Oportunidades perdidas
Cuando empresas, familias, otros entes sociales, etc. entran en crisis no es fácil encontrar una palanca que pueda dar la vuelta a esa situación para, con los necesarios sacrificios, recortes, ajustes, y lo que se le ocurra al consultor, volver lentamente a una situación de crecimiento equilibrado, o simplemente de equilibrio que nunca se debió perder.
Nuestro país tiene un déficit estructural que puede rondar los 60.000 millones de euros pero sube día a día por el crecimiento de la deuda pública, los rescates bancarios y la tozudez política de no iniciar las reformas que pide la sociedad, que aconsejan consultores (con mayúscula) y que desde organismos exteriores nos reclaman por activa y pasiva. Aun así, este gran país, llamado España sin discusión alguna, tiene al menos tres palancas sobre las que actuar y presionar para acabar con una situación que por mucho optimismo que pongamos sigue teniendo un final incierto.
La primera es la economía sumergida, hija predilecta de la corrupción generalizada y ejemplarizada por muchos de nuestros ejemplos a seguir. Acabar con ella no es fácil, pero decenas de gente a la cárcel ayudaría bastante.
La segunda, el adelgazamiento de nuestra estructura política. Sabemos que tenemos el doble de políticos y adlateres que Italia y el triple de Alemania. No hay que hacer mas cometario. Ver como Arenas y Zarrias no se ponen de acuerdo, y que a los dos días de pedir el gobierno a su partido y a la oposición que vean de reducir nº de concejales, agrupar Ayuntamientos y estudiar la reforma de la administración autónoma – sin perder de vista el Senado – hagan un comunicado diciendo que no alcanzan acuerdos es cuando menos decepcionante no les interesa.
La tercera palanca es la reducción, estudiada, racional pero implacable del número de funcionarios públicos. En los últimos años hemos vistos crecer desmesuradamente su número doblando servicios, triplicando competencias y alcanzando cotas de remuneración, de baja productividad y absentismo fuera de lo razonable. Reconducir este hecho será muy complejo pues, sindicatos y escaqueados nos pondrán siempre por delante a trabajadores cumplidores. Eso sin contar con la ayuda inestimable de un estado de bienestar añorado no por la calidad de los servicios sino por la pérdida de remuneración y privilegios que siempre supone haber más gente de la necesaria en muchos lugares de las administraciones públicas.
Las tres palancas han sido cuantificadas varias veces. La primera, son ingresos que pierde el Estado por valor de 70/80.000 millones de euros anuales.
La segunda, está muy cercana a los 50.000 millones de euros, hablamos de reducir un 60/65% el gasto de la estructura política. Metan ustedes en esa reducción lo que todos sabemos, incluidos ellos, que debe desaparecer.
La tercera, más trabajosa, compleja y proyectada a medio plazo por no fastidiar mas a los sufridos funcionarios también estaría evaluada en un ahorro cercano a los 60.000 millones de euros.
En resumen cualquiera de las tres, incluso su mezcla podría en el corto y medio plazo hacer recuperar a España su equilibrio económico estatal haciendo desaparecer un déficit que se sostiene por intereses, que es nuestro principal enemigo y que el gobierno está intentando contener con medidas impopulares y subidas de impuestos que no favorecen reactivación económica, como todos conocemos.
Vayamos a por las palancas que nos pueden impulsar y lleguemos a un pacto de estado que nos traiga además listas abiertas e independencia judicial. Otras grandes decepciones.
Más artículos de Eugenio Pedreño en su blog del Círculo de Economía
Nuestro país tiene un déficit estructural que puede rondar los 60.000 millones de euros pero sube día a día por el crecimiento de la deuda pública, los rescates bancarios y la tozudez política de no iniciar las reformas que pide la sociedad, que aconsejan consultores (con mayúscula) y que desde organismos exteriores nos reclaman por activa y pasiva. Aun así, este gran país, llamado España sin discusión alguna, tiene al menos tres palancas sobre las que actuar y presionar para acabar con una situación que por mucho optimismo que pongamos sigue teniendo un final incierto.
La primera es la economía sumergida, hija predilecta de la corrupción generalizada y ejemplarizada por muchos de nuestros ejemplos a seguir. Acabar con ella no es fácil, pero decenas de gente a la cárcel ayudaría bastante.
La segunda, el adelgazamiento de nuestra estructura política. Sabemos que tenemos el doble de políticos y adlateres que Italia y el triple de Alemania. No hay que hacer mas cometario. Ver como Arenas y Zarrias no se ponen de acuerdo, y que a los dos días de pedir el gobierno a su partido y a la oposición que vean de reducir nº de concejales, agrupar Ayuntamientos y estudiar la reforma de la administración autónoma – sin perder de vista el Senado – hagan un comunicado diciendo que no alcanzan acuerdos es cuando menos decepcionante no les interesa.
La tercera palanca es la reducción, estudiada, racional pero implacable del número de funcionarios públicos. En los últimos años hemos vistos crecer desmesuradamente su número doblando servicios, triplicando competencias y alcanzando cotas de remuneración, de baja productividad y absentismo fuera de lo razonable. Reconducir este hecho será muy complejo pues, sindicatos y escaqueados nos pondrán siempre por delante a trabajadores cumplidores. Eso sin contar con la ayuda inestimable de un estado de bienestar añorado no por la calidad de los servicios sino por la pérdida de remuneración y privilegios que siempre supone haber más gente de la necesaria en muchos lugares de las administraciones públicas.
Las tres palancas han sido cuantificadas varias veces. La primera, son ingresos que pierde el Estado por valor de 70/80.000 millones de euros anuales.
La segunda, está muy cercana a los 50.000 millones de euros, hablamos de reducir un 60/65% el gasto de la estructura política. Metan ustedes en esa reducción lo que todos sabemos, incluidos ellos, que debe desaparecer.
La tercera, más trabajosa, compleja y proyectada a medio plazo por no fastidiar mas a los sufridos funcionarios también estaría evaluada en un ahorro cercano a los 60.000 millones de euros.
En resumen cualquiera de las tres, incluso su mezcla podría en el corto y medio plazo hacer recuperar a España su equilibrio económico estatal haciendo desaparecer un déficit que se sostiene por intereses, que es nuestro principal enemigo y que el gobierno está intentando contener con medidas impopulares y subidas de impuestos que no favorecen reactivación económica, como todos conocemos.
Vayamos a por las palancas que nos pueden impulsar y lleguemos a un pacto de estado que nos traiga además listas abiertas e independencia judicial. Otras grandes decepciones.
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