Más de cien mentiras
La apatía y la pereza son dos actitudes con distintos orígenes pero que confluyen en un mismo resultado, el no hacer nada. El origen de la apatía podríamos fijarlo en el enorme tedio y aburrimiento acumulado por las iniciativas que hemos emprendido y que sin embargo no han dado fruto alguno, es decir, llega un momento en que ya no es imposible encontrar motivación alguna para emprender una nueva actuación y tratar de conseguir materializar algún cambio de situación que nos reporte resultado distinto al hasta ahora conseguido. Así mismo, la pereza, teniendo parecido nacimiento, creo procede de otra fuente y más se debe al cansancio provocado por el gran esfuerzo y alto consumo de energías derivado de la ardua búsqueda de la soñada y definitiva solución a todos nuestros problemas.
Todo esto concluye, de manera inexorable, en una total inacción y falta de interés en cualquier nueva propuesta o alternativa de gestión que pueda suponer un cambio radical en el modo de hacer las cosas, lo cual, a priori, parece ser bastante malo, pues vistos los resultados que nos han reportado nuestras viejas costumbres o maneras de gestionar, mejor nos iría si empezásemos a cuestionarlas y a atender a otras metodologías, incluso a pesar de que podamos tener algunas dudas respecto a su eficiencia, pues lo que sí ha quedado
demostrado es que las que venimos utilizando no valen. Así pues, sería más que recomendable que abandonásemos esos caducados métodos que no nos han traído ningún buen resultado y consideremos esas nuevas opciones, más aún cuando están más que probadas y están demostrando contribuir a la obtención de unos inmejorables resultados.
Si las razones recién expuestas no son suficientes para dar un paso adelante y recobrar cierta ilusión probando otras cosas, siempre podemos encontrar refuerzo para nuestra motivación en otros argumentos, que si bien, en una situación de colapso anímico total nos resulta muy difícil vislumbrar, tenemos que ser conscientes que existen y son más que suficientes como para intentarlo. Por tanto, con independencia de las obligaciones y responsabilidades que nos fuerzan a seguir hacía adelante, debemos tomar esta misión con mayor ilusión y como dice Joaquín Sabina en su canción “Más de cien mentiras”, considerar todas esas más de cien palabras, motivos, pupilas donde vernos vivos, etc., para no darnos por vencidos, más aún si sabemos o debemos saber, como ya he anunciado en el párrafo anterior, que existen recetas para nuestros males y soluciones que nos garantizan que vamos a conseguir nuestros objetivos.
Por todo esto, abandonemos esa apatía y pereza que no nos llevan a ningún sitio y, si por algún casual no logramos encontrar esos buenos motivos, siempre podemos fabricarlos como ya hacen otros y convencernos como ellos, aunque sea ilusoriamente, de que la cosa no está tan mal y que la recuperación está a la vuelta de la esquina, lo que hace que nuestra misión sea tremendamente sencilla, dando más que por bueno el título de la canción del ingenioso cantautor.
Sea cual sea nuestra motivación, debemos saber qué soluciones hay, así que solo tenemos que aplicarlas y esperar los buenos resultados.
Otros artículos de Juan García Cascales
Todo esto concluye, de manera inexorable, en una total inacción y falta de interés en cualquier nueva propuesta o alternativa de gestión que pueda suponer un cambio radical en el modo de hacer las cosas, lo cual, a priori, parece ser bastante malo, pues vistos los resultados que nos han reportado nuestras viejas costumbres o maneras de gestionar, mejor nos iría si empezásemos a cuestionarlas y a atender a otras metodologías, incluso a pesar de que podamos tener algunas dudas respecto a su eficiencia, pues lo que sí ha quedado
demostrado es que las que venimos utilizando no valen. Así pues, sería más que recomendable que abandonásemos esos caducados métodos que no nos han traído ningún buen resultado y consideremos esas nuevas opciones, más aún cuando están más que probadas y están demostrando contribuir a la obtención de unos inmejorables resultados.Si las razones recién expuestas no son suficientes para dar un paso adelante y recobrar cierta ilusión probando otras cosas, siempre podemos encontrar refuerzo para nuestra motivación en otros argumentos, que si bien, en una situación de colapso anímico total nos resulta muy difícil vislumbrar, tenemos que ser conscientes que existen y son más que suficientes como para intentarlo. Por tanto, con independencia de las obligaciones y responsabilidades que nos fuerzan a seguir hacía adelante, debemos tomar esta misión con mayor ilusión y como dice Joaquín Sabina en su canción “Más de cien mentiras”, considerar todas esas más de cien palabras, motivos, pupilas donde vernos vivos, etc., para no darnos por vencidos, más aún si sabemos o debemos saber, como ya he anunciado en el párrafo anterior, que existen recetas para nuestros males y soluciones que nos garantizan que vamos a conseguir nuestros objetivos.
Por todo esto, abandonemos esa apatía y pereza que no nos llevan a ningún sitio y, si por algún casual no logramos encontrar esos buenos motivos, siempre podemos fabricarlos como ya hacen otros y convencernos como ellos, aunque sea ilusoriamente, de que la cosa no está tan mal y que la recuperación está a la vuelta de la esquina, lo que hace que nuestra misión sea tremendamente sencilla, dando más que por bueno el título de la canción del ingenioso cantautor.
Sea cual sea nuestra motivación, debemos saber qué soluciones hay, así que solo tenemos que aplicarlas y esperar los buenos resultados.
Otros artículos de Juan García Cascales
























