Una decisión que no puede esperar

España ha demostrado con el programa F-110 que dispone de la capacidad para diseñar y construir uno de los buques de combate más avanzados del mundo. Las cinco unidades actualmente contratadas avanzan conforme al calendario, e incluso se han alcanzado algunos hitos industriales que se están dando antes de lo previsto. Este éxito no debería conducir a la complacencia, sino precisamente a planificar el siguiente paso.
En ese sentido debemos enmarcar la petición realizada por el comité de empresa de Navantia Ferrol para que el Ministerio de Defensa formalice cuanto antes el encargo de dos fragatas F-110 adicionales, aunque venga disfrazada de reivindicación sindical.
El anuncio de dos nuevas fragatas permitiría garantizar la continuidad de la carga de trabajo del astillero de Ferrol y, con ello, mantener miles de empleos directos e indirectos altamente especializados.
La estabilidad también beneficiaría a la industria auxiliar. El programa F-110 moviliza a centenares de empresas repartidas por toda España, muchas de ellas pequeñas y medianas empresas altamente tecnológicas que necesitan previsibilidad para invertir, contratar personal y desarrollar nuevas capacidades.
La construcción naval militar es una industria que exige planificación a largo plazo. Esperar a que el programa actual esté próximo a finalizar para decidir sobre una segunda serie supondría introducir incertidumbre en toda la cadena industrial.
Desde el punto de vista económico, una segunda serie también presenta ventajas evidentes. Al mantenerse abierta la línea de producción, se aprovechan las inversiones realizadas, conservando las cadenas logísticas reduciendo los costes derivados de reiniciar procesos industriales.
A ello se suma un aspecto operativo nada desdeñable. Las denominadas F-110 Flight II permitirían incorporar las mejoras derivadas de la experiencia obtenida durante la construcción y puesta en servicio de las primeras unidades, incrementando sus capacidades sin necesidad de desarrollar un diseño completamente nuevo. Es una evolución natural que siguen la mayoría de las grandes marinas del mundo.
La cuestión trasciende, por tanto, el ámbito local de Ferrol. Estamos ante una decisión que afecta a la capacidad industrial de España, al mantenimiento de una base tecnológica de defensa de alto nivel y a la autonomía estratégica nacional, por no hablar del componente exportador que puede tener mantener la línea de producción.
La inversión en defensa no solo proporciona capacidades militares; también genera empleo de alta cualificación, impulsa la innovación tecnológica y fortalece sectores industriales con un elevado efecto tractor sobre la economía.
Por todo ello, el anuncio de las dos fragatas adicionales no debería demorarse. Las decisiones industriales de mayor relevancia no se toman cuando aparece el problema, sino cuando todavía hay tiempo para evitarlo. En el caso de las F-110, ese momento es ahora.



















