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Opinión |
Jueves, 31 de Enero de 2013

La escultura parlante

Tengo la costumbre de hablar con mis muebles. No puede decirse que sean conversaciones de alto nivel, en realidad la cosa se reduce a que cuando me tropiezo con ellos les pido disculpas, naturalmente ellos nunca me responden, pero, en concreto, hay una mesa con la que choco con bastante frecuencia y sé que hasta que no le digo que lo siento, me mira mal.
Algunas mañanas, cuando me levanto y paso por su lado, tengo la sensación de que se ha movido en dirección a mi dormitorio y estoy convencida de que si las noches fueran más largas, conseguiría acercarse a mi cama y me estrangularía con sus cuatro patas. Sé que me la tiene jurada.

Personalmente preferiría que lo habláramos, pero, claro, las mesas no hablan, aunque no descarto que podamos arreglarnos desde que sé que a Ripollés le ha hablado su escultura.
Juan Ripollés es un artista valenciano de 80 años, muy excéntrico y singular, tanto en lo personal como en lo artístico. Se lo reconoce fácilmente porque forma parte de su atuendo inseparable un pañuelo a la cabeza del que salen dos cuernecitos hacia arriba cual bigotes de Dalí sobre la testa y en la boca nunca le falta una ramita entre los dientes que luce con el mismo garbo que Lucky Luke cuando decidió dejar de fumar y sustituyó su sempiterna colilla por una espiga de trigo.

A Ripo, como les decía, le ha hablado una escultura suya que se cayó el sábado pasado a causa de los fuertes vientos. Una no sabe si es más sorprendente que una escultura hable o que la tumbe el viento teniendo en cuenta que pesaba la friolera de 36 toneladas, pero eso es lo de menos, lo importante es que a pesar de caer al suelo desde sus 25 metros de altura, sigue viva para contarlo y lo que le ha contado a su autor es que no quiere que la toquen, o sea, que no quiere que la reparen, que ella apuesta por el ¡Virgencita, Virgencita que me quede como estoy ! Y además, añade la obra con sus propias palabras, que así hecha cisco, es más apropiada para homenajear a las víctimas del terrorismo, pues esa era la intención.

Toda esto lo han hablado Ripo y su escultura sobre las cuatro de la madrugada, por lo que he decidido ponerme el despertador a esa hora a ver si llego a un entendimiento cordial con mi mesa asesina, lo que pasa es que no tengo muchas esperanzas, porque la obra de Ripollés costó 180.000 euros y es normal que por ese precio hasta te hable, pero es que mi mesa es del Ikea. En fin, toco madera y ya les contaré.

[Img #12393]   La obra de Ripollés hecha yesca, pero parlante.








                   La obra de Ripollés cuando era muda, pero intacta. [Img #12394]
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