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Opinión |
Martes, 22 de Octubre de 2013

El momento fantástico de la España rica

Yo, frente a tantos colegas de la prensa escandalizados, sí comparto lo que ha dicho hace unos días Emilio Botín, el presidente del Banco de Santander, de que "España está en un momento fantástico porque llega dinero de todas partes". Lo comparto absolutamente pero a condición de que personalice en él y en los amigotes que él conoce. Hay que personalizar. Botín ha querido decir que "esa cierta España entre la que yo me muevo está en un momento fantástico porque recibimos dinero de todas partes". Así, sí.
 
Las generalizaciones son siempre absurdas, pero es verdad que literariamente son bastante impresionantes: "España está en un momento fantástico".  Si Botín se hubiese puesto a hacer distingos y precisiones en la frase, si se hubiese puesto a particularizar, el efecto impresionante se hubiese quedado en nada. Esto es como lo de aquel paciente que le vino un día acompañado de su santa esposa a un célebre doctor amigo mío porque le dolían los huesos. Mi amigo le preguntó si llevaba una vida sana: "pues hombre, muy sana, si quitamos esas marranas que todos, doctor, nos tiramos de vez en cuando..." "No generalice, señor, no generalice", le reconvino el doctor mirando a la esposa del otro, que no movió un músculo de la cara mientras agarraba el bolso en el regazo. Quitado que España está en el fondo del pozo, este país tiene un aspecto estupendo. ¡No vamos a estar! Como que, según datos oficiales de Hacienda, aquí hay más españoles millonarios que nunca.
 
El problema viene cuando la gente como Botín, tras hablar con inusitada franqueza de la situación real por la que pasan ellos y sus amigos, sus familiares y su entero círculo social ("llega dinero de todas partes"), salen a la calle, o al menos a la calle de lujo por la que ellos transitan, se encuentran con ese típico pobre que da ambiente a las calles de señorones y que permite a las viejas seguir desempolvando la frase de "no se lo gaste usted en vino" (cuando los pobres ya van por las metanfetaminas), y ante sus requerimientos de un óbolo le arrugan el morro: "¡si yo pudiera! Pero es que estamos todos igual".  Que se aclaren nuestros multimillonarios. Una de dos: o están en un momento fantástico porque están comprando duros a cuatro pesetas, que es lo que yo también creo, o están igual que usted y que yo, en cuyo caso la fantasía del momento es mucha menos. Lo indignante de Botín no es para mí que se haga el rico, algo que parece que pone de mala leche a todos -"es un insulto al mundo en general", que diría el 'tata' Martino-, sino precisamente que cuando sale de hacerse el rico ante los inversores internacionales vuelva a hacerse el pobre. Que es, exactamente, lo que hacen ahora en España todos los ricos para que la turba violenta no les vaya a buscar a casa. "Es que estamos todos igual..."

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