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Opinión |
Jueves, 21 de Julio de 2011

El blues del autobús

Quizá por el abrasador calor estival que a tantos ofusca, me he permitido un capricho sublime: viajar en un fragante autobús urbano para intentar entender por qué el transporte público es el menos público de los transportes. En Murcia, usar un autobús es una odisea poco recomendable, menos todavía en verano. Ahora, afortunadamente, nuestra ciudad ha dejado de ser la Santa Marta del Sureste que tenía tren pero no tranvía, aunque no por ello la situación se ha vuelto más halagüeña para esos esforzados usuarios de los medios públicos, que tan donosamente nos transportan de aquí para allá, entre estimulantes retrasos y el cabreo eterno de un chófer mal encarado. Disfrutamos ya de un tranvía incipiente y de innumerables líneas de autobús, indescifrables como los designios divinos, mas seguimos sin saber a dónde vamos.

Son las 9 de la mañana; empieza a apretar el inclemente Astro Rey, cuando observo la llegada del presuroso autocar.  Accedo a él; estoy en uno de la línea 29, presuntamente me quiero desplazar desde Patiño al centro de la capital; ¿quién me habrá metido a mí semejante estupidez en la cabeza? Una joven usuaria me previene sobre el hedor reinante: ¨Todas las mañanas pasa lo mismo. Póngase al principio o al final, en medio es insoportable”. El aire acondicionado funciona, como tantas cosas en Latbus, mal. Compadezco al chófer que resopla y maldice; es cuasi un héroe: no cobra, suda y aguanta. Él y sus 600 compañeros de la plantilla tienen pendiente el cobro del 60% de las  nóminas de mayo y junio, unos 2.500 euros por trabajador; y la paga extra de julio está en el aire; ay, 1.300 euros del ala.... Los ojos del capitán de la nave parecen perdidos; ¿estará pensando en esa extra que no llega? Mira con desdén a diestro y siniestro, sufre. El olor a la más cruda humanidad se apodera de los sentidos... y los más bajos instintos se insinúan a flor de piel. Nos espera media hora de venturas y desventuras; confío en la destreza de un conductor que no cobra.

En la memoria de cada uno de los valerosos viajeros anónimos, que me acompañan, el caos de unas jornadas infames está muy presente. Muchos ciudadanos temen aún verse afectados por paros salvajes en el transporte, como los del miércoles 6 y el jueves 7 de julio; original forma de honrar a San Fermín con estentóreos encierros de autobuses de afilada cornamenta... Las diferencias entre el comité de empresa y la dirección de Latbus nos abocaron a situaciones dantescas de sonrojante recuerdo. Y la paciencia proverbial de los murcianos volvió a relucir como nunca. ¿Qué sería de esta tierra sin nuestra venerada y venerable paciencia...?

Seis días después, el Gobierno regional mantuvo una reunión con todas las partes implicadas en el conflicto, y confirmó que se había “comprometido a buscar fórmulas de apoyo que contribuyan a que los ayuntamientos puedan efectuar los correspondientes pagos que deben a la empresa de transporte”. Los miembros del comité de empresa de Latbus valoraron muy positivamente el resultado de la entrevista celebrada en el Palacio de San Esteban: ”Muy bien, muy bien”, resumió en dos palabras, Miguel Cano, presidente de este comité con tantos cometidos. En aquella entrevista con Ramón Luis Valcárcel, en la que estuvo muy atento el consejero de Obras Públicas, Antonio Sevilla, no faltaron promesas. "Nos ha dicho que va a hablar con los distintos ayuntamientos que deben dinero a la empresa ..., e incluso... que la Comunidad está dispuesta a avalar a los ayuntamientos para que puedan pedir créditos a los bancos para pagar a la concesionaria de autobuses".

Paradójicamente el ayuntamiento de Murcia sigue asegurando que no debe un solo euro. El concejal del área, Javier Iniesta, también ha insistido por activa y por pasiva en que el Ayuntamiento no tiene ninguna deuda pendiente con la empresa. En concepto de bonificación del precio del billete, nuestro Consistorio habría pagado ya unos 28 millones de euros en los últimos tres años, más de 4.600 millones de las vetustas pesetas, que se habrían evaporado por las altas temperaturas de una recesión que arrasa con todo. Asimismo, la concejala de Bienestar Social, María del Carmen Pelegrín, ha proclamado a los cuatro vientos que Murcia “no debe nada a la empresa Latbus, como ellos han dicho”. Entonces, ¿por qué lo dicen?

Respecto a la hipótesis de que la Comunidad avale a los ayuntamientos que adeudan dinero a Latbus -a saber, Alcantarilla (3,5 millones de euros), Molina (400.00 euros), Murcia, vaya usted a saber cuánto…- la Consejería “va a consultar con los servicios jurídicos si es viable”. Con semejante bagaje, Daniel Martínez López, delegado de la sección sindical de UGT, salió de la reunión del día 13 -fecha de indubitable buen agüero- muy satisfecho “porque el presidente nos ha demostrado que ha estado trabajando y que estaba documentado de todo nuestro problema al 100%”. Pedro Antonio Hernández, de CC OO, como no podía ser menos, se mostró a su vez “bastante esperanzado”. Y al presidente de Latbus, José Luis Sánchez, le pareció “fantástico que Valcárcel haya puesto un poco de orden y de sentido común”.

Y, en efecto, el sentido común paulatinamente se va imponiendo. Así, la situación de los trabajadores de Latbus se ha aliviado en los últimos días, gracias a los anticipos que han recibido de hasta 400 euros. “Lo poco que hay lo repartimos entre todos. Hay prioridad absoluta para ayudar a los que más lo necesitan”, sostiene José Luis Sánchez.  Según el presidente de la empresa, se recaudan unos 40.000 euros diarios con la venta de billetes, que los abnegados usuarios pagan con religioso fervor; de esta cantidad, están destinando aproximadamente la mitad a abonar estos adelantos (¿o atrasos?, pura ironía...) a sus empleados. Esta semana, de acuerdo con Sánchez, debería desbloquearse favorablemente esta crisis para que “el tema quede solucionado de aquí a final de mes”.

Aparentemente, la paz se aproxima; mas, aun a riesgo de estropearles el día, habría que recordarles que el sabio nunca dice todo lo que piensa, pero piensa siempre todo lo que dice. Vano consejo aristotélico, sin embargo, para los pasajeros de las enrevesadas líneas de Latbus, que hacen alarde de una inextinguible paciencia; sus voces se unen a diario en un canto inefable a la murciana perseverancia, que suena a blues lento y triste, entonado mientras se espera el autobús a pleno sol.

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