Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Martes, 10 de Septiembre de 2013

No va más…

Supongo que todos identificamos el origen de esta archiconocida y paralizante frase, paralizante en el sentido literal de la palabra, ¿o es que no se ha fijado en el efecto que produce en la gente que rodea las mesas de juego de los casinos, cuando el Croupier la exclama sentenciosamente? En ese caso, le invito a observarlo y comprobar como todos sin excepción quedan expectantes, sin mover musculo alguno, deseando que la azarosa bolita tenga a bien premiarle cayendo en el número elegido.

Pues bien, si reflexionamos, con cierta imaginación claro está, acerca de las posibles aplicaciones que tan determinante frase tiene en el mundo de los negocios, podremos darnos cuenta que existen algunas y que estas proceden de la existencia misma del instante que marca, el cual separa el antes del después e implica que lo que hagamos en el antes afectará inevitablemente a lo que suceda en el después, aunque, en el caso del juego de la ruleta, con cierto componente de azar o aleatoriedad.

[Img #17794]Adentrándonos pues en el mundo de los negocios y en la gestión que hay que realizar de ellos, podremos detectar una primera aplicación posible, que además ya ha sido esbozada, “los resultados obtenidos dependen de nuestras decisiones previas”, igual que ocurre en la ruleta cuando escogemos el número, si nuestra apuesta es acertada lograremos unas buenas ganancias, pero si la erramos perderemos nuestro dinero, teniendo una segunda oportunidad solo si contamos con las reservas suficientes como para realizar una nueva jugada o debiendo abandonar la mesa de juego, si nos hemos quedado sin blanca. No obstante, debemos introducir un rasgo diferenciador entre el juego de la ruleta y los negocios, mientras en la primera existe un grado de aleatoriedad, en el mundo de los negocios, el azar no debe existir o de hacerlo, debe ser en dosis poco significativas, de modo que solo afecte en pequeña escala a nuestro resultado. Por tanto, pensemos dónde vamos a situar nuestra inversión, hagámoslo con criterio, sustentando nuestras decisiones en rigurosos estudios y análisis previos y, por supuesto, realicemos el pertinente seguimiento para continuar por la senda elegida, si vemos que es acertada o replantear nuestra estrategia, si comprobamos que nuestra primera elección no fue correcta.

La segunda posible aplicación obedece a que “el tiempo es limitado”, es decir, no contamos con toda la eternidad para tomar nuestras decisiones, diseñar y ejecutar nuestra estrategia, analizar los resultados obtenidos y tomar medidas en caso de que debamos corregir nuestra línea de trabajo. Lamentablemente, Monsieur Croupier nos concede solo un rato para escoger nuestra jugada y, del mismo modo, los mercados y sus circunstancias cambiantes nos otorgan poco margen temporal para dictaminar sobre lo que más nos interesa hacer. Así pues, llegado el momento, nuestra decisión deberá estar tomada, sino ya será tarde y estaremos obligados a tomar otra nueva, entrando, de no actuar con la agilidad necesaria, en un bucle en el que jamás seremos capaces acertar y hacer coincidir decisión adecuada con momento idóneo y esto es básico para tener éxito en los negocios.

Señores, hagan juego …

Otros artículos de Juan García Cascales


Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.