Otra vez no, ¡por favor!
A finales del XIX España perdió sus últimas colonias, y aceleró su decadencia total cobrando fuerza los nacionalismos. Frente a ellos, Benito Pérez Galdós ante la grave crisis política y económica del país, hizo varias veces llamamientos para reforzar "la fe nacional". Lo recuerda Ana Mendoza en un artículo publicado Eldiario.es.
En este artículo se afirma que la esperanza era que "la unión garantizara la superación de aquella crisis".
Lo mismito que hoy muchos deseamos hoy por el bien de nuestra patria, familia, hijos y nietos. Parece que el tiempo se ha detenido desde aquella crisis del XIX y despertamos de un sueño, con la amargura de vernos en una nación que parece, después de tantos años, no ha avanzado nada.
Leo: "El vil metal es causa de todos los conflictos: todas las crisis políticas son juegos de chicos, comparadas con una crisis financiera”. "No es la Discordia, es la crisis. La crisis financiera, que es la más terrible de las crisis”. “La pobreza, mas no de uno, sino de todos los españoles, la bancarrota de una nación, la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión".
Y hoy siento una indignante reflexión recursiva al leer: "Seguimos igual que hace cien años (¡Ya de aquella también!). Los grandes problemas del país siguen siendo los mismos y nadie parece que tenga capacidad para solucionarlos".
“En 1898, tras la pérdida de las últimas colonias, España se avergonzaba de su derrota y la alta burguesía conservadora, de las mismas regiones de siempre, pretenden encontrar en el nacionalismo su juego para proteger su riqueza no compartiéndola con el resto del país" (comentarios de Egido y Esteban sobre el autor). "Galdós creía en España como unidad nacional de destino y tenía una viva conciencia de España", añade Esteban.
Y así fue, solo con esta fe inquebrantable, la seriedad y el trabajo como se nos permitió llegar hasta finales del XX. Es ahora, cuando no se educa a la juventud (ni en la clase, ni en la mili) en estos valores, cuando volvemos y podemos volver al averno (guerra civil incluida) de donde hemos salido en el siglo pasado… Si no nos esforzamos en resolver nuestros problemas, si nuestros políticos no cambian, no racionalizan la administración, no racionalizan las autonomías (si se puede) y no dan ejemplo de austeridad, en un cambio paralelo y ejemplar para nuestras economías familiares, será fácil repetir nuestra triste historia otra vez.
En 1900, en un homenaje a Galdós y a sus "Episodios Nacionales", Galdós dijo: "Tengamos fe en nuestros destinos, digamos y declaremos que no se nos arrancará por la fuerza, como rama frágil y quebradiza, del tronco robusto a que pertenecemos".
"Ahora que la fe nacional parece enfriada y oscurecida, ahora que en nosotros ven algunos la rama del árbol patrio más expuesta a ser arrancada, demos el ejemplo de confianza en el porvenir. (...) De este modo contribuiremos a formar lo que hace tanta falta: la fe nacional. Cada cual en su esfera, grande o chica, debe ayudar a formarla y robustecerla, pues sin esa gran virtud no hay salvación posible para las naciones.
En "Soñemos, alma, soñemos", se expone la necesidad de un esfuerzo educativo y cultural para que el país pueda mejorar: "Como el agua a los campos, es necesaria la educación a nuestros secos y endurecidos entendimientos".
En una antología de textos sobre España, entresacados de los "Episodios Nacionales" y plenamente vigentes hoy, mediante un escrito sobre "Cánovas" se deja clara su opinión sobre los políticos: "Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto".
Por lo que viendo los gastos, los sueldos de nuestra abultada partitocracia (sindicatos más representativos incluidos), y las noticias sobre las cajas de ahorro, las famosas incursiones de nuestros políticos en nuestro sistema financiero,….pienso que aquí vamos marcha “Atrás Toda Las Dos”.
He de decir que sin embargo no se puede comparar su opinión sobre la monarquía, hoy puramente representativa y parlamentaria. No es la misma tampoco con los últimos malos ejemplos habidos, alguno con arrepentimiento incluido de nuestro rey. Tampoco lo son las escandalosas imputaciones de la justicia a su familia y las noticias de la prensa. Lo mismo que difiero sobre su opinión sobre la iglesia de entonces, hoy es una iglesia -frente a la crisis económica- plenamente ejemplar y evolucionada espiritualmente desde Vaticano II. Con el ejemplo y personalidad de papas como Juan XXIII, Juan Pablo II y la del actual Francisco, que estoy convencido dará mucho que hablar, sobretodo a sus enemigos.
Leyendo estas letras, mi mente enlaza con otro eminente escritor-aquí poco leído- que “de aquella ya escribía como si estuviera en el siglo XXI”, en su “Rebelión de las masas” por ejemplo. Pero estas historias no cabrían en este artículo; quizás un día me atreva. Hoy uno llega al convencimiento de que “hemos perdido la cabeza, olvidamos nuestra historia y estamos condenados a repetirla”: ¡¡¡Otra vez no, por favor!!!
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En este artículo se afirma que la esperanza era que "la unión garantizara la superación de aquella crisis".
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Leo: "El vil metal es causa de todos los conflictos: todas las crisis políticas son juegos de chicos, comparadas con una crisis financiera”. "No es la Discordia, es la crisis. La crisis financiera, que es la más terrible de las crisis”. “La pobreza, mas no de uno, sino de todos los españoles, la bancarrota de una nación, la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión".
Y hoy siento una indignante reflexión recursiva al leer: "Seguimos igual que hace cien años (¡Ya de aquella también!). Los grandes problemas del país siguen siendo los mismos y nadie parece que tenga capacidad para solucionarlos".
“En 1898, tras la pérdida de las últimas colonias, España se avergonzaba de su derrota y la alta burguesía conservadora, de las mismas regiones de siempre, pretenden encontrar en el nacionalismo su juego para proteger su riqueza no compartiéndola con el resto del país" (comentarios de Egido y Esteban sobre el autor). "Galdós creía en España como unidad nacional de destino y tenía una viva conciencia de España", añade Esteban.
Y así fue, solo con esta fe inquebrantable, la seriedad y el trabajo como se nos permitió llegar hasta finales del XX. Es ahora, cuando no se educa a la juventud (ni en la clase, ni en la mili) en estos valores, cuando volvemos y podemos volver al averno (guerra civil incluida) de donde hemos salido en el siglo pasado… Si no nos esforzamos en resolver nuestros problemas, si nuestros políticos no cambian, no racionalizan la administración, no racionalizan las autonomías (si se puede) y no dan ejemplo de austeridad, en un cambio paralelo y ejemplar para nuestras economías familiares, será fácil repetir nuestra triste historia otra vez.
En 1900, en un homenaje a Galdós y a sus "Episodios Nacionales", Galdós dijo: "Tengamos fe en nuestros destinos, digamos y declaremos que no se nos arrancará por la fuerza, como rama frágil y quebradiza, del tronco robusto a que pertenecemos".
"Ahora que la fe nacional parece enfriada y oscurecida, ahora que en nosotros ven algunos la rama del árbol patrio más expuesta a ser arrancada, demos el ejemplo de confianza en el porvenir. (...) De este modo contribuiremos a formar lo que hace tanta falta: la fe nacional. Cada cual en su esfera, grande o chica, debe ayudar a formarla y robustecerla, pues sin esa gran virtud no hay salvación posible para las naciones.
En "Soñemos, alma, soñemos", se expone la necesidad de un esfuerzo educativo y cultural para que el país pueda mejorar: "Como el agua a los campos, es necesaria la educación a nuestros secos y endurecidos entendimientos".
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Por lo que viendo los gastos, los sueldos de nuestra abultada partitocracia (sindicatos más representativos incluidos), y las noticias sobre las cajas de ahorro, las famosas incursiones de nuestros políticos en nuestro sistema financiero,….pienso que aquí vamos marcha “Atrás Toda Las Dos”.
He de decir que sin embargo no se puede comparar su opinión sobre la monarquía, hoy puramente representativa y parlamentaria. No es la misma tampoco con los últimos malos ejemplos habidos, alguno con arrepentimiento incluido de nuestro rey. Tampoco lo son las escandalosas imputaciones de la justicia a su familia y las noticias de la prensa. Lo mismo que difiero sobre su opinión sobre la iglesia de entonces, hoy es una iglesia -frente a la crisis económica- plenamente ejemplar y evolucionada espiritualmente desde Vaticano II. Con el ejemplo y personalidad de papas como Juan XXIII, Juan Pablo II y la del actual Francisco, que estoy convencido dará mucho que hablar, sobretodo a sus enemigos.
Leyendo estas letras, mi mente enlaza con otro eminente escritor-aquí poco leído- que “de aquella ya escribía como si estuviera en el siglo XXI”, en su “Rebelión de las masas” por ejemplo. Pero estas historias no cabrían en este artículo; quizás un día me atreva. Hoy uno llega al convencimiento de que “hemos perdido la cabeza, olvidamos nuestra historia y estamos condenados a repetirla”: ¡¡¡Otra vez no, por favor!!!
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