Las asimetrías y el mareo de la perdiz
Se dice que existe asimetría económica nacional cuando una de las partes o agentes económicos que intervienen en la economía de un determinado país no cuenta con la misma información que la otra sobre la influencia de las medidas económicas a adoptar para influir en los indicadores económicos. En el caso de que la parte encargada de tomar decisiones, bien se abstiene, o bien lo hace de forma equivocada -lamentablemente con mucha frecuencia-, esta asimetría conduce siempre a un fallo de la economía nacional, que proporciona un resultado económico ineficiente y no deseado.
Ejemplos de lo anterior tenemos en España para dar y tomar, aunque los responsables de enderezar el rumbo no asuman sus funciones y echen la culpa al mal tiempo, a la caótica coyuntura socio-económica mundial o al Banco Central Europeo. Tal cual.
Ayer mismo, sin ir más lejos, desde un importante Foro Económico madrileño, un espacio de ideas y debate que se ha convertido en uno de los foros empresariales más importantes en España, uno de nuestros ministros reclamaba al BCE una actitud más decidida para salir de la crisis, admitiendo que hacen falta otras muchas iniciativas para finalizar la situación actual, que no sabemos cuál es la solución, pero que empezamos a pensar que lo que hacemos no es suficiente, si bien es difícil tomar las decisiones adecuadas.
Al margen de desprestigiar el Foro -un espacio de ideas y debate- con un reconocimiento expreso de la pérdida del norte, quienes han perdido su puesto de trabajo y no encuentran alternativa laboral necesitan soluciones valientes y sin más dilación. Y quienes aún conservamos nuestros puestos de trabajo, pero con un futuro incierto y con la amenaza de un cierre más o menos próximo de nuestras empresas, reclamamos la adopción de medidas adecuadas, las estructurales que nos recomiendan por activa y por pasiva desde Bruselas. Esas que -por asimetría, seguro- nuestros responsables no quieren adoptar por temor a perder su estatus y prefieren seguir mareando la perdiz y pregonando que no hace falta poner en práctica más medidas, porque la cosa va bien.
Bien para ellos, claro.





















