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Opinión |
Martes, 04 de Diciembre de 2012

Un ferrocarril liberalizado

ADIF acumulaba una deuda de 14.000 millones de euros como consecuencia de una planificación basada en el endeudamiento desaforado. Entre 2005 y 2011 se adquirieron compromisos de 4.300 millones de euros al año, cuando tan sólo se disponía de 574 millones en los presupuestos.

Estas palabras las pronunciaba el pasado martes 27 de noviembre Ana Pastor, la Ministra de Fomento, en el Foro Cinco Días para justificar la liberalización del sector ferroviario, que cuenta con una situación ruinosa en sus empresas  supuestamente emblemáticas, como ADIF, RENFE o FEVE. Y lo hacía ante más de 200 representantes públicos y privados del sector de las infraestructuras, que acogieron -sobre todo los últimos- con alegría mal contenida las medidas largamente esperadas de liberalización del sector ferroviario. Un sector muy mal gestionado, como retiradamente se ha puesto de manifiesto en los diversos foros celebrados por todas las asociaciones de los sectores logísticos implicados en la intermodalidad del transporte: carretera, ferrocarril, marítimo y portuario.

La decisión de liberalizar el sector ferroviario abre una esperanzadora e ilusionante vía de desarrollo de todos los sectores logísticos y aporta una elevada dosis de viabilidad al planteamiento de la intermodalidad recogido en el PITVI, de la que se encontraba huérfano hasta el momento. Y refuerza la evolución del transporte ferroviario de mercancías y el transporte ferroviario en la Red Core Network.

Una excelente noticia que se ha hecho esperar demasiado.

Lo que merece una reflexión detenida es ese endeudamiento desaforado de ADIF al que aludía la Ministra de Fomento, que no ha sido un fenómeno aislado, sino que se ha producido de manera continuada. En cuanto a la magnitud, la deuda generada sólo por ADIF equivale a dos años de facturación de todas las ingenierías de TECNIBERIA. Eso en un país que cuenta con ingenierías austeras y eficaces, capaces de evitar gastos no deseados elaborando proyectos rigurosos y realizando completos -y no menos rigurosos- seguimientos de las obras proyectadas. Y que esos ingenieros tienen que abandonar este país en busca de empleo por una mala gestión continuada de las empresas públicas.

En definitiva, bienvenida liberalización, magnífica noticia para todo el sector logístico.

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