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Quiénes participan en política, cómo y cuántos

Para contestar estas preguntas del año 2013, parece mentira que sea válido y tenga pleno sentido lo escrito por dos de nuestros  mejores pensadores -Marañón y Ortega y Gasset- en  los años treinta. Claro que apenas le hicieron caso; como ahora, que nuestros estudiantes apenas saben quiénes son.

Por político hoy solo se entiende aquel  que elige como oficio la actuación política en el  gobierno de los estados. Pero  en su sentido etimológico puro, en su más noble y amplio sentido,  un político era el mismo  ciudadano de la polis griega.

A medida que es más alta y útil la actividad social de un hombre en la sociedad, más arraigada debería  de estar esta actividad en su ciudadanía, como así era para los antiguos griegos. Todo lo contrario de lo que puede apreciarse en nuestra sociedad de hoy en día, y sobre todo en estos últimos tiempos de esta democracia en España.

A parte de su hoy desprestigiado  nombre, hay también  una razón: la política activa ha absorbido, inutilizado a un buen número de personas de calidad en estos últimos tiempos de vida española. La política ha absorbido las savias mas útiles de la vida española, dejando huérfana a muchas actividades esenciales para el progreso del país. Solo los abogados lograron esta compatibilidad con la de su profesión, dándonos  la razón los males que han sufrido tanto  la abogacía  como- sobretodo según el mismo D. Gregorio Marañón-la misma política, pues –con las naturales excepciones-los abogados  (los mas localistas) son los que tienen  menos sensibilidad para percibir y reaccionar ante los temas más universales.

Es verdaderamente grave el mal que hacen esos hombres  honrados y preparados de nuestro tiempo que han cerrado su espíritu, no solo a  la ambición política, sino también a  su sagrada inquietud, a su  aportación política. ¿Será por el miedo a la baja condición de sus sucias acciones, rencillas, traiciones, peleas, egoísmos, ambiciones…?

En todo país, particularmente en el nuestro  debido  a  su raquítico nivel medio cultural, “los que destacan en la vida del pensamiento ejercen una gran influencia sobre la mayor parte de sus conciudadanos”: la multitud -dice Marañón- piensa lo que piensan una decena de cabezas. Y en España esas cabezas han decidido indignarse pero no pensar en nada fuera de sus profesiones, en no participar; con las facilidades y  ayudas interesadísimas  de los mismos políticos mediocres para que no lo hagan y le quiten los puestos. Se  entrega así  la génesis de la opinión nacional a los profesionales del  politiqueo, esos  que tanto nos disgustan según las encuestas por su baja moral  e instrucción, con el riesgo de nuestra civilización democrática.

Y digo civilización, no colonización. La colonización se logra construyendo caminos,  canales, puertos,  e incluso (tomen nota más de un Consejero o Ministro de Educación)  escuelas, institutos en un pueblo sin personalidad propia. La civilización se labra con dignidad, tolerancia, noble afán de la cosa pública y austeridad en la vida privada. Solo se necesita un pueblo consciente, y la consciencia de los pueblos la hacen sus hombres más representativos y no solo  los políticos de profesión.

Ahondando este problema cualitativo sobre la política expuesto por Marañón en 'Raíz y Decoro de España', ya entonces y como si fuese hoy, llego al mismo -visto  cuantitativamente-  de mano de  Ortega y Gasset  en 'España invertebrada', donde  profundiza en el tema pues España posee una evidente y perdurable escasez de individuos eminentes. La desproporción entre nuestro vulgo y nuestros mejores es incesante. La personalidad autónoma que adopta una vida individual consciente es rarísima aquí en comparación con Inglaterra y Francia.  

La mayor distinción que nos separa de estos dos países fue históricamente el feudalismo. El espíritu romano, para organizar un pueblo,  funda al principio  un estado;  no concibe otra existencia sino como miembros sumisos de ese estado. Para el espíritu feudal germánico el pueblo es un conjunto de seres enérgicos, y la amplitud de su ánimo sabe imponerse a los demás, conquistando, haciéndose señores de tierras.

Nuestros visigodos  vinieron a España ya extenuados, sin minoría selecta, y fueron  barridos por una ola musulmana, Se formaron después reinos con monarcas, pero sin suficiente minoría de nobleza. El pretencioso alimento democrático, que se dice sopla por nuestras viejas leyes y empuja al derecho consuetudinario, es más bien puro odio al que pueda valer  más que la masa y  dirigirla. Somos raza agrícola con temperamento rural, y del ruralismo es característico no disponer de minorías eminentes.

Hay pueblos que se quedan en este estado de “aldea”; podrán  tener muchos habitantes, pero su espíritu será labriego, no participará en la historia. El odio a los mejores, la escasez de estos y la rebelión de sus masas a su  gobierno son las razones del atraso secular de la sociedad española. En España ha llegado a triunfar el más chabacano aburguesamiento, tanto en las clases elevadas como en las bajas. Es curioso ver como la masa de los torpes aplasta cualquier intento de fineza.  P. ej. Isaac Peral, con él, con su ingenio, no hubiéramos perdido Filipinas ni Cuba.

En fin, es imperativo crear un nuevo país bajo el imperativo de selección, forjando un nuevo tipo de hombre español, no basta con las mejores políticas, ni las económicas que nos quieren hacer ver nuestros políticos: es necesario una labor  más profunda, una educación más profunda basada en el esfuerzo personal y no lo que nos daban como ricos sin serlo.

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