La peineta y otros cortes
Ha causado sensación la "peineta" con la que el extesorero del PP Luis Bárcenas obsequió a la concurrencia a su regreso de un viaje a Canadá en el que rindió culto al esquí mientra por aquí los suyos siguen patinando. Ese dedo corazón tan enhiesto como si se le hubiera quedado congelado durante el arriesgado descenso por una kilométrica pista negra o, mejor, en una descarga de testosterona provocada por el placer de la contabilidad creativa, es un compendio de las virtudes que adornan la trayectoria del que fuera matemático mayor del mayor partido político para, una vez defenestrado, pasar a convertirse en el gigoló al que se le pone piso en Génova o en cualquier otra ciudad con el fin de acoger encuentros clandestinos y se le paga el forfait religiosamente con cotizaciones a la Seguridad Social incluidas.
Pero el gesto, una variante del "corte de mangas", la "butifarra" o la menos conocida "higa" que en otros tiempos fue un remedio contra el mal de ojo según recoge la omnisciente wikipedia, no es patrimonio exclusivo del alpinista. Ni mucho menos. El receptor del impúdico mensaje -o sea, usted y el arriba firmante entre otros- asiste a diario a dedicatorias similares que, sin embargo, en vez de ubicarle en el lugar que pretende el emisor, le sitúa a él en los niveles más bajos de la escala zoológica, solo por encima de las amebas. Tan corte de mangas a la esencia de la democracia es el reconocimiento de Rajoy de que ha incumplido sus compromisos electorales pero ha cumplido con sus deber, como las minuciosas correcciones sobre la marcha que se ve obligado a hacer un día sí y otro también el vicesecretario de Organización de los populares Carlos Floriano.
Igual de butifarra lanzada cual zapato árabe contra el televidente, radioescucha o lector, es una mesurada y circunspecta alocución de ese paradigma de la comunicación no verbal que es el vicesecretario general de Estudios y Programas Esteban González Pons, que un guiño de otro vice, Javier Arenas, cuando intenta retrotraernos sin empacho ni rubor a las proximidades del dramático 11 de marzo de 2004 para abundar en la teoría de la conspiración como única fórmula del enemigo para alcanzar el poder. Y una higa con riesgo de esguince de codo es, en definitiva, lo que se intuye detrás de las palabras de José Císcar -vaya por Dios, un vice más- cuando alude a la propiedad personal e intransferible del acta de diputado de su conmilitón Rafael Blasco, o de cualesquiera otro de los muchos imputados que nutren sus siglas, para no reclamarle el escaño que le dejaron en usufructo los votantes.
Como si no supiéramos de sobra que los partidos poseen refinados métodos disuasorios que aplican según les convenga o dependiendo de las características del sujeto objeto a "convencer" o del rastro que haya dejado en su actividad de presunto servidor público. Que se lo pregunten si no al ahora presidente de la Autoridad Portuaria José Joaquín Ripoll. Si nos fijamos un poco, veremos que nos hacen la peineta con la uña hacia afuera. Debe de ser para que no se les vea la huella digital. Por si acaso.
Otros artículos de Jesús Alonso
Pero el gesto, una variante del "corte de mangas", la "butifarra" o la menos conocida "higa" que en otros tiempos fue un remedio contra el mal de ojo según recoge la omnisciente wikipedia, no es patrimonio exclusivo del alpinista. Ni mucho menos. El receptor del impúdico mensaje -o sea, usted y el arriba firmante entre otros- asiste a diario a dedicatorias similares que, sin embargo, en vez de ubicarle en el lugar que pretende el emisor, le sitúa a él en los niveles más bajos de la escala zoológica, solo por encima de las amebas. Tan corte de mangas a la esencia de la democracia es el reconocimiento de Rajoy de que ha incumplido sus compromisos electorales pero ha cumplido con sus deber, como las minuciosas correcciones sobre la marcha que se ve obligado a hacer un día sí y otro también el vicesecretario de Organización de los populares Carlos Floriano.Igual de butifarra lanzada cual zapato árabe contra el televidente, radioescucha o lector, es una mesurada y circunspecta alocución de ese paradigma de la comunicación no verbal que es el vicesecretario general de Estudios y Programas Esteban González Pons, que un guiño de otro vice, Javier Arenas, cuando intenta retrotraernos sin empacho ni rubor a las proximidades del dramático 11 de marzo de 2004 para abundar en la teoría de la conspiración como única fórmula del enemigo para alcanzar el poder. Y una higa con riesgo de esguince de codo es, en definitiva, lo que se intuye detrás de las palabras de José Císcar -vaya por Dios, un vice más- cuando alude a la propiedad personal e intransferible del acta de diputado de su conmilitón Rafael Blasco, o de cualesquiera otro de los muchos imputados que nutren sus siglas, para no reclamarle el escaño que le dejaron en usufructo los votantes.
Como si no supiéramos de sobra que los partidos poseen refinados métodos disuasorios que aplican según les convenga o dependiendo de las características del sujeto objeto a "convencer" o del rastro que haya dejado en su actividad de presunto servidor público. Que se lo pregunten si no al ahora presidente de la Autoridad Portuaria José Joaquín Ripoll. Si nos fijamos un poco, veremos que nos hacen la peineta con la uña hacia afuera. Debe de ser para que no se les vea la huella digital. Por si acaso.
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