Puesta en escena
Hace mucho tiempo coincidí en un bar con el actor porno Nacho Vidal, como por aquel entonces estaba muy de moda, no quise dejar pasar la ocasión de hablar con él para luego poder contarlo, así que me acerqué a pedirle fuego sujetando un cigarrillo a la altura de la boca. Vidal no llevaba encendedor encima, pero me dijo que tenía unas manos fantásticas para el cine porno. Ante mi cara de sorpresa me explicó que, junto a mis manos, especialmente pequeñas, todas las cucas se verían grandes. En el cine, la escenografía es fundamental, fue lo último que me espetó antes de ponerse a hablar con una chica con unos pechos que harían pequeña a cualquier cuca.
Marco Godoy, joven artista madrileño de 27 años, sabe que la escenografía no sólo es importante en el cine, sino que lo es en cualquier ámbito, especialmente es aquellos escenarios donde lo que se persigue es transmitir una sensación de poder y superioridad.
Las fotografías pertenecientes a su serie El poder en escena, -que se exhiben desde hoy, en la galería La Aurora de Murcia-, hablan por sí mismas de este fenómeno. En ellas pueden verse los despachos de los Decanos de la Universidad Complutense de Madrid; sus propietarios eventuales no aparecen, sí lo hacen los atributos que los rodean: pesadas alfombras, aristocráticos pendones, brillantes maderas y confortables sillas de regios respaldos se señorean detrás de olímpicas mesas. Todo es accesorio, pero está tan cargado de simbología que una, mientras las observa, no sabe qué hacer con sus manos y las esconde en el bolsillo o detrás de la espalda porque nunca se han sentido tan pequeñas ante semejante derroche de poder.
Al rescate de lo pequeño, de lo insignificante, aporta Godoy el vídeo Reclamando el eco donde el coro de la Solfónica, -que surgió tras el Movimiento 15 M-, llena el espacio sin más artificio que sus propias voces e interpreta, al son de las composiciones barrocas de Henry Purcell, las consignas que quedaron registradas en carteles y audios durante las acampadas españolas. Al concluir el vídeo, las manos se escapan de los bolsillos y una nota cómo lucen de mayor tamaño mientras aplauden.
Grande o pequeño, todo es cuestión de la puesta en escena.
![[Img #16010]](upload/img/periodico/img_16010.jpg)
Despacho del Decano de Medicina
Otros artículos de Cecilia López @caveatasaciones
Marco Godoy, joven artista madrileño de 27 años, sabe que la escenografía no sólo es importante en el cine, sino que lo es en cualquier ámbito, especialmente es aquellos escenarios donde lo que se persigue es transmitir una sensación de poder y superioridad.
Las fotografías pertenecientes a su serie El poder en escena, -que se exhiben desde hoy, en la galería La Aurora de Murcia-, hablan por sí mismas de este fenómeno. En ellas pueden verse los despachos de los Decanos de la Universidad Complutense de Madrid; sus propietarios eventuales no aparecen, sí lo hacen los atributos que los rodean: pesadas alfombras, aristocráticos pendones, brillantes maderas y confortables sillas de regios respaldos se señorean detrás de olímpicas mesas. Todo es accesorio, pero está tan cargado de simbología que una, mientras las observa, no sabe qué hacer con sus manos y las esconde en el bolsillo o detrás de la espalda porque nunca se han sentido tan pequeñas ante semejante derroche de poder.
Al rescate de lo pequeño, de lo insignificante, aporta Godoy el vídeo Reclamando el eco donde el coro de la Solfónica, -que surgió tras el Movimiento 15 M-, llena el espacio sin más artificio que sus propias voces e interpreta, al son de las composiciones barrocas de Henry Purcell, las consignas que quedaron registradas en carteles y audios durante las acampadas españolas. Al concluir el vídeo, las manos se escapan de los bolsillos y una nota cómo lucen de mayor tamaño mientras aplauden.
Grande o pequeño, todo es cuestión de la puesta en escena.
![[Img #16010]](upload/img/periodico/img_16010.jpg)
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