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Opinión |
Miércoles, 22 de Mayo de 2013

La alargada sombra del cortoplacismo

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. O al menos así lo creía el insigne Winston Churchill. Mas me temo que la realidad demuestra que son raros los especímenes que así obran. Amigo lector, ¿cree que en este soleado rincón de España estamos pensando ya en las generaciones venideras, o más bien el horizonte al que se asoman nuestros dirigentes no va más allá de los próximos comicios? ¿Y qué me dicen de aquéllos que ni siquiera piensan en las elecciones?

El cortoplacismo se convierte en una tentación demasiado irresistible. Después de mí, el diluvio...o un confortable retiro. Luis XV se sentiría en su salsa, entre tantas acechanzas. Vivir el momento y quedarse con la mejor parte del pastel son las señas de identidad de una clase política cada vez más desprestigiada. La desafección social a hacia ella se hace patente en todos los sondeos que brotan por nuestras tierras. De este desencanto no se salva nadie, ni izquierdas ni derechas... Ni el centro que sigue sin existir. Los ciudadanos se sienten cada vez más alejados de lo que se decide en las altas instancias, que no son siempre tan altas, y cuestionan cada vez más a quienes les representan. No obstante, tendría que suceder lo contrario: una reputación intachable debería ser condición sine qua non para el ejercicio de la cosa pública. Y mantenerla -y acrecentarla- debería suponer el máximo aliciente para quienes nos administran. Pero estas aspiraciones son genuinas debilidades naíf en una sociedad que paulatinamente va perdiendo su ingenuidad. Aun así, de esta crisis saldremos, como entramos, por pura inercia. 

Ahora bien, es el momento de planificar el futuro para evitar posteriores recaídas todavía más graves. El cáncer que nos ha llevado a esta agónica etapa de recesión debe ser  tratado de manera fulminante para que no se vuelva a reproducir. Extirpemos el tumor, y evitemos la metástasis de tropezar indefectiblemente con las mismas y antiguas piedras. Y a la hora de distinguir lo urgente de lo necesario, tengamos altura de miras.

Afortunadamente la Región empieza a reaccionar, y quiere concentrar todas sus energías en siete sectores básicos para la reactivación económica: turismo, industria agroalimentaria, energía, logística, transporte, la industria petroquímica y la gestión del agua, que constituyen las siete cumbres del enésimo Plan Estratégico, el del  2014-2020. Sin la potenciación de esos nichos, y sus vetas de creación de empleo, el porvenir de nuestra Comunidad seguiría siendo muy incierto. Y el camino más corto, aunque parezca el más enrevesado, no es otro sino seguir haciendo hincapié en la inversión de I+D+i; cobijada entre esas tres siglas misteriosas, se esconde la clave de nuestro futuro.

Empero, entre nosotros, la sombra de la construcción sigue siendo todavía muy alargada, y a más de uno le ocasiona constantes y recurrentes pesadillas. Ahora este sector siente envidia del apoyo que el Gobierno está prestando al del automóvil y pide un plan de choque que permita impulsar la actividad, después de haber devorado en la alicaída España de la crisis un millón y medio de empleos y 170.000 empresas.

Paradójicamente, al mismo tiempo, se sigue hablando de cambiar de modelo productivo, y se insiste hasta la saciedad en que el país y la Región deben REINVENTARSE... ¿Por cuántos años más la Región tendría que seguir apoyándose en la ilusión del ladrillo para seguir creciendo? Hace un año un promotor murciano llegó a ofrecerse a pagar el banquete nupcial a quien comprara una de sus viviendas; ¿era para reír o para llorar?

Sin embargo, a pesar de todo, en nuestra economía regional se atisban ya tibios datos para la esperanza. La tasa neta de creación de empresas en la Comunidad creció en 2012 un 5,3%, por encima de la media nacional que se situó en el 2,4%. Y las exportaciones , que superaron la cifra récord de 9 mil millones, supusieron el año pasado ya el 30% del PIB regional (cuando la media en España es del 22%). Y esta tónica continúa acentuándose en este año 13, no apto para supersticiosos. En consecuencia, la recesión en nuestra Región da síntomas de que está perdiendo virulencia. Así el producto interior bruto de la Comunidad se ha contraído un 0,3% en el primer trimestre, dos décimas menos que la caída del Pib nacional, y por debajo de la contracción sufrida en este mismo periodo el año pasado.

Pero no se debe olvidar, ni por un instante, que 2012 fue un año nefasto para el mercado laboral de nuestra Región, que sufrió la pérdida de casi 30 mil empleos.  Aun así quiero creer que a lo largo del año, al fin, se invertirá esta tendencia; los datos del paro de abril apuntan en esa dirección (el número de desempleados de la Región se redujo en 2.193 personas). Pero son todavía más de 157 mil las que sufren de este mal endémico. Veremos qué sentencia dicta este mayo florido.

Y ante tanta urgencia, el cortoplacismo constituye todavía una mayor amenaza; con qué pasmosa facilidad se instala en todas las facetas de nuestra mundanal existencia. Vivimos para el ahora, el ahora lo preside todo. Qué pocos miran más allá. ¿Cuántos de nuestros representantes se convertirán en luminosos faros, y cuántos en obstáculos o bultos sospechosos? Ahora algunos de sus más brillantes exponentes se está peleando por el déficit a la carta. Y dan la patética sensación de que, en efecto, se están jugando nuestro futuro a la carta mayor... O al mus o al tute.

Como decía Chesterton, no hay cínicos, no hay materialistas. Todo hombre es un idealista, sólo que sucede con demasiada frecuencia que tiene un ideal equivocado. Y, de esta guisa, es muy probable que se apueste por lo que uno cree seguro, en detrimento de lo que sería mejor para todos.

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