Por sus faltas los conocerás
Cuenta Salvador Dalí en una entrevista que le hicieron en los años 70, que nunca había conseguido escribir sin faltas de ortografía, de tal manera que siendo niño, a su padre, notario de profesión, casi le da un muere, porque el pequeño Dalí había conseguido lo imposible: escribir la palabra revolución con cuatro faltas de ortografía.
Según explica el propio artista, encontró la “r” tan sonora que decidió doblarla, la “v” la cambió por una “b”, ya a mitad de la palabra, consideró que le faltaba como algo y le añadió una “h” intercalada y para rematar la acabó con una “t”, tal vez por darle su personal toque.
Estas mismas faltas, -que hicieron que su padre se encamara tras ver una “rrebolhuciónt” (no aclara Dalí si puso la tilde), en manos de su retoño, al tiempo que comentaba “este chico tiene que morir cubierto de piojos”-, son las que ahora podrían ayudar a determinar la autoría de un cuadro atribuido al genial artista.
La pieza, que representa unos volátiles ángeles entrelazados, es propiedad de un artista mallorquín que la compró por poco dinero en un rastro en Girona. Al quitarle el polvo descubrió que en su margen inferior derecho ponía en catalán: “A mi querido profesor por el día de su nacimiento”, junto a una fecha y la firma de Dalí.
Tras mucho peregrinar por unos sitios y por otros, el propietario del cuadro le encargó una investigación a un criminólogo que, tras hacerle varias pruebas, piensa que puede ser de Dalí, entre otras cosas porque, el que escribe la dedicatoria puso venbolgut (querido) en lugar de benvolgut, aunque luego lo rectificó.
El caso es que a finales de esta semana, viene para acá el máximo experto en obra de Dalí para decir su última palabra y, con un poco de suerte, el dueño del cuadro acabará siendo un hombre adinerado y, a servidora, por su parte, no le afectará tanto que mi hijo Santiago me dejara los otros días una nota en la mesilla de noche que decía: mami, no tepreocupes, el ano que biene, fijo que me dan la veca.
Otros artículos de Cecilia López
Según explica el propio artista, encontró la “r” tan sonora que decidió doblarla, la “v” la cambió por una “b”, ya a mitad de la palabra, consideró que le faltaba como algo y le añadió una “h” intercalada y para rematar la acabó con una “t”, tal vez por darle su personal toque.
Estas mismas faltas, -que hicieron que su padre se encamara tras ver una “rrebolhuciónt” (no aclara Dalí si puso la tilde), en manos de su retoño, al tiempo que comentaba “este chico tiene que morir cubierto de piojos”-, son las que ahora podrían ayudar a determinar la autoría de un cuadro atribuido al genial artista.La pieza, que representa unos volátiles ángeles entrelazados, es propiedad de un artista mallorquín que la compró por poco dinero en un rastro en Girona. Al quitarle el polvo descubrió que en su margen inferior derecho ponía en catalán: “A mi querido profesor por el día de su nacimiento”, junto a una fecha y la firma de Dalí.
Tras mucho peregrinar por unos sitios y por otros, el propietario del cuadro le encargó una investigación a un criminólogo que, tras hacerle varias pruebas, piensa que puede ser de Dalí, entre otras cosas porque, el que escribe la dedicatoria puso venbolgut (querido) en lugar de benvolgut, aunque luego lo rectificó.
El caso es que a finales de esta semana, viene para acá el máximo experto en obra de Dalí para decir su última palabra y, con un poco de suerte, el dueño del cuadro acabará siendo un hombre adinerado y, a servidora, por su parte, no le afectará tanto que mi hijo Santiago me dejara los otros días una nota en la mesilla de noche que decía: mami, no tepreocupes, el ano que biene, fijo que me dan la veca.
Otros artículos de Cecilia López
























