El chotis de Wert
Si contamos la LGE promulgada en 1970, pero que tuvo vigencia parcialmente hasta 1990, en lo que llevamos de democracia hemos asistido al nacimiento de ocho leyes de Educación. La LOECE de 1980, la LODE de 1985, la LOGSE de 1990, la LOPEG de 1995, la LOCE de 2002, la LOE de 2006 y, ahora, tostadita como una porra frita para acompañar el cafelito con leche de Ana Botella, la LOMCE del ministro Ignacio Wert.
Toda una sopa de letras cocinada en los pucheros de los sucesivos gobiernos que, lejos de nutrir las molleras de los educandos según reflejan los sesudos indicadores internacionales y las aterradoras cifras de fracaso escolar, solo ha servido para calentar los estómagos ideológicos de sus autores y para situar una vez más el foco sobre la incapacidad fisiológica de nuestros dirigentes para ponerse de acuerdo en los asuntos verdaderamente vitales.
Si introducimos en el potaje que forma el conjunto de siglas el último alumbramiento del Ejecutivo de Rajoy es solo porque sobre él pende el compromiso de aniquilamiento que han asumido los partidos de la oposición a nada que el PP se despiste un poco más de lo que ya lo está y no logre otra mayoría aboluta en los próximos comicios como aventuran las encuestas. De momento, y sin que todavía les haya dado tiempo a los más pequeños de la clase a comerse la goma de borrar, los sindicatos y demás colectivos involucrados por activa o por pasiva en la enseñanza han convocado una huelga general contra la reforma educativa, la subida de tasas de las matrículas universitarias y los recortes en becas para el día 24 de octubre, segunda que se registra en pocos meses y que medirá el nivel de descontento y volverá a confirmar que matemáticas es una de las asignaturas pendientes cuando las cifras oficiales de seguimiento no tengan nada que ver con las que den a conocer quienes auspician la protesta en un inicio de otoño que se prevé tórrido. Y más que lo estará si el muñidor y cabeza visible del invento sigue echando gasolina a la hoguera.
Porque lo que queda claro es que cada época tiene su afán. Y si el Cojo Manteca, fallecido en Orihuela en 1996, adquirió en Madrid el injusto rango de icono de las movilizaciones estudiantiles de 1987 gracias a las fotografías publicadas en toda la prensa nacional y extranjera, en las que aparecía rompiendo semáforos y demás mobiliario urbano con su muleta, el ministro Wert sigue haciendo denodados esfuerzos por afianzarse como símbolo de la provocación en un contexto extremadamente convulso al que lo único que le sobran son "hoolingans".
En este sentido, jactarse de que el nivel de discrepancia en España era una "fiesta de cumpleaños" si se comparaba con el existente en Chile y México, igualmente sumidos en procesos de cambio del sistema educativo, como hizo esta semana en un programa televisivo, es un llamamiento a la algarada por la vía del ninguneo. Además de imprudencia, denota una prepotencia y una falta de sensibilidad impropias de alquien que dirige uno de los departamentos más importantes, sensibles y castigados por el Ejecutivo. Salvando las evidentes distancias con Jon Manteca y su báculo destructor, el agitador Wert suele reducir a escombros lo que toca con sus ácidos eructos verbales.
Está empeñado en mantener su estatus de "enfant terrible" sabedor, tal vez, de que los golpes que recibe van en realidad contra su jefe y puede que esté esperando el reconocimiento a los servicios prestados cuando acabe su misión de comando. Cada vez que habla sube el pan a la misma velocidad que baja su cotización en los sondeos. Si no fuera por temor a incurrir en desacato se podría decir que tanto su actitud como su origen madrileño le aproximan a otro personaje ilustre. Ya saben: Pichi. Si, hombre, el chulo que castiga al que cantó Celia Gámez en el chotis de "Las Leandras". ¿Procederá el chotis del choteo que se trae Wert?
Otros artículos de Jesús Alonso
Toda una sopa de letras cocinada en los pucheros de los sucesivos gobiernos que, lejos de nutrir las molleras de los educandos según reflejan los sesudos indicadores internacionales y las aterradoras cifras de fracaso escolar, solo ha servido para calentar los estómagos ideológicos de sus autores y para situar una vez más el foco sobre la incapacidad fisiológica de nuestros dirigentes para ponerse de acuerdo en los asuntos verdaderamente vitales.
Si introducimos en el potaje que forma el conjunto de siglas el último alumbramiento del Ejecutivo de Rajoy es solo porque sobre él pende el compromiso de aniquilamiento que han asumido los partidos de la oposición a nada que el PP se despiste un poco más de lo que ya lo está y no logre otra mayoría aboluta en los próximos comicios como aventuran las encuestas. De momento, y sin que todavía les haya dado tiempo a los más pequeños de la clase a comerse la goma de borrar, los sindicatos y demás colectivos involucrados por activa o por pasiva en la enseñanza han convocado una huelga general contra la reforma educativa, la subida de tasas de las matrículas universitarias y los recortes en becas para el día 24 de octubre, segunda que se registra en pocos meses y que medirá el nivel de descontento y volverá a confirmar que matemáticas es una de las asignaturas pendientes cuando las cifras oficiales de seguimiento no tengan nada que ver con las que den a conocer quienes auspician la protesta en un inicio de otoño que se prevé tórrido. Y más que lo estará si el muñidor y cabeza visible del invento sigue echando gasolina a la hoguera.Porque lo que queda claro es que cada época tiene su afán. Y si el Cojo Manteca, fallecido en Orihuela en 1996, adquirió en Madrid el injusto rango de icono de las movilizaciones estudiantiles de 1987 gracias a las fotografías publicadas en toda la prensa nacional y extranjera, en las que aparecía rompiendo semáforos y demás mobiliario urbano con su muleta, el ministro Wert sigue haciendo denodados esfuerzos por afianzarse como símbolo de la provocación en un contexto extremadamente convulso al que lo único que le sobran son "hoolingans".
En este sentido, jactarse de que el nivel de discrepancia en España era una "fiesta de cumpleaños" si se comparaba con el existente en Chile y México, igualmente sumidos en procesos de cambio del sistema educativo, como hizo esta semana en un programa televisivo, es un llamamiento a la algarada por la vía del ninguneo. Además de imprudencia, denota una prepotencia y una falta de sensibilidad impropias de alquien que dirige uno de los departamentos más importantes, sensibles y castigados por el Ejecutivo. Salvando las evidentes distancias con Jon Manteca y su báculo destructor, el agitador Wert suele reducir a escombros lo que toca con sus ácidos eructos verbales.
Está empeñado en mantener su estatus de "enfant terrible" sabedor, tal vez, de que los golpes que recibe van en realidad contra su jefe y puede que esté esperando el reconocimiento a los servicios prestados cuando acabe su misión de comando. Cada vez que habla sube el pan a la misma velocidad que baja su cotización en los sondeos. Si no fuera por temor a incurrir en desacato se podría decir que tanto su actitud como su origen madrileño le aproximan a otro personaje ilustre. Ya saben: Pichi. Si, hombre, el chulo que castiga al que cantó Celia Gámez en el chotis de "Las Leandras". ¿Procederá el chotis del choteo que se trae Wert?
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