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Opinión |
Lunes, 22 de Agosto de 2011

Los disparates de Trichet. La zona euro necesita tipos 'cero'

Independientemente de algunos elementos particulares de esta crisis de agosto, que pasará a la historia de los pánicos financieros, en la tercera semana de agosto han vuelto a la escena los dos factores básicos de la caída, a saber, la incapacidad de los líderes políticos para afrontar los retos que plantea la necesaria reducción de la Gran Deuda, y el temor de que la economía global entre en una nueva fase recesiva.
 
En lo que a los políticos se refiere, la reunión del martes entre Ángela Merkel y Sarkozy fue un nuevo golpe a la credibilidad de unos líderes europeos de los que los inversores hace tiempo que no se fían. Si todo lo que se puede ofrecer para salir de la crisis es un impuesto a la banca y a las transacciones financieras, echando mas leña al fuego de unas Bolsas que se desploman, mejor no reunirse. Merkel y Sarkozy deberían saberlo. No vale posponer al 2013 las soluciones de fondo, como la de los eurobonos, cuando el euro corre peligro y cuando los problemas del euro tienen alcance sistémico y afectan al conjunto de la economía global. Se sigue jugando con fuego y llama la atención la actitud de Merkel, ya que la Bolsa alemana es la más penalizada de las europeas en agosto.
 
En cuanto al estancamiento global, el martes Alemania anunciaba un crecimiento del 0,1% en el segundo trimestre, tras el anuncio el viernes pasado de crecimiento cero en Francia, poniendo así de manifiesto que la zona euro está parada, lo que añade mas dificultad al ya de por si complejo problema de la deuda en la zona. El miércoles las pobres previsiones de la tecnológica Dell volvían a poner de relieve que la demanda global es débil y que ni siquiera el sector tecnológico, que despertó tantas expectativas los primeros meses del año, levanta cabeza.
 
Pero fue el jueves cuando se destapó la caja de los truenos, con un informe de Morgan Stanley en el que se afirma que la economía global esta al borde de la recesión. El informe apuesta por un raquítico crecimiento del 1,5% en el 2011 para las economías desarrolladas y por una desaceleración de las economías emergentes en los dos próximos años. El mismo jueves, ya por la tarde, varios datos americanos del mercado laboral y de vivienda, unidos a un pésimo indicador de la Reserva Federal de Filadelfia que se situaba en niveles próximos a la recesión, provocaron el desplome de unas Bolsas que habían empezado a recuperarse.
 
El hecho de que el propio jueves el tipo de interés del bono del Tesoro americano a diez años, el T bond, bajase hasta 1,97%, un nivel que ni siquiera se vio en la Gran Depresión de los treinta y que sólo se alcanzó en el año 1950, tras la guerra, muestra bien a las claras la intensa aversión de los inversores hacia los activos de riesgo. Los inversores descuentan un escenario de Gran Depresión y esto es lo que deberían estar analizando políticos y los Bancos centrales en este convulso agosto, en lugar de idear nuevos impuestos para la banca. Dada esa aversión al riesgo de los ahorradores lo que hace falta es mover la liquidez hacia activos de riesgo, y no entorpecer ese movimiento con nuevos impuestos.
 
El disparate del BCE al subir tipos dos veces, en abril y julio, es hoy aún más obvio. Un nuevo error de Trichet y de su equipo, que debería corregirse con rapidez. Es mas, el BCE debería plantear para la zona euro una política de tipos interés cero como uno de los ingredientes del cóctel necesario para resolver los complejos problemas que, si no hay respuesta rápida, llevan camino de romper el euro. Aprovechando que el bono alemán a diez años está en tipos del 2% y que la inflación bajará al bajar el petróleo, el BCE debería hacer un movimiento audaz, que ayudaría a la economía real y a los Bancos, necesitados de mayor capital, además de aliviar el peso de la deuda. Es lo que está haciendo la FED, que a lo largo de esta crisis ha estado mucho mas acertada que nuestro BCE.
 
Por lo demás, lo que estamos viendo no debería sorprender tanto. Si se impone la austeridad fiscal, como debe ser, y todos los Gobiernos gastan menos, es lógico que el PIB baje. Lo importante, por tanto, es ver como reacciona la economía privada. Y es precisamente ahí donde ayuda una política de tipos de interés agresiva que movilice el dinero hacia la inversión, como paso previo para crear empleo. No hace falta inyectar más liquidez, hay ya mucha liquidez en el sistema, como lo demuestra que el oro esté en máximos históricos de todos los tiempos y que los tipos del bono alemán y americano a diez años estén al 2%, es decir en tipos reales negativos. Lo que hace falta es mover la liquidez hacia la inversión, como parece haber entendido Bernanke, que hablará el viernes próximo en la reunión anual de Jackson Hole.
 
En términos de valoración de activos, los tipos al 2% del bund y del T bond ayudan mucho para ese movimiento hacia los activos de inversión, al ser la referencia utilizada de forma universal para descontar flujos futuros, lo que debería poner un suelo a la caída de las acciones, cuando acabe el pánico.
 
Dicho lo anterior, y centrándonos en las Bolsas, el desplome de agosto, aunque indudablemente tiene su fundamento último en la desaceleración global necesaria para reducir los niveles de deuda, es exagerado. Los datos económicos que se van conociendo tienen cierto componente coyuntural y están afectados por el efecto retardado del tsunami japonés. El trading automático, la menor liquidez de los mercados en agosto, el creciente peso de la operativa a cortísimo plazo y, tal vez, la necesidad de ejecutar y liquidar posiciones en algunas carteras al saltar a la baja ciertos niveles, son factores que explican estas exageraciones veraniegas de las Bolsas, que se autoalimentan haciendo difícil saber donde tienen su final. Pero lo tienen.
 
Ante la frustración que producen las actuaciones del BCE y de los líderes europeos, ponemos nuestra esperanza en los nuevos datos de esta semana, y en los mensajes que emita Bernanke desde Jackson Hole, Wyoming. Seguimos apostando por una salida que incorpore algo de inflación al sistema, lo cual ayudaría a poner suelo a las Bolsas, desplazando dinero de los bonos a las acciones y trasladando a los tenedores de bonos y de liquidez algo del peaje que ya han pagado, sobradamente, los inversores en acciones.
 

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