, explica, no consiste únicamente en crear nuevas soluciones, sino en conseguir que puedan crecer, atraer inversiones y competir con los grandes grupos tecnológicos internacionales.
“Si conseguimos combinar competitividad, innovación y confianza, Europa estará en una posición mucho más fuerte y autónoma tecnológicamente”, ha asegurado.
Una dependencia que preocupa a ciudadanos y empresas
El diagnóstico recogido en el informe revela una preocupación ampliamente compartida. El 82% de los ciudadanos y el 86% de las empresas considera que Europa depende mucho o bastante de compañías tecnológicas de otros países.
Además, el 69% de los españoles y el 73% de las empresas creen que Europa se está quedando atrás frente a Estados Unidos y China. Un 62% de los ciudadanos considera incluso que esta dependencia puede representar una amenaza para la seguridad europea.
Estados Unidos y China han construido durante los últimos años ecosistemas que combinan capacidad industrial, grandes plataformas digitales, infraestructuras, liderazgo en inteligencia artificial y fuertes niveles de inversión. Frente a ellos, Europa cuenta con universidades, centros de investigación, empresas innovadoras y una importante base industrial, pero continúa encontrando dificultades para convertir ese conocimiento en proyectos de gran escala.
Para Isabel Salazar, el problema europeo no es tanto la ausencia de innovación como la dificultad para trasladarla al mercado y conseguir que alcance una dimensión internacional.
Europa necesita, a su juicio, mejorar el acceso a la financiación, reforzar la cooperación entre países y avanzar en la coordinación entre administraciones, empresas, universidades y centros tecnológicos. También considera necesario impulsar compañías europeas capaces de competir con los grandes actores mundiales.
Inteligencia artificial, nube y ciberseguridad
La inteligencia artificial aparece como una de las áreas prioritarias para reducir la dependencia exterior. Salazar también señala como estratégicos los servicios en la nube, los centros de datos, la ciberseguridad, las redes de telecomunicaciones y la computación cuántica.
Estas tecnologías no solo condicionan la competitividad de las empresas. También determinan dónde se almacenan los datos, quién tiene acceso a ellos, bajo qué normas se utilizan y qué capacidad conserva Europa para reaccionar ante incidentes tecnológicos o amenazas de seguridad.
Los ciudadanos identifican precisamente estas infraestructuras como elementos fundamentales para alcanzar una mayor autonomía. El 86% considera prioritario contar con capacidades propias en ciberseguridad y telecomunicaciones, el 83% señala los centros de datos y el 79% destaca los servicios en la nube.
Aunque solamente el 29% de los ciudadanos afirma conocer el significado del concepto de soberanía digital, la preocupación por sus consecuencias es mucho más elevada. La gestión de la información bancaria, fiscal, sanitaria o de localización figura entre las principales inquietudes relacionadas con el uso de plataformas tecnológicas extranjeras.
“La tecnología ya no es solo una cuestión económica o empresarial, sino también una cuestión de competitividad, seguridad y autonomía estratégica”, sostiene Salazar.
Siete de cada diez elegirían una plataforma europea
El estudio también apunta a la existencia de un mercado potencial para las soluciones desarrolladas en Europa. El 70% de los ciudadanos asegura que daría prioridad a una plataforma europea si ofreciera unas prestaciones equivalentes a las de una alternativa extranjera.
Asimismo, el 87% de los ciudadanos y el 91% de las empresas consideran que los gobiernos europeos deberían apoyar activamente el desarrollo de tecnologías propias.
Para la directora general de Fundación Telefónica, estas cifras demuestran que existe una demanda social y empresarial, aunque todavía sea necesario mejorar el conocimiento y la visibilidad de las plataformas europeas.
El desafío pasa ahora por conectar talento, conocimiento, capacidad industrial e inversión dentro de una estrategia común. También será necesario formar profesionales especializados en ámbitos como la inteligencia artificial, la ciberseguridad o la computación cuántica y crear entornos que permitan transformar la investigación en productos y servicios aplicables.
Un espacio para pasar de la reflexión a la acción
Con este objetivo, Fundación Telefónica ha puesto en marcha ‘THINK&DO TECH’, una iniciativa concebida para reunir a representantes del ámbito tecnológico, científico, empresarial, institucional y social.
El proyecto pretende conectar el análisis estratégico con actuaciones concretas, identificar las fortalezas y carencias del ecosistema europeo, promover alianzas, impulsar el talento especializado y contribuir a construir una visión compartida sobre el futuro tecnológico del continente.
La iniciativa parte de la idea de que Europa no tiene que renunciar a sus principios democráticos y sociales para competir internacionalmente. Al contrario, Salazar defiende un modelo tecnológico capaz de combinar escala, innovación y rentabilidad con la protección de los derechos, la seguridad y la confianza de los ciudadanos.
Pese a la preocupación existente, el informe también refleja cierto optimismo: el 54% de los ciudadanos y las empresas cree que la soberanía tecnológica europea aumentará durante los próximos diez años.
Para convertir esa expectativa en realidad, Europa deberá acelerar. El talento y el conocimiento ya están sobre la mesa; el verdadero examen será transformarlos en tecnología propia capaz de competir en un mercado dominado por gigantes.









