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Opinión |
Lunes, 25 de Julio de 2011

Primer ensayo

La apuesta por un rebote en las Bolsas que formulábamos al final de nuestro comentario anterior ha sido plenamente acertada, con subidas semanales generalizadas en todas las Bolsas. Subidas que para el Ibex han sido de un 6%, la mayor subida semanal desde enero, y para el Eurostoxx del 3,6%. El Dow subió un 1,6% en la semana, el S&P un 2,2% y el Nasdaq un 2,5%.
 
El acuerdo europeo sobre un nuevo plan de ayuda a Grecia ha sido clave en esas subidas, más allá de unos resultados empresariales mixtos (malos para Goldman, Bank of America y Morgan Stanley, buenos para General Electric, Mac Donalds, Microsoft, o Apple) y más allá también del meritorio pero no eufórico estreno en Bolsa de Bankia y Banca Cívica. Por eso conviene analizar a fondo ese acuerdo europeo.
 
El acuerdo supone, sin duda, un paso cualitativo en el tratamiento de la crisis por parte de las autoridades europeas y es el inicio de lo que en algunas ocasiones hemos llamado "cambio de tren en marcha", es decir, el paso de un modelo de rescate a un modelo de reestructuración de deuda y de políticas pro growth en la zona euro. Se aborda ya claramente la idea de la reestructuración de la deuda con participación de los inversores privados y lo más importante es que se ha visto como los mercados, lejos de reaccionar a esa propuesta con caídas o con caos, han acogido la iniciativa con alivio y con subidas. Por tanto, se confirma la tesis, que hemos vendido defendiendo desde hace tiempo, de que la reestructuración ordenada es el camino correcto. Por eso es un acuerdo importante y es normal que las Bolsas lo hayan recibido bien.
 
Dicho lo anterior, el acuerdo es insuficiente y sería a nuestro juicio totalmente equivocado pensar que con él se van a arreglar los problemas de la deuda excesiva de una parte de la zona euro. La principal limitación del acuerdo es que se centra en el problema de Grecia, sin abordar una solución global para toda la zona. Se reestructura la deuda griega pero se deja intacta la de otras economías, salvo el gesto de bajar tipos y ampliar plazos a Irlanda y Portugal también. Por otro lado, se anuncia de forma vaga un Plan Marshall para Grecia, pero no se aborda el tema del crecimiento del conjunto de la zona como base para poder pagar la deuda en el futuro.
 
La promesa implícita en el nuevo plan europeo, y también explícita en las declaraciones de los líderes, es que ninguna otra economía, con la excepción de la griega, hará default, y la dificultad, tal vez incluso la imposibilidad, de cumplir esta promesa, es, precisamente, lo que traerá, en el tiempo, nuevas turbulencias y nueva volatilidad. Para tratar de evitar esas turbulencias se establece la posibilidad de préstamos preventivos a economías no rescatadas, tal vez en un guiño a España e Italia, pero mucho nos tememos que, si las cosas se ponen feas, esa medida no va a ser suficiente, ya que es más de lo mismo, es decir, aumentar la deuda sin resolver el problema de fondo.
 
La alternativa habría sido diseñar ya, de forma global, un plan para el conjunto de las economías altamente endeudadas de al eurozona (todos sabemos que el problema de la deuda en la eurozona no se reduce a Grecia), un plan en el que se contemplase, de forma completa, una reordenación de la deuda pública y privada de todas esas economías afectadas y un cambio hacia el modelo de eurobonos, estableciendo una unión fiscal decidida y unas condiciones financieras homogéneas para la zona euro. Un plan acompañado de políticas pro crecimiento para el conjunto de la zona.
 
Pero ese tipo de decisiones requieren una madurez que hoy por hoy no ha llegado, y un cambio muy profundo en la gobernanza europea. Sin embargo, el acuerdo del pasado jueves, aunque no ha ido tan lejos, es un primer paso en esa dirección y maneja ya un nuevo lenguaje, el lenguaje de la reestructuración de la deuda y de las políticas pro crecimiento, que es el único lenguaje posible para salir del problema. Como decíamos al anterior semana, la evolución de la crisis de la deuda europea es una película "a cámara lenta" y por eso los sucesivos episodios llevan su tiempo de gestación.
 
Al otro lado del Atlántico el foco está en las discusiones sobre la elevación del techo de endeudamiento público. Se está hablando mucho de si habrá o no acuerdo pero lo importante es que la discusión en sí misma pone de relieve la cifra enorme a la que ha llegado la deuda soberana en los Estados Unidos y la imposibilidad de que siga aumentando.
 
Por eso, al margen de las segundas lecturas que se hagan del acuerdo de los líderes europeos sobre Grecia, donde va a estar el foco esta semana es en las negociaciones sobre el techo de la deuda en Estados Unidos. A la vez se conocerán datos macro que mostrarán si hay o no perspectivas de crecimiento en la principal economía del mundo. Vamos a conocer el PIB americano del segundo trimestre, los índices Case Shiller de viviendas, y la confianza del consumidor medida por la Conference Board, entre otros datos. Es decir, el foco pasa al otro lado del Atlántico.
 
A la vez vamos a ver numerosos anuncios de resultados empresariales como los de Telefónica, Exxon, Colgate, Danone, Total, Siemens, Santander, y BBVA, entre otros.
 
En la sesión del viernes pasado los efectos del acuerdo sobre Grecia se desvanecieron un poco, y luego ya por la tarde la noticia de los ataques terroristas en Noruega enfrió más el ambiente. Los diferenciales de la deuda española y de otras periféricas volvían a ampliarse, dando la sensación de que los benéficos efectos del acuerdo sobre Grecia iban a durar poco.
 
Sin embargo, en nuestra opinión, ese acuerdo, pese a ser solo un primer ensayo parcial, debería dar algo más de clama a las Bolsas europeas. Por ello pensamos que esta semana las plazas europeas deberían aguantar bien, pero tenemos más dudas respecto a los índices americanos, que en lo que va de año acumulan fuertes subidas. La negociación sobre el techo de la deuda, llegue o no a buen término, va a dejar sus secuelas y por ello vemos difícil que el futuro del S&P rompa limpiamente el nivel 1.350, nivel que ya ha atacado tres veces desde enero, sin éxito. Incluso aunque se consiga un acuerdo sobre la deuda en el congreso americano, no vemos fuerza para que el S&P rompa al alza con consistencia, aunque sí vemos inercia para mantener los niveles actuales.
 
A medio plazo las preguntas van más allá. Con el acuerdo sobre Grecia hemos visto el primer ensayo de reestructuración ordenada de una deuda excesiva e impagable. Dado que la deuda es excesiva en buena parte del mundo, incluida Estados Unidos, e impagable en algunas otras economías, las preguntas que van a sobrevolar a las Bolsas este verano son: ¿Es extrapolable ese ensayo en una escala más amplia? ¿Habrá crecimiento para pagar la deuda excesiva?
 

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