Ocaso de un banco llamado CAM
La historia la conocen: el principio del fin fue la frustrada fusión entre CAM, Cajastur, Caja Extremadura y Caja Cantabria que quedó flotando en la nada. Después la entidad murciano-alicantina, que decidió llamarse Banco CAM, inició una aventura en solitario, rumbo al vacío. No era mal nombre el de Banco CAM, connotaba tantas sugerencias que al pronunciarlo, en lo más profundo de la garganta, brotaban y brotan resonancias míticas. El apostar por tal denominación demostraba la solvencia de las mentes que dirigían la vieja caja o el nuevo banco. Porque la CAM -quizá debiéramos decir el CAM, el nuevo apelativo también debía implicar un cambio de sexo, o al menos de género- pretendía seguir a su libre albedrío, cayera quien cayera... Y vaya si han caído... de poco les ha servido la creatividad bancaria y la poesía financiera. El viernes 22 de julio (hace hoy una semana), el consejo de administración de la CAM formalmente firmó su rendición incondicional, al no poder hallar una solución viable para el negocio financiero de la caja; la atribulada institución perecía en el desierto de su propia ineficacia. La nacionalización estaba servida.
Los 2.800 millones del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria han resultado, sin embargo, insuficientes; el Banco de España se ha visto en la obligación de conceder una línea de crédito de otros tres mil euros para evitar el colapso de la entidad. En total, casi seis mil millones de euros, para escándalo de propios y extraños. De nuevo, papá Estado ha tenido que venir al rescate... Desde mi más absoluta perplejidad, ingenuamente me pregunto que quién será el que pague los platos rotos de esta fulminante nacionalización.
Tras la intervención, vuelve a especularse con el cortejo de hipotéticos novios que tienen entre ceja y ceja a nuestra caja, que quería ser banco. Sorprende que, ante tantas incertidumbres, mantenga todavía su ambiguo atractivo sexual. Empero, esta odisea hacia recónditos destinos no ha hecho más que comenzar, habrá aún que esperar para saber donde reposarán los restos de la CAM, y cuál de esos príncipes azules la ha de llevar al altar o a la tumba. La CAM se entregará al mejor postor, entera o hecha trocitos, para que nadie se indigeste. Y se barrunta que se hará con toda urgencia. A diferencia de otras intervenciones, los potenciales 'novios' conocen ya las cuentas, niveles de morosidad y previsión de pérdidas de la entidad. Así que parece más sencillo dar el paso adelante o el paso atrás... Entre ellos, se intuye la alargada sombra del Banco Mare Nostrum, que únicamente se interesa por la parte del negocio de la CAM en nuestra Región, Alicante y Valencia. Si se trocea el lote, las huestes del BMN entrarían en la puja.
Mientras tanto, el 25 de julio, el temido lunes tras el rescate oficial, el millar de oficinas de Caja Mediterráneo salió con bien del duro trance de enfrentarse al público; aparentemente fue un lunes más, con sus luces y sus sombras, pero un lunes más... No obstante, nada era como era, ni nadie era quien era: la cúpula de la CAM había sido cesada en pleno. Así el vicepresidente de Caja Mediterráneo y presidente del Consejo Territorial de Murcia, Ángel Martínez, debía despedirse de los suyos, como hacía el resto del Consejo de Administración con su presidente Modesto Crespo al frente. Llegaba el tiempo de los nuevos administradores, que afrontaban la sufrida misión de quitarse esta carga de encima lo antes posible. Designados por la comisión rectora del FROB, José Antonio Iturriaga Miñón, Tomás González Peña y Benicio Herranz Hermosa, con reconocida experiencia en tales lides, se pusieron manos a la obra; y, de inmediato, iniciaron una ronda de visitas a las delegaciones territoriales de la entidad financiera.
Resulta, cuando menos, sorprendente rememorar los últimos meses camaleónicos de esta venerable y centenaria institución. De cara a la galería, en sus postreras semanas, Caja Mediterráneo por fin parecía reaccionar: se había reestructurado su organización para optimizar su dudosa eficiencia y ajustarla a la creación de Banco CAM, al que debía ceder todo su negocio financiero. Con la nueva estructura, se intentaba aminorar los costes e incrementar los ingresos. Una política de austeridad que llegaba tarde a todas luces: se suprimían las cuatro direcciones generales, con sus correspondientes subdirecciones, y se sustituían por direcciones y departamentos, que pasaban a depender de la directora general, María Dolores Amorós. El plan de viabilidad, que consumaba esta reorganización operativa y suponía un ahorro anual de unos 120 millones de euros, era un puro espejismo, una operación de maquillaje que a muy pocos convencía.
No obstante, este plan de recapitalización fue estudiado por más de 550 profesionales que asistieron en Alicante a su puesta de largo. Ante sus fieles, en aquella memorable alocución del 29 de abril, María Dolores Amorós insistía en que los objetivos eran, entre otros, "mejorar la productividad, la búsqueda de la excelencia profesional, la mayor eficiencia o la consolidación del proyecto CAM en el nuevo contexto financiero". Y de súbito, al leer la noticia en los periódicos, la más perogrullesca pregunta que hacer se podía, atormentó a sus muchos y estupefactos impositores: ¿por qué no se había hecho antes?
“La CAM ha estado en asuntos en los que no tenía que haber entrado”, murmuraban entre dientes algunos consejeros críticos, que también los había entre tantos estómagos agradecidos; lamentos acallados por el viento. El mismo viento que ha atemperado las reacciones políticas; a lo largo de estos meses de frenesí, los gobiernos de Valencia y Murcia han mantenido una prudente distancia, quizá excesiva... Y ahora, como por ensalmo, empiezan a aflorar duros créditos blandos y otros presuntos agujeros, a través de los cuales se ha desangrado irremisiblemente la honorable CAM de siempre. Mas, parafraseando a Vargas Llosa, permítanme una modesta e inocente 'boutade': Señores, ¿cuándo se jod... la Cam?
Los 2.800 millones del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria han resultado, sin embargo, insuficientes; el Banco de España se ha visto en la obligación de conceder una línea de crédito de otros tres mil euros para evitar el colapso de la entidad. En total, casi seis mil millones de euros, para escándalo de propios y extraños. De nuevo, papá Estado ha tenido que venir al rescate... Desde mi más absoluta perplejidad, ingenuamente me pregunto que quién será el que pague los platos rotos de esta fulminante nacionalización.
Tras la intervención, vuelve a especularse con el cortejo de hipotéticos novios que tienen entre ceja y ceja a nuestra caja, que quería ser banco. Sorprende que, ante tantas incertidumbres, mantenga todavía su ambiguo atractivo sexual. Empero, esta odisea hacia recónditos destinos no ha hecho más que comenzar, habrá aún que esperar para saber donde reposarán los restos de la CAM, y cuál de esos príncipes azules la ha de llevar al altar o a la tumba. La CAM se entregará al mejor postor, entera o hecha trocitos, para que nadie se indigeste. Y se barrunta que se hará con toda urgencia. A diferencia de otras intervenciones, los potenciales 'novios' conocen ya las cuentas, niveles de morosidad y previsión de pérdidas de la entidad. Así que parece más sencillo dar el paso adelante o el paso atrás... Entre ellos, se intuye la alargada sombra del Banco Mare Nostrum, que únicamente se interesa por la parte del negocio de la CAM en nuestra Región, Alicante y Valencia. Si se trocea el lote, las huestes del BMN entrarían en la puja.
Mientras tanto, el 25 de julio, el temido lunes tras el rescate oficial, el millar de oficinas de Caja Mediterráneo salió con bien del duro trance de enfrentarse al público; aparentemente fue un lunes más, con sus luces y sus sombras, pero un lunes más... No obstante, nada era como era, ni nadie era quien era: la cúpula de la CAM había sido cesada en pleno. Así el vicepresidente de Caja Mediterráneo y presidente del Consejo Territorial de Murcia, Ángel Martínez, debía despedirse de los suyos, como hacía el resto del Consejo de Administración con su presidente Modesto Crespo al frente. Llegaba el tiempo de los nuevos administradores, que afrontaban la sufrida misión de quitarse esta carga de encima lo antes posible. Designados por la comisión rectora del FROB, José Antonio Iturriaga Miñón, Tomás González Peña y Benicio Herranz Hermosa, con reconocida experiencia en tales lides, se pusieron manos a la obra; y, de inmediato, iniciaron una ronda de visitas a las delegaciones territoriales de la entidad financiera.
Resulta, cuando menos, sorprendente rememorar los últimos meses camaleónicos de esta venerable y centenaria institución. De cara a la galería, en sus postreras semanas, Caja Mediterráneo por fin parecía reaccionar: se había reestructurado su organización para optimizar su dudosa eficiencia y ajustarla a la creación de Banco CAM, al que debía ceder todo su negocio financiero. Con la nueva estructura, se intentaba aminorar los costes e incrementar los ingresos. Una política de austeridad que llegaba tarde a todas luces: se suprimían las cuatro direcciones generales, con sus correspondientes subdirecciones, y se sustituían por direcciones y departamentos, que pasaban a depender de la directora general, María Dolores Amorós. El plan de viabilidad, que consumaba esta reorganización operativa y suponía un ahorro anual de unos 120 millones de euros, era un puro espejismo, una operación de maquillaje que a muy pocos convencía.
No obstante, este plan de recapitalización fue estudiado por más de 550 profesionales que asistieron en Alicante a su puesta de largo. Ante sus fieles, en aquella memorable alocución del 29 de abril, María Dolores Amorós insistía en que los objetivos eran, entre otros, "mejorar la productividad, la búsqueda de la excelencia profesional, la mayor eficiencia o la consolidación del proyecto CAM en el nuevo contexto financiero". Y de súbito, al leer la noticia en los periódicos, la más perogrullesca pregunta que hacer se podía, atormentó a sus muchos y estupefactos impositores: ¿por qué no se había hecho antes?
“La CAM ha estado en asuntos en los que no tenía que haber entrado”, murmuraban entre dientes algunos consejeros críticos, que también los había entre tantos estómagos agradecidos; lamentos acallados por el viento. El mismo viento que ha atemperado las reacciones políticas; a lo largo de estos meses de frenesí, los gobiernos de Valencia y Murcia han mantenido una prudente distancia, quizá excesiva... Y ahora, como por ensalmo, empiezan a aflorar duros créditos blandos y otros presuntos agujeros, a través de los cuales se ha desangrado irremisiblemente la honorable CAM de siempre. Mas, parafraseando a Vargas Llosa, permítanme una modesta e inocente 'boutade': Señores, ¿cuándo se jod... la Cam?





















