Agencias de calificación y transparencia
Hace unos días Financial Times daba un dato que me pareció muy elocuente: desde 1975 han quebrado 15 Estados y las agencias de calificación solo supieron prever tres de esas quiebras. Un error del 80% es un margen de error que a todas luces parece excesivo. Las mismas agencias que acaban de bajar la calificación a Estados Unidos, quince días antes de que quebrara Lheman Brothers otorgaban e este banco de inversiones la mejor nota: triple A. Algo les pasa a estas compañías para que no sean capaces de ver un burro a dos pasos. Y, sin embargo, el mercado se sigue guiando por ellas y el simple rumor de que una va a bajar la nota a Francia provoca una sacudida bursátil descomunal.
Entonces surgen voces que piden una agencia de calificación europea que es algo así como pretender que cuando el árbitro pita en tu contra puedas cambiarlo y poner uno de tu pueblo. No, no radica ahí la solución. Es mucho más complejo el asunto y desde luego, se mejoraría, al menos en parte, si hubiera más transparencia.
Para empezar los Estados, que dicho sea de paso son clientes de las agencias, deberían exigirles transparencia en cuanto a los criterios que utilizan para calificar la situación financiera de países y entidades. Estos criterios no se hacen públicos, lo que es como presentarse a un examen sin saber qué materia entra.
A su vez, las entidades financieras deberían ser más transparentes. Yo no sé cómo después del dinero que hemos inyectado para que sobrevivan a sus desastrosa alegría crediticia, todavía hay entidades financieras que tienen el desparpajo de no presentarse a los test de estrés. Es que son voluntarios, replican, y yo no sé por qué no se hacen obligatorios dado que tanto dinero nos está costando la juerga bancaria.
También los Estado deberían ser a su vez más transparentes. No vale, por ejemplo, que hace dos años, en plena crisis, el presidente del Gobierno proclamara a los cuatro vientos que el sistema financiero español era el más sólido de Europa. No vale, porque era mentira y él lo sabía; como lo sabía el Banco de España y callaba; como lo sabía mucha gente de esa que anda por la calle, aunque ésta sí que te lo decía: te tomabas un café con el cuñado, que trabaja en un banco, y te espetaba –¡hace dos años!-: “van a intervenir a la CAM”. Y tú te quedabas pensando: “sí, hombre, en el sistema financiero mejor de Europa. Mi cuñao se ha fumao algo”
Claro que lo que no te decía es que el FROB iba a destituir a su directora general y la iba a dejar sin funciones, como empleada de la entidad y ¡con el mismo sueldo!
Ni decía que misma CAM, ahora intervenida y a punto de ser subastada, concedió en los seis últimos años 161 millones en créditos a consejeros y miembros de la comisión de control de la caja, para sus negocios particulares y a un interés menor del 3%, es decir, por debajo del precio de mercado (http://www.elpais.com/articulo/economia/CAM/facilito/prestamos/baratos/consejeros/valor/161/millones/elpepieco/20110726elpepieco_3/Tes)
Total que tengo para mí que la salida de la crisis consiste en volver para atrás por el camino que alegremente recorrimos. Y volver a creernos que hay que jugar limpio, que se necesita transparencia y que sin comportamientos éticos esto se hace inhabitable. Hala, pues que cada uno haga examen de conciencia, que es sanísimo en pleno agosto.
Entonces surgen voces que piden una agencia de calificación europea que es algo así como pretender que cuando el árbitro pita en tu contra puedas cambiarlo y poner uno de tu pueblo. No, no radica ahí la solución. Es mucho más complejo el asunto y desde luego, se mejoraría, al menos en parte, si hubiera más transparencia.
Para empezar los Estados, que dicho sea de paso son clientes de las agencias, deberían exigirles transparencia en cuanto a los criterios que utilizan para calificar la situación financiera de países y entidades. Estos criterios no se hacen públicos, lo que es como presentarse a un examen sin saber qué materia entra.
A su vez, las entidades financieras deberían ser más transparentes. Yo no sé cómo después del dinero que hemos inyectado para que sobrevivan a sus desastrosa alegría crediticia, todavía hay entidades financieras que tienen el desparpajo de no presentarse a los test de estrés. Es que son voluntarios, replican, y yo no sé por qué no se hacen obligatorios dado que tanto dinero nos está costando la juerga bancaria.
También los Estado deberían ser a su vez más transparentes. No vale, por ejemplo, que hace dos años, en plena crisis, el presidente del Gobierno proclamara a los cuatro vientos que el sistema financiero español era el más sólido de Europa. No vale, porque era mentira y él lo sabía; como lo sabía el Banco de España y callaba; como lo sabía mucha gente de esa que anda por la calle, aunque ésta sí que te lo decía: te tomabas un café con el cuñado, que trabaja en un banco, y te espetaba –¡hace dos años!-: “van a intervenir a la CAM”. Y tú te quedabas pensando: “sí, hombre, en el sistema financiero mejor de Europa. Mi cuñao se ha fumao algo”
Claro que lo que no te decía es que el FROB iba a destituir a su directora general y la iba a dejar sin funciones, como empleada de la entidad y ¡con el mismo sueldo!
Ni decía que misma CAM, ahora intervenida y a punto de ser subastada, concedió en los seis últimos años 161 millones en créditos a consejeros y miembros de la comisión de control de la caja, para sus negocios particulares y a un interés menor del 3%, es decir, por debajo del precio de mercado (http://www.elpais.com/articulo/economia/CAM/facilito/prestamos/baratos/consejeros/valor/161/millones/elpepieco/20110726elpepieco_3/Tes)
Total que tengo para mí que la salida de la crisis consiste en volver para atrás por el camino que alegremente recorrimos. Y volver a creernos que hay que jugar limpio, que se necesita transparencia y que sin comportamientos éticos esto se hace inhabitable. Hala, pues que cada uno haga examen de conciencia, que es sanísimo en pleno agosto.





















