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Opinión |
Martes, 30 de Abril de 2013

Sin ilusión, al río a pescar

Tras el Consejo de Ministros del pasado viernes 26 de abril, ya conocemos las medidas que nuestros gobernantes adoptarán para solucionar la tragedia del paro actual en este país y del que vendrá en los próximos días, dada la falta de perspectivas reales de cambio de tendencia: paciencia, más impuestos, llamada a Alemania para que nos auxilie en lo que podemos hacer solitos y nada de reformas estructurales que moderen el gasto público improductivo o impulsen la actividad económica de las empresas y autónomos.

La decepción de quienes vemos peligrar nuestros puestos de trabajo y los de los trabajadores de las empresas privadas es mayúscula, dada la gravedad de la situación. No exagero. Ni soy pesimista, salvo en la acepción de optimista bien informado. Y creo que es un error imperdonable no implantar reformas de verdad que pongan remedio efectivo y urgente -no sólo ajustes- a una situación de 6,2 millones de parados que causa vergüenza y tristeza, mientras se deja caer a pymes y autónomos, destruyendo el tejido empresarial. 

En la situación actual de recesión y dada la tasa de paro existente en España, ¿cuánto tiempo tardaremos en volver a una tasa de paro que en la Comunidad Europea se considere normal o aceptable? Al margen de la perversión de considerar aceptable cualquier tasa de paro, sería necesario crear 4 millones de puestos de trabajo netos. Y eso, cuando el FMI prevé que en 2014 el PIB crezca el 0,7% en lugar del 3% de tasa media, nos sitúa en el horizonte de 2025. Diez años de sacrificios, penurias, privaciones, éxodo obligado hacia lejanos países, dura lucha para mantener el puesto de trabajo o aspirar a salir del desempleo.

En este escenario, además del papelón desempeñado por los tres resignados comparecientes tras el Consejo de Ministros para dar la cara, en este país necesitamos ilusión, confianza y reformas. Necesitamos aquellos que se sientan ganadores, gente con coraje, con confianza, con conocimientos, con rigor y respeto al administrado, con ganas de luchar y sin miedo a cambiar de sillón.  Nos sobran los derrotados, los desorientados, los que no se atreven, los ilusionistas, los vendedores de humo, los ineptos, los cosidos al sillón y los mentirosos.

En España tenemos de todo, pero necesitamos con urgencia que aparezcan los ganadores.

En cuanto a los derrotados, que ya no tienen ilusión, al río a pescar.

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