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Opinión |
Martes, 30 de Abril de 2013

A llorar tocan

Poco después de perder las elecciones presidenciales ante Obama hace cinco años, el candidato republicano recurrió al chiste para responder a la pregunta que sobre su estado de ánimo le había formulado el reputado periodista de la NBC Jay Leno en el espacio televisivo "The tonight show". "Duermo como un bebé: duermo dos horas, me despierto, lloro, duermo dos horas, me despierto y lloro", dijo John McCain dando muestras de una envidiable cintura política al menos de cara a la galería.

Eso es, lágrima arriba lágrima abajo, lo que venimos haciendo en este país los apesadumbrados ciudadanos desde hace ya una eternidad: abrimos los ojos el lunes llorando y, en el duermevela, continuamos llorando hasta el viernes, día elegido por el Gobierno para añadir nuevos ingredientes a un recetario que en unas ocasiones por acción y en otras por omisión solo sirve para mantener viva la pesadilla de cara a las estribaciones del fin de semana siguiente. Es un bucle permanente inducido por decisiones compulsivas y recomendaciones contradictorias promulgadas a años luz de Madrid que se convierte en un desfile de plañideros si, encima, registra interferencias como la de la Encuesta de Población Activa, que en su último recuento trimestral ha arrojado la sangrienta cifra de 6,2 millones de víctimas.

Frente a tanta perversidad mantenida en el espacio y en el tiempo, ni un consuelo que alivie el luto o, al menos, disimule el hedor a cadaverina. Oyes al presidente de la Generalitat Alberto Fabra  vender como si fuera el ungüento amarillo un convenio con Bankia para financiar 450 becas en los ciclos de Formación Profesional Dual con un importe de 350 a 450 euros y en vez de aplaudir el prodigio se te afloja el lágrimal y te entran ganas de hacer con tu dedo corazón lo que hizo Bárcenas con el suyo. Escuchas al vicesecretario general de organización del PP, Carlos Floriano, pedir a sus catecúmenos que el pésimo -aunque, contra lo que dice el diccionario, siempre empeorable- dato del paro "no nos ciegue" en el camino hacia la recuperación del fiambre que proclaman impúdicamente desde la bancada popular y se te pone en la garganta el clásico nudo previo al estallido del llanto. Lees la interpretación que hace el conseller Máximo Buch de la EPA en su vertiente aborigen y te emocionan hasta el suspiro sus denodados esfuerzos por encontrar algún clavo al que agarrarse, aunque esté ardiendo, para conseguir un titular positivo sobre el hundimiento del Titanic.

Como bebés que reclaman la leche materna a base de berridos acudimos a instituciones en las que, según cuenta la fábula, reside la soberanía popular. Sin embargo, lo mejor es que el que entre allí abandone toda esperanza. El llanto provocado por la vergüenza ajena deviene en torrente durante las sesiones de control al Gobierno, donde el paripé reglametario se resume en "interpélame sobre lo que quieras que yo contestaré lo que me de la gana", y en inundación si asistimos a  "sketchs" como el protagonizado este miércoles por Joan Baldoví. Al diputado de Compromís-Equo le faltó de fondo la voz rota de Joe Cocker cantando el tema principal de "Nueve semanas y media" en vez de la atronadora y un punto gangosa del presidente del Congreso, Jesús Posada, recriminándole su actitud, para consumar un esperpéntico amago de strep-tease que anuló su justa intervención contra la maniobra que el Ejecutivo ha efectuado sobre la iniciativa legislativa presentada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca para dejarla reducida a escombros.

Flaco favor le ha hecho Baldoví al sector profesional en el que milita provisionalmente. Su señoría cayó, como tantos otros, en el error de intentar lograr a toda costa su minuto y medio de gloria. Pero recurrir al espectáculo en medio de la galopante pérdida de credibilidad que soporta por mérito propio la clase política es una vuelta de tuerca más en la vía abierta por nuestros representantes públicos hacia el abismo. Si el espectáculo ofrecido por el congresista es una pequeña muestra de lo que nos aguarda tras el fin del bipartismo que pronostican las encuestas tendremos que prepararnos para seguir llorando a moco tendido por los siglos de los siglos.

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