Ideas claras y negocios rentables
Hace ya algún tiempo escribí sobre la enorme propensión de algunos empresarios y directivos a obsesionarse por el circulante, actitud que es más que positiva cuando esta se refiere a estar vigilante para que la caja cuente con las disponibilidades necesarias y que nos permitan afrontar los compromisos a los que se tiene que hacer frente de manera más inmediata. Sin embargo, este empeño tiene unos perniciosos efectos cuando se limita a pretender obtener estos recursos mediante la financiación ajena, sustituyendo a los que deben emanar de la propia actividad que desarrollamos o de la financiación espontanea que supone los diferimientos pactados con nuestros proveedores y que nos otorgan margen suficiente para ofrecer o poder aceptar estos mismos respecto a nuestros clientes.
He de reconocer que mi profesión y los servicios que presto facilitan sobremanera mi exposición a este tipo de situaciones, afectadas por estas sesgadas actitudes, aunque muchas veces creo que también se producen como consecuencia la muy limitada visión que mis interlocutores tienen sobre los objetivos que la misma pretende. De este modo, me resulta especialmente complicado lidiar con estas circunstancias, sobre todo cuando del
análisis realizado se desprende la conclusión de acudir a la autofinanciación e introducir ciertas mejoras en la gestión, antes de precipitarnos a solicitar esa financiación ajena que lo único que conseguirá será paliar y esconder algunas posibles debilidades de nuestro plan de negocio.
Últimamente he tenido que enfrentarme, en más ocasiones de las deseadas, a este dilema y verme incapaz para convencer al ilusionista emprendedor, angustiado empresario o agotado directivo para buscar la solución en la esencia misma de lo que es su negocio, huyendo de ciertas distracciones conceptuales, que lo único que consiguen, o así lo entiendo yo, es desviarnos del camino del éxito que pretendemos en nuestro proyecto. Bill Gates ya lo dijo hace tiempo “hacer negocios no es tan complicado, consiste en vender más de lo que gastas, invertir un poco y que todavía quede dinero”, con independencia que en la segunda parte de esta simplona reflexión podamos percibir cierta referencia al asunto, en ningún momento, este brillante emprendedor, audaz empresario y porque no decirlo genio, hace mención a la financiación, así pues, cuando no ha lugar, no lo tenemos claro o ni siquiera lo hemos intentado, porque entretenernos con cuestiones que no son medulares para la viabilidad del negocio, como si podrían ser incrementar el esfuerzo comercial para aumentar las ventas, contención en los costes incurridos, acertada gestión de los recursos disponibles, diseño de una correcta estructura y equilibrado reparto de funciones y responsabilidades, etc.
No quisiera terminar sin mandar un mensaje de esperanza y decir que la financiación, cuando se requiere justificadamente, se puede obtener, de hecho la estamos obteniendo, de ahí mi referencia a los verdaderos brotes verdes que hace poco publicamos en este mismo foro, pero esta no consigue que el cliente nos elija a nosotros antes que a nuestra competencia, ni favorece, si ese no es su destino, que nuestro producto o servicio aporte un valor añadido extra, satisfaga plenamente las necesidades de aquel e incluso supere sus expectativas, ni consigue reducir nuestros costes sino tomamos las medidas oportunas, por tanto, si aún no hemos actuado en alguna de las áreas vitales para el negocio, ¿no sería recomendable acometer todas las acciones necesarias y analizar con sinceridad si con nuestra actividad realmente ganamos dinero?
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He de reconocer que mi profesión y los servicios que presto facilitan sobremanera mi exposición a este tipo de situaciones, afectadas por estas sesgadas actitudes, aunque muchas veces creo que también se producen como consecuencia la muy limitada visión que mis interlocutores tienen sobre los objetivos que la misma pretende. De este modo, me resulta especialmente complicado lidiar con estas circunstancias, sobre todo cuando del
análisis realizado se desprende la conclusión de acudir a la autofinanciación e introducir ciertas mejoras en la gestión, antes de precipitarnos a solicitar esa financiación ajena que lo único que conseguirá será paliar y esconder algunas posibles debilidades de nuestro plan de negocio.Últimamente he tenido que enfrentarme, en más ocasiones de las deseadas, a este dilema y verme incapaz para convencer al ilusionista emprendedor, angustiado empresario o agotado directivo para buscar la solución en la esencia misma de lo que es su negocio, huyendo de ciertas distracciones conceptuales, que lo único que consiguen, o así lo entiendo yo, es desviarnos del camino del éxito que pretendemos en nuestro proyecto. Bill Gates ya lo dijo hace tiempo “hacer negocios no es tan complicado, consiste en vender más de lo que gastas, invertir un poco y que todavía quede dinero”, con independencia que en la segunda parte de esta simplona reflexión podamos percibir cierta referencia al asunto, en ningún momento, este brillante emprendedor, audaz empresario y porque no decirlo genio, hace mención a la financiación, así pues, cuando no ha lugar, no lo tenemos claro o ni siquiera lo hemos intentado, porque entretenernos con cuestiones que no son medulares para la viabilidad del negocio, como si podrían ser incrementar el esfuerzo comercial para aumentar las ventas, contención en los costes incurridos, acertada gestión de los recursos disponibles, diseño de una correcta estructura y equilibrado reparto de funciones y responsabilidades, etc.
No quisiera terminar sin mandar un mensaje de esperanza y decir que la financiación, cuando se requiere justificadamente, se puede obtener, de hecho la estamos obteniendo, de ahí mi referencia a los verdaderos brotes verdes que hace poco publicamos en este mismo foro, pero esta no consigue que el cliente nos elija a nosotros antes que a nuestra competencia, ni favorece, si ese no es su destino, que nuestro producto o servicio aporte un valor añadido extra, satisfaga plenamente las necesidades de aquel e incluso supere sus expectativas, ni consigue reducir nuestros costes sino tomamos las medidas oportunas, por tanto, si aún no hemos actuado en alguna de las áreas vitales para el negocio, ¿no sería recomendable acometer todas las acciones necesarias y analizar con sinceridad si con nuestra actividad realmente ganamos dinero?
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