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Retos y discrepancias en la gestión del cambio de un modelo económico

Si realizáramos un repaso rápido a los conceptos de economía positiva y economía normativa, podríamos sintetizar diciendo que la función de la primera consiste en analizar el funcionamiento del mundo, las cosas que funcionan mal, las que funcionan bien, y elaborar previsiones. Es decir, es la rama del análisis económico que describe como funciona la economía en la realidad. La función de la segunda, en cambio, consiste en enunciar de qué manera deben funcionar las cosas estableciendo juicios de valor, o lo que es lo mismo, hacer recomendaciones sobre la forma en que la economía debería funcionar. Por lo tanto, a primera vista parecería que los campos están bien delimitados y establecidos con claridad. Uno se encarga de analizar científicamente la realidad y el otro de establecer las normas y las reglas del juego.

Sin embargo, habitualmente nos encontramos con importantes discrepancias entre los economistas, que dan lugar a distintos análisis, aplicaciones e interpretaciones tanto de la economía positiva como de la normativa. Frecuentemente se da el caso de que cuando hay algún tema en el que economistas conocidos toman posiciones contrarias –por ejemplo, si disminuir los impuestos en un momento determinado es aconsejable para la economía-, este hecho rápidamente se convierte en noticia, debido evidentemente a la directa repercusión para todos los ciudadanos y operadores económicos afectados. En consecuencia, es más probable escuchar noticias relacionadas con la falta de entendimiento que noticias sobre casos de acuerdo en muchas cuestiones.

Además, también es importante recordar que sin lugar a dudas, la economía está directamente relacionada con la política. Esto implica a veces que los grupos de poder necesitan que alguien diga lo que quieren oír incentivando y alentando la búsqueda de aquellos especialistas que profesen sus mismos puntos de vista.

En términos generales estas discrepancias suelen ser más aparentes que reales, porque normalmente en todo lo que se está de acuerdo no suele existir noticia, aunque muchas veces los desacuerdos terminan determinando posiciones contrapuestas insalvables. Esto suele ser debido casi siempre a dos razones diferenciadas: La primera serían los propios valores y creencias de las personas. Como en cualquier grupo de individuos, los valores de cada analista pueden ser distintos. Una segunda fuente de discrepancias son los propios modelos económicos. Debido a que los economistas basan sus conclusiones en modelos que son representaciones simplificadas de la realidad, distintos profesionales pueden discrepar legítimamente sobre cuál es el modelo más apropiado y por lo tanto, llegar a conclusiones diferentes.

Supongamos a modo de sencillo ejemplo que el gobierno de un país está considerando introducir un impuesto indirecto. El economista A puede disponer de un modelo que se centra en el coste administrativo del sistema impositivo, es decir, los costes de supervisar, recaudar el impuesto etc. Podría resaltar estos costes principalmente, y estar en contra del mismo. En cambio, el economista B podría pensar que la mejor manera de valorar el establecimiento del impuesto es hacer caso omiso a los costes administrativos y analizar de qué forma afectaría dicho impuesto al comportamiento del ahorro, señalando en su estudio que el impuesto indirecto incentiva el ahorro del consumidor.

Teniendo en cuenta que ambos han utilizado diferentes supuestos, cada modelo es distinto y por tanto obtendrán diferentes conclusiones, pudiendo discrepar en las mismas con toda legitimidad.

Estas discrepancias podrían resolverse comprobando en la realidad cuál de los dos modelos propuestos se ajusta más y la predice mejor. El problema es que en economía, como sucede en cualquier ciencia, puede pasar mucho tiempo antes de que la investigación resuelva la discrepancia, décadas en algunos casos. Y puesto que la economía está siempre cambiando, y va dejando obsoletos los viejos modelos, aparecen siempre nuevos problemas objeto de discusión.

Ahora bien, compete a los responsables de política económica de un país, o de una comunidad de países, decidir el modelo a seguir y aplicarle los factores de corrección que consideren oportunos cuando sea necesario, ya que una de las funciones más importantes de un gobierno es realizar un buen diseño de su política económica, y las decisiones adoptadas deben tener en cuenta los efectos que de ellas pueden derivarse. No hay que olvidar que el análisis económico es un método, no un conjunto de conclusiones, y la aplicación del método a la realidad es lo que termina generando unas consecuencias que finalmente se pueden analizar como conclusiones, aunque para entonces ya se deberán estar estableciendo otros supuestos para hacer frente a los nuevos cambios, retos y desafíos.

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