Los errores más comunes de las compañías que intentan exportar son el elevado grado de improvisación y la visión a corto plazo
Ante un escenario como el actual, con evidentes perspectivas de estancamiento y con una demanda interna en débil recuperación, numerosas empresas se están planteando la internacionalización como posible solución a sus problemas. Lo demuestra el hecho de que, en 2011, se incrementase un 12,6% el número de empresas exportadoras en España, respecto al año anterior, según datos del perfil de la empresa exportadora del ICEX. Sin embargo, aún nos queda mucho camino por recorrer, ya que apenas cuatro de cada 100 empresas españolas operan en mercados internacionales, concretamente la tasa es del 3,84%, a 1 de enero de 2012, según un estudio de la consultora Fenac. Este hecho pone en evidencia el enorme potencial de crecimiento y el reto que la globalización de la economía representa para las empresas.
Las economías modernas y globalizadas son actualmente economías de servicios. Si bien es cierto que el comercio de mercancías representa cuatro veces el de servicios, durante los últimos años la evolución ha sido más favorable a éste último, como explica el crecimiento a dos dígitos que experimentaron en el año 2011 las exportaciones mundiales de servicios comerciales hasta llegar al 11%. En este mismo año, la mitad de las exportaciones mundiales de servicios comerciales correspondieron a servicios de viajes y otros servicios prestados a las empresas, los denominados Servicios Avanzados a Empresas (SAE), hasta alcanzar el 25,7% del total estos últimos.
Si bien es cierto que no todas las empresas que quieren exportar sus bienes o servicios están preparadas para ello, hay muchos casos en los que, empresas que sí lo están, no se atreven a hacerlo por falta de apoyo. En una decisión como esta no se puede trivializar el riesgo que implica. La introducción y, sobre todo, la consolidación de la presencia en los mercados internacionales exigen grandes dosis de planificación y recursos. En este contexto, la consultoría especializada en la internacionalización empresarial cumple un papel preferente en España aportando la estrategia y organización necesarias para internacionalizarse, el acompañamiento de la empresa a un escenario totalmente distinto al que está acostumbrado a desenvolverse y el conocimiento de los mercados, es decir, de las barreras de entrada y de las reglas de funcionamiento interno, lo que ayuda a evitar a las empresas los errores más comunes que se producen en este proceso, entre los que destacan el elevado grado de improvisación y la visión a corto plazo.







