¿Paisaje despejado o puerto vivo? El debate sobre el modelo del frente marítimo de Cartagena
El puerto de Cartagena en todo su esplendor: crucero, buque de guerra, embarcación de recreo y de Salvamento Marítimo conviven en la misma bahía; al fondo, el puerto de pesca.El puerto de Cartagena tiene sitio para casi todo: cruceros de miles de pasajeros, buques de guerra, veleros de regata, clubes náuticos centenarios y astilleros en pleno funcionamiento. Lo que todavía no tiene resuelto es un acuerdo sobre qué debe primar en ese frente: el paisaje despejado o la actividad náutica que ya lo ocupa. Esta entrega recoge ese debate y la propuesta concreta —aprobada en 2005 y nunca ejecutada— aún sin decisión.
Cartagena genera vida urbana intensa en fechas señaladas. El Ayuntamiento aprobó en febrero de 2026 la suspensión de los objetivos de calidad acústica para 42 eventos a lo largo del año, con la Plaza del Ayuntamiento acumulando al menos 7: Carnaval, Semana Santa, La Mar de Músicas, Cartagineses y Romanos, Navidad. Esa energía no llega al frente marítimo a diario. El paseo necesita ser destino, no camino de paso.
Cándido Román: la misma exigencia, otro tramo
Cándido Román, ya reclamó en la entrega anterior despejar el frente marítimo de embarcaciones y obstáculos. Ahora aplica el mismo criterio al tramo de entrada desde Héroes de Cavite:
«El escaparate de entrada, el frontal de la plaza de Los Héroes de Cavite y la Muralla, debe estar muy despejado para que los ciudadanos puedan pasear hacia la izquierda, que es Santa Lucía, y no se vean con obstáculos permanentemente en su paseo.»
— Cándido Román, catedrático de Historia Económica (ULL)
José Ángel Díaz Beltrán: el puerto como conjunto
No todos comparten ese diagnóstico. José Ángel Díaz Beltrán defiende una lectura radicalmente distinta:
«El puerto es un conjunto. Cuando entro y veo un barco de pesca lleno de gaviotas, el submarino, las maniobras… eso es lo que le llama la atención a la gente que no es de aquí. Y a los de aquí nos hace sentir acompañados.»
«Un crucero siempre tiene vida, siempre hay alguien moviéndose por la ciudad. Al fin y al cabo, son 50 o 60 días los que ocupan. A mí una sombra no me preocupa.»
— José Ángel Díaz Beltrán, empresario, profesional de referencia en el sector de la hostelería del sureste español.
Dos personas que conocen el puerto a fondo llegan a conclusiones opuestas: un debate real que ninguna institución ha tenido interés en arbitrar.
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El economista Ignacio Segura tiene otra opinión: invierte el orden de causalidad que suele darse por hecho.
«Lo importante no es intentar atraer hostelería al paseo. Es al revés: si conseguimos darle vida al frente marítimo —con eventos de todo tipo, no solo puntuales—, será la propia hostelería la que se dispute los sitios para instalarse allí.»
— Ignacio Segura, economista.
Despejar el frente tiene una solución concreta
Salvador Villegas, presidente de la asociación Origen, Defensa de la Memoria y el Patrimonio, propone trasladar los barcos de recreo que tapan la visión del mar. Existe un proyecto aprobado y no ejecutado para hacerlo:
«Desde el club náutico de Beltrí hasta el monumento a Santiago, exceptuando el puerto de pescadores, debería ser playa urbana. Para quitar los barcos de recreo habría que recuperar el proyecto aprobado en 2007 de construir un puerto deportivo en la parte exterior del muelle de Curra, dejando despejado el frente marítimo para que lo disfruten vecinos y turistas. Generaría además la necesidad de construir más hoteles.»
— Salvador Villegas, presidente de la asociación Origen.
La propuesta de Villegas no es nueva ni utópica: el Ministerio de Fomento aprobó en 2005 la modificación del Plan de Utilización de Espacios Portuarios que habilitaba esa marina exterior —600 embarcaciones, 30 años de concesión—, con Declaración de Impacto Ambiental en 2007. La concesión, adjudicada a la UTE Marina Cartagena, fue devuelta en 2011 sin que nadie la retomara.
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Aureliano Rodríguez, investigador cartagenero, defiende ese mismo argumento con mayor amplitud:
«Cartagena no debe vivir de espaldas a su bahía. El antiguo muelle, hoy infrautilizado y convertido en barrera visual, debería recuperarse para uso público mediante un desmontaje selectivo y patrimonialmente controlado, trasladando piezas de valor a un museo, reubicando actividades económicas y abriendo una playa urbana continua desde la Escala Real hasta el Faro de la Curra. No sería destruir puerto: sería devolver el mar a la ciudad, ganar espacio ciudadano, paisaje, turismo, salud urbana y valor económico para Cartagena.»
— Aureliano Rodríguez, investigador cartagenero.
Hay una aspiración —sin fecha ni proyecto, solo a muy largo plazo mientras la actividad militar siga vigente y en expansión— de que el Arsenal Militar se abra parcialmente al uso ciudadano y el paseo se prolongue hasta Navantia.
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El debate sobre qué debe primar en el frente marítimo —el paisaje abierto o la actividad náutica ya establecida— tiene un caso concreto en el Espalmador, frente al Fuerte de Navidad: la concesión del Club Náutico El Chalet, recogida en el BOE-B-2014-5674, ocupa 639 metros cuadrados de superficie y 10.203 metros cuadrados de lámina de agua, con 225 puntos de amarre. Es un nodo de conflicto entre peatones, ciclistas, tráfico rodado y uso náutico, justo donde debería discurrir el paseo continuo hacia el Faro de Navidad.
El presidente de la Cámara de Comercio, Miguel Agustín Martínez Bernal, añade que en la antigua dársena de botes —donde hoy se encuentra la Cola de la Ballena— ya existió un servicio de barcos “golondrina”, hoy desaparecido, que trasladaba pasajeros a las calas cercanas. Y propone instalar pequeñas estructuras flotantes para el baño entre Cala Cortina y el Faro de la Curra, y entre el Faro de Navidad y la desembocadura de la Rambla de Benipila, accesibles en barco como ya funciona en Torrevieja o Benidorm. Cartagena tiene las calas. Tiene el puerto. Lo que no tiene es el modelo que las una.
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ASCAR y la Lonja: el paseo cortado en el otro extremo
El mismo patrón se repite en el extremo opuesto del trazado, camino de Santa Lucía. Las instalaciones de Astilleros de Cartagena (ASCAR) —varadero, mantenimiento naval, efectos náuticos— ocupan el tramo por el que el paseo debería continuar de forma natural. No hay constancia pública de que la reforma en marcha vaya a modificar su actual cerramiento.
Justo al lado, la Lonja de Pescadores de Cartagena, patrimonio portuario vivo, sí aparece en los renders del proyecto sin el vallado exterior que la separa hoy del entorno. En la misma línea que resumía el vicepresidente de la Autoridad Portuaria, Pedro Pablo Hernández, al presentar el nuevo edificio administrativo de Santa Lucía:
«El propósito del Puerto es seguir abriendo la ciudad al mar, eliminando todas aquellas barreras que impiden que el ciudadano acceda al frente marítimo. Este proyecto tiene un especial protagonismo haciendo accesible el frente marítimo de Santa Lucía a los vecinos. (...) Será la primera vez que el frente marítimo de Santa Lucía se haga accesible para todos los vecinos, lo que repercutirá en la calidad de vida de los ciudadanos y en potenciar la identidad del lugar.»
— Pedro Pablo Hernández, vicepresidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena, octubre de 2024.
Queda por saber si esa misma lógica alcanzará también al astillero.
Esa distancia entre lo que un candidato promete en campaña y lo que después, ya en el gobierno, se limita a aplaudir es el asunto de la siguiente entrega de esta serie.




















