Acabad ya con esta inmoralidad
Una de las paradojas que estamos viviendo con la inmoralidad política, es que los ciudadanos no valoran lo suficiente lo mal que están gobernadas las instituciones por esta causa. Sorprende que no se cesen en los cargos, pero lo que es imposible de comprender es que se nombren para cargos públicos a políticos imputados en procesos.
La inmoralidad política, para el común de los ciudadanos está muy clara, si se ha decidido, impulsado, apoyado, beneficiado, adulterado, o como vulgarmente se dice “amañado” alguna decisión, contrato o adjudicación, desde y con relación a los presupuestos públicos o decisiones de la Administración que beneficien a alguno en particular, es una inmoralidad, con independencia que se pruebe o no en sede judicial, que a veces llega en situación de prescrita.
Se habla tanto de corrupción, que hay que resaltar el aspecto de inmoralidad, porque la parte ética desde la que pivota la política, queda como despreciada a ese esfuerzo ciudadano de mantener su democracia. El desprecio a ese sacrificio, duele. Y duele mucho más, que ir o no ir a la cárcel, porque lo más importante es la parte moral, la parte punible de privación de libertad no es lo más importante para la sociedad, los ciudadanos no persiguen a sus políticos para que vayan a la cárcel, lo que queremos, es que no tengan privilegios especiales, que sean juzgados como un ciudadano más, y que no se les conceda el beneficio de petición de gracia de indulto con tanta facilidad.
Es un espectáculo grotesco ver los indultos concedidos a los que han sido condenados por corrupción política. Es una burla a los ciudadanos y un claro manifiesto de lo que es el espacio político para algunos. No queremos que adulteren más nuestra democracia.
Nuestro país necesita reformas, unas políticas y otras económicas, pero las orientadas a la política deben acometerse sin más demora, porque estamos presenciando demasiados espectáculos inmorales de nombramientos en instituciones, en donde unos han mentido en su condición de militancia política, otros han ocultado sus incompatibilidades, sus sobre sueldos, y otros convivían en su familia y no se enteraban de la economía que compartían, y lo que es peor, los hay que hasta estando imputados en procesos, aceptan cargos públicos y prometan sobre la Constitución, cumplir y hacer cumplir las leyes, lo que resulta demasiado grotesco. ¡Tenemos que acabar con este sarcasmo!
Más artículos de José Molina en su blog del Círculo de Economía
La inmoralidad política, para el común de los ciudadanos está muy clara, si se ha decidido, impulsado, apoyado, beneficiado, adulterado, o como vulgarmente se dice “amañado” alguna decisión, contrato o adjudicación, desde y con relación a los presupuestos públicos o decisiones de la Administración que beneficien a alguno en particular, es una inmoralidad, con independencia que se pruebe o no en sede judicial, que a veces llega en situación de prescrita.
Se habla tanto de corrupción, que hay que resaltar el aspecto de inmoralidad, porque la parte ética desde la que pivota la política, queda como despreciada a ese esfuerzo ciudadano de mantener su democracia. El desprecio a ese sacrificio, duele. Y duele mucho más, que ir o no ir a la cárcel, porque lo más importante es la parte moral, la parte punible de privación de libertad no es lo más importante para la sociedad, los ciudadanos no persiguen a sus políticos para que vayan a la cárcel, lo que queremos, es que no tengan privilegios especiales, que sean juzgados como un ciudadano más, y que no se les conceda el beneficio de petición de gracia de indulto con tanta facilidad.
Es un espectáculo grotesco ver los indultos concedidos a los que han sido condenados por corrupción política. Es una burla a los ciudadanos y un claro manifiesto de lo que es el espacio político para algunos. No queremos que adulteren más nuestra democracia.
Nuestro país necesita reformas, unas políticas y otras económicas, pero las orientadas a la política deben acometerse sin más demora, porque estamos presenciando demasiados espectáculos inmorales de nombramientos en instituciones, en donde unos han mentido en su condición de militancia política, otros han ocultado sus incompatibilidades, sus sobre sueldos, y otros convivían en su familia y no se enteraban de la economía que compartían, y lo que es peor, los hay que hasta estando imputados en procesos, aceptan cargos públicos y prometan sobre la Constitución, cumplir y hacer cumplir las leyes, lo que resulta demasiado grotesco. ¡Tenemos que acabar con este sarcasmo!
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