Releer a los clásicos
Coincidiendo con la ofensiva lanzada por los ministros Cristóbal Montoro, Luis De Guindos y Fátima Báñez para chutar optimismo en las atrofiadas venas del paciente por culpa del colesterol acumulado en parte tras la ingesta masiva de chorizo, hemos conocido que el número de compatriotas que poseen grandes patrimonios se ha incrementado un 5,4 por ciento en 2012. Es decir, en España y en plena crisis hay en estos momentos un total de 144.600 personas que poseen activos financieros de al menos 740.000 euros sin contar la primera vivienda y los consumibles.
Se ignora si la coincidencia espaciotemporal de ambas revelaciones -la de los tres lanceros bengalíes y la de la agencia RBC Wealth Management y Capgemini- guarda alguna relación oculta con una hipotética redistribución de la riqueza, pero lo que es seguro es que estamos ante la consecuencia del reparto del botín. Sobre todo si tomamos en consideración que la tendencia se mantiene a presión y volúmen constantes desde que, paradójicamente o por eso mismo, estalló el Big Bang que ha puesto a la galaxia económico-social patas arriba y ha dejado reducidos a la condición de alienígenas a centenares de miles de ciudadanos.
Sea o no esta la razón que ha animado a los principales baluartes del Gobierno a hablar sin tapujos de "la luz al final del túnel", de la "salida de la crisis", del "principio del fin" del desbarajuste, de que "lo peor ha pasado" y demás fármacos de uso tópico prescritos en auxilio de la autoestima y en defensa de la cirugía practicada para amputar derechos con la excusa de que el enfermo se les iba de las manos después de prometerle que tenían en el botiquín de campaña las tiritas adecuadas para detener la hemorragia, lo cierto es que se les ve más salerosos. Como si se lo creyeran, vamos. Aunque con cautelas, da la sensación de que el trío se muerde la lengua para no parecer exultante en exceso, alarde que en medio de semejante desolación se entendería como una grosería de dimensiones similares a la de la coexistencia del incremento de los nuevos ricos con el aumento del número de padres incapaces de proveer de una comidad decente al día a sus hijos.
Como el exceso de euforia suele conducir a la comisión de tremendas estupideces siquiera en su vertiente oral, y habida cuenta de que si algo hemos aprendido a lo largo del último lustro y pico es que ni el pueblo es soberano ni la mayoría de sus presuntos representantes defiende soberanía alguna que no sea la propia y la de terceros que campan en consejos de administración y en poderosos grupos de presión, lo que sí habría que encarcerles es que, al menos, revisaran la hemeroteca antes de zambullirse de nuevo en las procelosas aguas del ridículo. Que nos eviten la vergüenza ajena ya que no parecen capaces de aliviar la miseria ajena a ellos mismos. Que relean las citas de autores clásicos como Rodríguez Zapatero, Elena Salgado o el montaraz ex titular de Empleo Celestino Corbacho, que a punto estuvo de jurar por el niñito Jesús que España no llegaría a los cuatro millones de desempleados ni de coña.
La línea roja que trazan en el aie los políticos con la soltura de un delineante estaría marcada por los brotes verdes que vendió en el mercadillo de las ilusiones la entonces ministra socialista del ramo. En cuanto a alguno de los miembros del actual gobierno se le dispare la adrenalina y mencione la leguminosa, tubérculo o lo que sea el vegetal en cuestión, habrá llegado el momento de empezar a consumir medusas como recomienda la FAO.
Otros artículos de Jesús Alonso
Se ignora si la coincidencia espaciotemporal de ambas revelaciones -la de los tres lanceros bengalíes y la de la agencia RBC Wealth Management y Capgemini- guarda alguna relación oculta con una hipotética redistribución de la riqueza, pero lo que es seguro es que estamos ante la consecuencia del reparto del botín. Sobre todo si tomamos en consideración que la tendencia se mantiene a presión y volúmen constantes desde que, paradójicamente o por eso mismo, estalló el Big Bang que ha puesto a la galaxia económico-social patas arriba y ha dejado reducidos a la condición de alienígenas a centenares de miles de ciudadanos.
Sea o no esta la razón que ha animado a los principales baluartes del Gobierno a hablar sin tapujos de "la luz al final del túnel", de la "salida de la crisis", del "principio del fin" del desbarajuste, de que "lo peor ha pasado" y demás fármacos de uso tópico prescritos en auxilio de la autoestima y en defensa de la cirugía practicada para amputar derechos con la excusa de que el enfermo se les iba de las manos después de prometerle que tenían en el botiquín de campaña las tiritas adecuadas para detener la hemorragia, lo cierto es que se les ve más salerosos. Como si se lo creyeran, vamos. Aunque con cautelas, da la sensación de que el trío se muerde la lengua para no parecer exultante en exceso, alarde que en medio de semejante desolación se entendería como una grosería de dimensiones similares a la de la coexistencia del incremento de los nuevos ricos con el aumento del número de padres incapaces de proveer de una comidad decente al día a sus hijos.
Como el exceso de euforia suele conducir a la comisión de tremendas estupideces siquiera en su vertiente oral, y habida cuenta de que si algo hemos aprendido a lo largo del último lustro y pico es que ni el pueblo es soberano ni la mayoría de sus presuntos representantes defiende soberanía alguna que no sea la propia y la de terceros que campan en consejos de administración y en poderosos grupos de presión, lo que sí habría que encarcerles es que, al menos, revisaran la hemeroteca antes de zambullirse de nuevo en las procelosas aguas del ridículo. Que nos eviten la vergüenza ajena ya que no parecen capaces de aliviar la miseria ajena a ellos mismos. Que relean las citas de autores clásicos como Rodríguez Zapatero, Elena Salgado o el montaraz ex titular de Empleo Celestino Corbacho, que a punto estuvo de jurar por el niñito Jesús que España no llegaría a los cuatro millones de desempleados ni de coña.
La línea roja que trazan en el aie los políticos con la soltura de un delineante estaría marcada por los brotes verdes que vendió en el mercadillo de las ilusiones la entonces ministra socialista del ramo. En cuanto a alguno de los miembros del actual gobierno se le dispare la adrenalina y mencione la leguminosa, tubérculo o lo que sea el vegetal en cuestión, habrá llegado el momento de empezar a consumir medusas como recomienda la FAO.
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