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Opinión |
Viernes, 08 de Marzo de 2013

Lenguaje camuflado

La capacidad que tienen lo socialistas para desplazar el foco hacia sí mismos y conseguir sus diez minutos de fama es encomiable. ¿Que Rubalcaba se enfrenta a su primer debate sobre el estado de la nación con varios ases en la manga dado que el también debutante Mariano Rajoy las está pasando canutas entre otras cosas por la corrupción subyacente? Pues un minuto antes de que ambos se sienten en sus escaños aparece la voz en off del secretario del apéndice catalán, Pere Navarro, y pide la abdicación del Rey y sus hernias discales.

¿Que el pozo sin fondo del extesorero Luis Bárcenas sigue suministrándoles una materia prima tan suculenta como para basar su oposición solo en chuparse los dedos? Pues el mismo apéndice colapsa en peritonitis general tras estallar la disputa en torno a la declaración soberanista. ¿Que el paro registrado en las oficinas de empleo supera por primera vez en la historia los cinco millones de almas en pena? Pues siempre saldrá un secretario de Organización del PSOE, pongamos de Huelva, para, en el fragor del análisis post parto, mandar a la ministra Fátima Báñez a hacer punto de cruz. El caso es chupar cámara dejando de paso cada vez más chupado al líder mientras el que engorda a ojos vista en su homilía dominical no es otro que el inenarrable Esteban González Pons. Para eso le llenan el puchero durante el resto de la semana.

Gracias a las variedad de opiniones que nutren al PSOE, paradigma democrático según el mantra oficial, este partido se ha convertido por méritos propios en el mejor opositor a sí mismo. Un sueño para cualquier gobierno que se precie, vamos. Una bicoca tanto en Alicante como en Madrid o Galicia, en fin. Ensimismado en sus propias cuitas y prisionero de sus pasadas meteduras de pata y de sus actuales desafinamientos, sus dirigentes solo tienen tiempo para tapar precariamente las vías de agua que se abren a babor y estribor en el casco de una cochambrosa chalupa que navega a la deriva en medio de la tempestad. Mientras los socialistas no dan con el lenguaje adecuado para conectar consigo mismos ni con el exterior, los populares o caen en descarados trances de mudez o se permiten el lujo de pervertirlo, vetar algunos de sus vocablos o hacerlo incomprensible con trabalenguas como el empleado recientemente por Dolores de Cospedal.

La desaparición del término "desahucio" del diccionario administrativo castellano-manchego para sustituirlo por eufemismos como "procedimiento de ejecución hipotecaria" es, en este sentido, una vuelta de tuerca más en la corriente imperante que comenzó a partir del momento en el que a abaratar el despido se le denominó "flexibilizar el mercado", a la recesión "crecimiento negativo", a los recortes "reformas estructurales necesarias", a la subida del IVA "gravamen adicional" y a la amnistía fiscal "incentivar la retribución de rentas no declaradas".

Trampillas para no llamar al pan pan y al vino vino ni bronca permanente a las "diferentes sensibilidades" que habitan el PSOE, si nos ceñimos a la lenitiva terminología oficial.

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