2013, Año Mariano
Que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces en la misma piedra es una verdad avalada por datos empíricos. Y que ese mamífero bípedo incluido en el subgrupo de la especie humana que conocemos como político se las pinta solito para lograrlo además con el mismo pie, también. De ahí, digo yo, que Cristóbal Montoro haya echado mano del argumentario volviendo a situar el final de la crisis y el comienzo de la redención en 2013 justo al socaire del regreso de Berlusconi y su séquito de "velinas" al circo de la cosa pública italiana y europea.
Es decir, acuciado por la necesidad de sembrar ilusión y obviando el contrastado hecho de que, hasta aquí, el Gobierno ha fallado escrupulosamente en todas sus predicciones, el ministro de Hacienda arriesga con su órdago sin tomar en consideración la manida teoría del caos, que, entre otras cosas, demostraría que el aleteo de una mariposa en Pekín puede originar un huracán en Estados Unidos. Vamos, que el mero anuncio de la resurrección de "Il Cavaliere" supuso en primera instancia un repunte en la prima de riesgo del país transalpino con el consiguiente rebote para su parienta española y, por extensión, para la financiación patria.
Pese a su terminación en doce más uno, 2013 empieza a parecerse a un año santo compostelano o, mejor, a un clavo ardiendo al que se aferran tirios y troyanos en la confianza de lograr las indulgencias plenarias de rigor. Mariano Rajoy recurre al mantra a rebufo de los análisis de los organismos internacionales que, por lo demás, se empeñan en demostrar su portentosa falta de puntería. Con ello, el jefe del Ejecutivo, que se ha puesto la realidad por montera, envía al limbo del largo plazo las cualidades taumatúrgicas que determinaron hace un año su elección casi por aclamación como gestor de la miseria. El presidente ubica en el segundo semestre del año próximo el principio del fin de la catástrofe haciendo gala de forma temeraria de una precisión que, otra vez, pasa por alto la eventualidad de factores exógenos que deberían animarle a observar un mínimo de prudencia para no añadir un punto más de frustración en el ánimo de la desangelada ciudadanía. O endógenos, como la sospecha de que la petición de un rescate global supondría un terremoto contable de magnitud desconocida y con efectos sociales susceptibles de aguarle el advenimiento de la fiesta que parece situar por decreto en el 1 de enero de 2014.
Otros artículos de Jesús Alonso
Es decir, acuciado por la necesidad de sembrar ilusión y obviando el contrastado hecho de que, hasta aquí, el Gobierno ha fallado escrupulosamente en todas sus predicciones, el ministro de Hacienda arriesga con su órdago sin tomar en consideración la manida teoría del caos, que, entre otras cosas, demostraría que el aleteo de una mariposa en Pekín puede originar un huracán en Estados Unidos. Vamos, que el mero anuncio de la resurrección de "Il Cavaliere" supuso en primera instancia un repunte en la prima de riesgo del país transalpino con el consiguiente rebote para su parienta española y, por extensión, para la financiación patria.
Pese a su terminación en doce más uno, 2013 empieza a parecerse a un año santo compostelano o, mejor, a un clavo ardiendo al que se aferran tirios y troyanos en la confianza de lograr las indulgencias plenarias de rigor. Mariano Rajoy recurre al mantra a rebufo de los análisis de los organismos internacionales que, por lo demás, se empeñan en demostrar su portentosa falta de puntería. Con ello, el jefe del Ejecutivo, que se ha puesto la realidad por montera, envía al limbo del largo plazo las cualidades taumatúrgicas que determinaron hace un año su elección casi por aclamación como gestor de la miseria. El presidente ubica en el segundo semestre del año próximo el principio del fin de la catástrofe haciendo gala de forma temeraria de una precisión que, otra vez, pasa por alto la eventualidad de factores exógenos que deberían animarle a observar un mínimo de prudencia para no añadir un punto más de frustración en el ánimo de la desangelada ciudadanía. O endógenos, como la sospecha de que la petición de un rescate global supondría un terremoto contable de magnitud desconocida y con efectos sociales susceptibles de aguarle el advenimiento de la fiesta que parece situar por decreto en el 1 de enero de 2014.
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