El error Maya, ¿y ahora qué?
Para nuestra inmensa fortuna los Mayas se equivocaron y el pasado 21-12-12 no se acabó el mundo, o eso creo yo, pues sigo percibiendo las mismas cosas que percibía antes, así que, o ya estaba muerto y en mi juicio final fui condenado a vagar por el infierno y padecer los males que venimos soportando o, por el contrario, estos “atrevidos analistas” la han metido hasta el corvejón. Ahora bien, en lo que si acertaron fue en elegir las fechas para situar tan apocalíptico final y es que en los tiempos que corren ya estamos más que acostumbrados a que las previsiones fallen, por lo que se evitaran sufrir el escarnio público que estos atrevimientos merecerían, ya que su desliz quedará disimulado entre los muchos erróneos pronósticos con los que nos han inundado durante estos azarosos años.
Por supuesto que el dislate Maya ha significado una buenísima noticia para la humanidad, aunque ya supongo que para aquellos que lo dieron por bueno y se dejaron una “buena pasta” en construirse bunkers, lo cual me pregunto para qué, porque si el mundo se iba a acabar que narices pintaban estos exclusivos individuos vagando en absoluta soledad por el erial que se suponía iba a quedar, en el supuesto caso de que quedará algo, claro está, o para aquellos que, pensando que la vida efectivamente iban a ser dos días, se corrieron la gran juerga y dilapidaron lo poco o mucho que les quedase, pero bueno, a estos que le quiten lo bailado, o por último, aquellos que no le veían el sentido a que unos pocos nos empeñáramos en buscar soluciones para tanta tortura económica y viniéramos promoviendo una cultura del cambio, que acabase con tanto padecimiento y nos posicionará de nuevo en una senda de relativa prosperidad y creación de riqueza real. Pues bien, ¿y ahora qué?
Pues ahora, no nos queda más remedio que tomarnos en serio la cuestión del cambio, asumiendo que el criterio de continuidad se ha hecho bueno y debemos aplicarlo sin mayor dilación, reflexionando sobre nuestra situación y los medios que tenemos a nuestro alcance. Como ya comentaba en mi anterior entrada, a cuyo texto me remito y desecho reproducir para evitar la redundancia, tenemos a nuestro favor la teoría de “El Coste de Oportunidad”.
Una vez más, tengo que volver a citar a Stephen R. Covey y considerar su división de ámbitos que afectan al ser humano, por un lado el “círculo de influencia” y por otro el “círculo de las preocupaciones”, siendo el primero en el que debemos centrarnos y actuar con suma proactividad, pues influye sobre las cosas que realmente podemos cambiar y que, dependiendo de nuestro acierto, pueden resultar una tremenda mejora y aportarnos una ventaja real que se materialice en un beneficio tangible. Por el contrario, el segundo círculo se refiere a nuestro entorno, consistiendo en aquellas circunstancias que, si bien nos afectan directamente y son objeto de preocupación, no podemos cambiar, al menos en el corto plazo, y por tanto, consumir energía en su tratamiento u obsesionarse con su existencia, tomándola incluso como excusa para no hacer nada, no será, en modo alguno, beneficioso para nosotros.Así pues, se acabaron las excusas, al menos en cuanto a los Mayas se refiere, y ha llegado el momento de ponernos manos a la obra, actuando sobre esas cuestiones más intrínsecas, incluidas en nuestro círculo de influencia que, corregidas eficazmente, nos reportarán la mejoría que necesitamos para salir del atolladero en el que estamos y que de pura lógica no podemos mantener infinitamente, salvo que queramos que los Mayas, de una vez por todas, acierten en su fatal augurio y puedan descansar, como ya les ha sucedido a muchos de nuestros “afanados analistas”, una vez nos hemos empeñado en confirmar sus fatales vaticinios.





















