Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Miércoles, 03 de Abril de 2013

La razón impotente

Creo que todos somos conscientes de que vivimos en la sociedad de la información y comunicación, donde las nuevas tecnologías han permitido incorporar una capacidad infinita de custodia y gestión, así como unas elevadas posibilidades de acceso y alta velocidad de transmisión. El ámbito de la gestión empresarial no ha sido ajeno a esta evolución, habiendo aparecido numerosísimas aplicaciones que, teniendo una perspectiva global del negocio que desarrolla la empresa, ofrecen al empresario contar con una enorme cantidad de información sobre su situación económica, patrimonial y de resultados, permitiéndole además gestionarla y explotarla de manera eficaz y ajustada a sus necesidades. Evidentemente esto supone un importante apoyo para la toma de decisión argumentada que minimiza, o debiera minimizar, la posibilidad de error, facilitando una mejor proyección del negocio.

Con todas estas posibilidades a nuestro alcance y bajo la premisa de que hemos sido capaces de aprovechar todas y cada una de las utilidades que estos potentes sistemas de gestión ponen a nuestra disposición, resulta inexplicable que sigamos cometiendo errores o que no tengamos la absoluta certeza sobre la más correcta y eficiente toma de decisión, [Img #13876]debiendo esperar al devenir de los acontecimientos para conocer el resultado final de las mismas y concluir sobre su esperado acierto. No solo esto, sino que, en muchas de estas ocasiones nos vemos imposibilitados para tomar decisión alguna, no por carecer de capacidad para ello, sino por estar totalmente desbordados por tan enorme cantidad de información que, a pesar de la relevancia que se le presupone, no nos transmite la nítida imagen que precisamos para discurrir con la eficacia y certeza que pretendíamos obtener al invertir en nuestro sistema de gestión.

Pues bien, al parecer el problema no radica en nuestro sistema de gestión, al cual probablemente habremos destinado una importante cantidad de recursos y delegado su diseño e implantación a unos cualificados y experimentados profesionales, sino en el sistema de funcionamiento de nuestro cerebro. Este complejo órgano, encargado de dirigir y controlar toda nuestra actividad vital, opera responsabilizando a cada una de sus zonas de unas determinadas funciones para, de manera coordinada, consolidar sus respuestas parciales y ser capaz de alcanzar determinadas conclusiones globales y proceder a la pertinente toma de decisión.

Siendo diversas las zonas del cerebro y variadas sus funciones, nos debemos centrar fundamentalmente en aquellas que se ocupan de la intuición y del razonamiento. Estando debidamente separadas, cada una de ellas opera de una determinada manera, cuentan con una capacidad de procesamiento y se coordinan bajo un protocolo y orden determinados, siendo lo normal que la primera perciba y la segunda decida, basándose en la información que se nos ha presentado y en los impulsos que recibe internamente. Dicho esto, se han realizado numerosos experimentos que demuestran que la primera zona (intuición) tiene mayor capacidad que la segunda (razonamiento), habiendo descubierto que cuando tratamos de basar exclusivamente nuestras respuestas en esta última, anulando la primera, estas son menos acertadas e incluso llegamos a colapsar nuestra razón, que se ve impotente para gestionar, sin el apoyo de la intuición, tan enorme cantidad de información.

Otros artículos de Juan García Cascales

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.