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Salarios y productividad

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Hace un par de semanas, los países que comprenden el euro aprobaron los principios del llamado Pacto por el Euro a iniciativa de la canciller Angela Merkel y cuyo objetivo principal es fomentar la competitividad para afrontar la crisis de la deuda. Dentro de las medidas propuestas, aquella que tiene un contenido de mayor calado es la que pasa por vincular la evolución salarial a la productividad.

    Muchos economistas ya habían advertido hace algunos años de la necesidad de adoptar esta medida, entre otras, para salir reforzados de la crisis económica. A nadie se le escapa que menores niveles de competitividad han motivado que las consecuencias negativas de la crisis económica hayan sido más devastadoras en nuestro país.

    He creído necesario aportar algunas ideas que puedan orientar a nuestros responsables políticos en este asunto, ideas que ayuden a considerar de antemano algunas dificultades que se van a encontrar en el camino al intentar equiparar la evolución de los salarios a la productividad:

1. La productividad es la suma de los bienes y servicios producidos gracias a la aportación del trabajo y el capital. Mientras que el factor trabajo es fácilmente medible, básicamente por el número de horas trabajadas, el factor capital es más difícil de medir porque intervienen elementos tangibles e intangibles. Por citar algunos dentro de éstos últimos, cabría destacar la gestión empresarial, la eficiencia de las administraciones, la formación, la aplicación de las tecnologías, etc…

2. La evolución salarial que regula el actual mercado laboral español, generalmente el IPC, toma como referencia incrementos en función de factores “externos” a la actividad productiva por lo que los salarios indexados con los precios de consumo crecerán más que los basados en los precios de la producción. Por otro lado, cuando se habla de evolución salarial, generalmente nos referimos al salario nominal percibido por los trabajadores de la compañía, sin considerar otros costes laborales que son asumidos por el empresario y que afectan de manera directa al salario real.

3. Otro aspecto a tener en cuenta es la “distorsión” que producen normas y reglamentaciones de ámbito superior a la empresa, como puede ser la negociación colectiva. El marco actual de negociación colectiva sectorial es un obstáculo claro para poder lograr el objetivo de ligar salarios a productividad. Más bien, debe tenderse a establecer un marco de negociación colectiva empresarial.

4. No todas las empresas están preparadas técnicamente para poder establecer un sistema científico que mida con rigor sus niveles de productividad y son necesarios esfuerzos adicionales para mejorar la capacitación técnica de los trabajadores de las compañías. La Administración tiene el deber de actuar con determinación en este sentido.

    A pesar de estas dificultades, creo necesario realizar un esfuerzo por parte de los diferentes agentes sociales, con el fin de dirigir el punto de mira hacia acciones que determinen claramente mejoras en la competitividad de nuestras empresas. Es mucho más lo que podemos ganar que lo que podemos perder.
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