Veni, Vidi, Vici
Desde siempre he tenido muy claro que lo primero que tenemos que tener presente cuando pretendemos desarrollar un negocio es la atención al cliente y la consideración primera y sustancial de todas sus necesidades, anteponiendo estas a los productos o servicios que podemos vender o prestar. Sin esta actitud, que como digo debe regular toda nuestra actividad, será complicado que seamos capaces de triunfar en nuestro proyecto, por eso o nos mentalizamos para poner el foco en esas variables o estaremos despistados, sin entender porque siendo nuestros productos o servicios excelentes, no conseguimos penetrar en el mercado y captar los clientes que necesitamos para obtener los deseados ingresos.
Debemos reconocer la dificultad que esta filosofía entraña, pues nos obliga a estar constantemente en alerta para tratar de identificar esas necesidades y discurriendo permanentemente para encontrar soluciones totalmente adaptadas que, de manera única y personalizada, satisfagan aquellas e incluso superen las expectativas que el propio cliente se ha creado. Evidentemente, resulta mucho más fácil diseñar un determinado servicio, estableciendo inamovibles protocolos de prestación y desempeño, y hacer que el cliente oriente su actividad hacia estos y resuelva sus necesidades con tales aportaciones, y si por un casual, aquellas se satisfacen de manera parcial o ni siquiera llegan a hacerlo, pues lo mejor es que cambie de necesidades, como decía Groucho Marx “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.
Centrándome ahora en la labor que un consultor debe tener y volviendo a la declaración de intenciones que inicialmente he manifestado, considero vital proceder del modo indicado, por eso, desde Balanza Financiera aplicamos con sumo rigor esta metodología, llevándola a sus últimas consecuencias, de este modo y para sorpresa de la gran mayoría de nuestros potenciales clientes, llegamos a asistir a la primera visita (veni) sin ni siquiera una presentación corporativa, que explique los servicios que prestamos en el ámbito de las finanzas corporativas y de recursos humanos, siendo el único y exclusivo motivo de tan atrevida conducta, la intención de conversar abierta y sinceramente con este cliente para identificar, de manera clara e inequívoca, las necesidades que le acucian y las dificultades a las que se enfrenta (vidi).
El modo de proceder que acabo de describir nos ofrece unas inmensas posibilidades de detección de necesidades, toda vez que llegamos libres de cualquier condicionamiento o limitación derivada de la pre-configuración o diseño de laboratorio del servicio que se pretende prestar, de forma que, siempre ciñéndonos al ámbito de actuación en el que somos especialistas, adquirimos una altísima permeabilidad y conseguimos, gracias también a la plena implicación en el proyecto del cliente y al compromiso asumido para alcanzar los mejores resultados posibles, aportar un alto valor añadido a su gestión y contribuir al incremento de sus resultados (vici).
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Debemos reconocer la dificultad que esta filosofía entraña, pues nos obliga a estar constantemente en alerta para tratar de identificar esas necesidades y discurriendo permanentemente para encontrar soluciones totalmente adaptadas que, de manera única y personalizada, satisfagan aquellas e incluso superen las expectativas que el propio cliente se ha creado. Evidentemente, resulta mucho más fácil diseñar un determinado servicio, estableciendo inamovibles protocolos de prestación y desempeño, y hacer que el cliente oriente su actividad hacia estos y resuelva sus necesidades con tales aportaciones, y si por un casual, aquellas se satisfacen de manera parcial o ni siquiera llegan a hacerlo, pues lo mejor es que cambie de necesidades, como decía Groucho Marx “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.Centrándome ahora en la labor que un consultor debe tener y volviendo a la declaración de intenciones que inicialmente he manifestado, considero vital proceder del modo indicado, por eso, desde Balanza Financiera aplicamos con sumo rigor esta metodología, llevándola a sus últimas consecuencias, de este modo y para sorpresa de la gran mayoría de nuestros potenciales clientes, llegamos a asistir a la primera visita (veni) sin ni siquiera una presentación corporativa, que explique los servicios que prestamos en el ámbito de las finanzas corporativas y de recursos humanos, siendo el único y exclusivo motivo de tan atrevida conducta, la intención de conversar abierta y sinceramente con este cliente para identificar, de manera clara e inequívoca, las necesidades que le acucian y las dificultades a las que se enfrenta (vidi).
El modo de proceder que acabo de describir nos ofrece unas inmensas posibilidades de detección de necesidades, toda vez que llegamos libres de cualquier condicionamiento o limitación derivada de la pre-configuración o diseño de laboratorio del servicio que se pretende prestar, de forma que, siempre ciñéndonos al ámbito de actuación en el que somos especialistas, adquirimos una altísima permeabilidad y conseguimos, gracias también a la plena implicación en el proyecto del cliente y al compromiso asumido para alcanzar los mejores resultados posibles, aportar un alto valor añadido a su gestión y contribuir al incremento de sus resultados (vici).
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