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Opinión |
Martes, 26 de Febrero de 2013

Atrévete, dijo el cobarde

"Hay que privatizar todas las empresas públicas, que ya está bien de vivir sin dar un palo al agua a costa de los contribuyentes. Todos estamos sufriendo recortes y el que no, robos directos, no se puede dar pie a que muchos sigan ajenos a la realidad social. España necesita ser productiva y operativa, y sobran un montón de empresas deficitarias que continúan viviendo de los demás por el tópico de siempre: que prestan un servicio público. ¡Ellos sí que se están sirviendo del público!" El párrafo anterior es un comentario de un lector recogido en un diario digital y firmado bajo el seudónimo de 'Mangantes institucionalizados', pero lo vemos repetido con frecuencia en distintos foros, redes sociales y medios de comunicación.  

Y eso a pesar de las distintas voces que intentan cubrir con falacias nuestra sociedad en una pretendida defensa de la actividad pública denostando la actividad privada como único argumento. No se habla de mejorar la gestión pública, de modo que el personal público pueda realizar su trabajo de forma más eficaz y competitiva, y el contribuyente recibiría un notable beneficio en forma de cualificado servicio, algo que nadie discute y que parecía inaplazable hace ya muchos años, pero que ni llega, ni se le espera.

No se reivindica la mejora de los servicios públicos que recibe el ciudadano aumentando la calidad, extendiendo las coberturas, corrigiendo disfunciones o disminuyendo el coste evitando despilfarros. Se pide -¡perdón, se exige!- que se mantengan las cosas públicas tal cual, sin tocarlas, porque me afectan a mí, y lo mío no se toca. No importa que las cosas vayan mal -pero mal, mal, del verbo 'irmuymal'-, basta ya de reformas, que ya hemos hecho bastantes. Aunque no lleven consigo ajustes laborales o económicos y el administrado las necesite con urgencia para subsistir. Y a pesar de que el déficit se dispare incontrolado, el desempleo aumente y la actividad económica no exista.

Así, crear empleo y generar riqueza suena a utopía fuera de nuestro alcance. Parece no les falta razón a quienes ubican nuestros bonos en la basura.

Aún me acuerdo: "Nunca han partido los periodos de crecimiento y mejora del bienestar de nuestra sociedad de los déficits, del exceso de deuda pública o de las facturas en los cajones".

Ingenuo de mí, estamos en mundo al revés.

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