Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Martes, 01 de Octubre de 2013

Todos somos Benjamín

O al menos nos sentimos como él. No tenemos su brillante currículo universitario, pero contamos igualmente con una buena formación, a la que -nosotros y nuestras familias-  hemos dedicado mucho esfuerzo. Y ha sido nuestra ilusión y la de nuestros padres durante mucho tiempo.  Hemos puesto todo nuestro empeño en estudiar y aprender los conocimientos necesarios para ejercer la arquitectura, la abogacía, la medicina, la ingeniería, la auditoría, la física, la química, la economía, las matemáticas, la investigación, la arqueología, la biología, la docencia, la astronomía, la imagen y sonido o la interpretación. Pero nuestra sociedad no nos quiere, nos rechaza.

Hemos invertido cuantiosos recursos en centros educativos y de formación; en becas y ayudas para que pudiéramos alcanzar nuestro objetivo; en personal docente y administrativo; en medios tecnológicos y equipos de instrumentación para que pudiéramos practicar e iniciar la toma contacto con nuestra incipiente profesión. Y la inversión ha surtido el efecto esperado: ya nos hemos graduado y por fin podremos hacer realidad nuestro [Img #18327]sueño, aquél que ha sido nuestra meta durante mucho tiempo y que ya hemos conseguido. Ahora a ejercer. Pero nuestra sociedad no nos deja.

En nuestro país, a pesar de nuestro talento y de nuestros conocimientos, no podemos ejercer nuestra profesión, ni poner en práctica los conocimientos adquiridos durante nuestra formación.

¿Qué les decimos a nuestros hijos ante esta situación? Hijo mío, después de tanto esfuerzo en tu vida y tanto sacrificio para conseguir tu meritoria graduación, no sé qué decirte. No tengo palabras. Yo pensaba que con tu titulación en arquitectura, abogacía, auditoría, arqueología o ingeniería ya estarías diseñando edificios, estudiando interesantes demandas, analizando balances mercantiles, estudiando antiguos asentamientos o dirigiendo singulares obras de infraestructura, pero me equivoqué. Esta sociedad no te quiere, te ha engañado.
Y te sigue engañando, porque quien puede solucionar esta situación no quiere hacerlo. No es que no pueda, no. Es que no quiere. Nuestros gobernantes no quieren poner remedio, porque hacerlo supondría un conflicto con sus compañeros y con su formación en general. Mantienen el estatus actual, donde viven de espaldas a tu drama, aunque cuando conozcan tu caso te dirán que lo sienten y que no te preocupes, que la culpa fue de otros y que ellos lo arreglarán.

Una lástima, hijo mío. Tú mereces algo mejor después de tanto esfuerzo en tu vida.

Otros artículos de Enrique Maza
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.