Referéndum
Como entretenimiento ya basta. Ya hemos pasado unos cuantos días mareando la perdiz a costa del cambio en la Constitución y del referéndum. Con las dificultades por las que pasa el país, me parece una broma de muy mal gusto.
Primero, el presidente del Gobierno decide nada menos que cambiar la Constitución sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Un gobierno en la reserva, de la noche a la mañana y en pleno agosto, propone enmendar la Carta Magna sin que ni un solo español lo haya pedido. Sí, se trata de esa misma ley de leyes cuyo título octavo lleva dando guerra años sin que nadie se haya atrevido a reformarlo, sencillamente porque ningún político es capaz de decir en voz alta lo que muchos españoles piensan: que el Estado de las Autonomías ha resultado un engendro muy poco eficiente y carísimo.
Después ZP le cuenta sus cuitas a Rajoy y ¡–oh, prodigio!- se ponen de acuerdo en media hora. Ver para creer: no hay consenso para la política hidráulica o la energética, la educación, la sanidad, la ley electoral, el terrorismo o la más mínima estrategia económica, pero para esto sí. Flipo en 3D.
A continuación saltan los barones del PSOE, algunos diputados del PSOE, el mismo Rubalcaba; éste se pone a hacer pedagogía electoral y nos empieza a explicar en qué consisten las izquierdas –que son las que gastan con fines sociales- y las derechas, que son las que apoyan a los ricos. No hay más que verlo en la mucha diferencia que hay entre las Administraciones de derechas y de izquierdas. Salta a la vista.
Los nacionalistas vascos y catalanes hacen lo que mejor se les da: remangarse para ponerse a pescar, a ver qué cae, que a río revuelto ganancia de pescadores.
Izquierda Unida pide un referéndum, que dado lo que es Izquierda Unida parece poco más que si lo pidiera mi comunidad de vecinos. Pero ¡–oh prodigio!- a ese carro se apuntan los sindicatos, los estudiantes, el 15M… ¡Un referéndum! Claro, teniendo en cuenta lo mucho que sabemos los ciudadanos de deuda y déficit públicos, considerando nuestros profundos conocimientos de macroeconomía, es lógico que se pida la opinión del pueblo, así, deprisa y corriendo. Para hacer una norma que no entrará en vigor hasta dentro de ¡7 años!
Claro que si les ponemos un límite al endeudamiento de las Administraciones a lo mejor los sindicatos dejar de cobrar vía Fundación Tripartita. Y entonces sí, entonces toca anunciar movilizaciones. No las hacen contra un paro sobrecogedor, ni contra la corrupción, ni reivindicando algo para ese 48% de jóvenes que está en casa mirando mapas para emigrar. No, hay que movilizarse pidiendo un referéndum. Que, por otra parte, se sabe qué resultado arrojaría estando los dos partidos mayoritarios de acuerdo. Entonces, ¿a qué tanto teatro?
A todo esto nadie le explica a este pueblo tan maduro el porqué de todo este esperpento, no sea que la gente se asuste al darse cuenta de quién manda verdaderamente aquí. Nadie muestra la carta de Jean Claude Tricher, ni se nos dice con claridad qué exigencias ponen Sarkozy y Merkel. Me apetece citar a los clásicos: “Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta”.
Un gesto, se trata de hacer un gesto para que los mercados se queden tranquilos. Pero, amiguitos, a los mercados les tiene que poner la mar de nerviosos ver un país cuyos políticos juegan al escondite con los ciudadanos a los que representan, mientras la flexibilidad laboral, el aumento de la productividad, el fomento de las pymes, la lucha contra la economía sumergida y la competitividad ni están si se las espera. Lo dicho, una broma de muy mal gusto, vamos. Ya basta.
Primero, el presidente del Gobierno decide nada menos que cambiar la Constitución sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Un gobierno en la reserva, de la noche a la mañana y en pleno agosto, propone enmendar la Carta Magna sin que ni un solo español lo haya pedido. Sí, se trata de esa misma ley de leyes cuyo título octavo lleva dando guerra años sin que nadie se haya atrevido a reformarlo, sencillamente porque ningún político es capaz de decir en voz alta lo que muchos españoles piensan: que el Estado de las Autonomías ha resultado un engendro muy poco eficiente y carísimo.
Después ZP le cuenta sus cuitas a Rajoy y ¡–oh, prodigio!- se ponen de acuerdo en media hora. Ver para creer: no hay consenso para la política hidráulica o la energética, la educación, la sanidad, la ley electoral, el terrorismo o la más mínima estrategia económica, pero para esto sí. Flipo en 3D.
A continuación saltan los barones del PSOE, algunos diputados del PSOE, el mismo Rubalcaba; éste se pone a hacer pedagogía electoral y nos empieza a explicar en qué consisten las izquierdas –que son las que gastan con fines sociales- y las derechas, que son las que apoyan a los ricos. No hay más que verlo en la mucha diferencia que hay entre las Administraciones de derechas y de izquierdas. Salta a la vista.
Los nacionalistas vascos y catalanes hacen lo que mejor se les da: remangarse para ponerse a pescar, a ver qué cae, que a río revuelto ganancia de pescadores.
Izquierda Unida pide un referéndum, que dado lo que es Izquierda Unida parece poco más que si lo pidiera mi comunidad de vecinos. Pero ¡–oh prodigio!- a ese carro se apuntan los sindicatos, los estudiantes, el 15M… ¡Un referéndum! Claro, teniendo en cuenta lo mucho que sabemos los ciudadanos de deuda y déficit públicos, considerando nuestros profundos conocimientos de macroeconomía, es lógico que se pida la opinión del pueblo, así, deprisa y corriendo. Para hacer una norma que no entrará en vigor hasta dentro de ¡7 años!
Claro que si les ponemos un límite al endeudamiento de las Administraciones a lo mejor los sindicatos dejar de cobrar vía Fundación Tripartita. Y entonces sí, entonces toca anunciar movilizaciones. No las hacen contra un paro sobrecogedor, ni contra la corrupción, ni reivindicando algo para ese 48% de jóvenes que está en casa mirando mapas para emigrar. No, hay que movilizarse pidiendo un referéndum. Que, por otra parte, se sabe qué resultado arrojaría estando los dos partidos mayoritarios de acuerdo. Entonces, ¿a qué tanto teatro?
A todo esto nadie le explica a este pueblo tan maduro el porqué de todo este esperpento, no sea que la gente se asuste al darse cuenta de quién manda verdaderamente aquí. Nadie muestra la carta de Jean Claude Tricher, ni se nos dice con claridad qué exigencias ponen Sarkozy y Merkel. Me apetece citar a los clásicos: “Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta”.
Un gesto, se trata de hacer un gesto para que los mercados se queden tranquilos. Pero, amiguitos, a los mercados les tiene que poner la mar de nerviosos ver un país cuyos políticos juegan al escondite con los ciudadanos a los que representan, mientras la flexibilidad laboral, el aumento de la productividad, el fomento de las pymes, la lucha contra la economía sumergida y la competitividad ni están si se las espera. Lo dicho, una broma de muy mal gusto, vamos. Ya basta.





















